El dueño de mis heridas

Capítulo 14: La Trampa del Pueblo

El amanecer llegó con una calma engañosa.

En el Rancho Robles, todos sabían que esa paz era solo la antesala de una guerra.

Tomás extendió los documentos sobre la mesa.

—Hoy se acabará todo.

Ángela respiró hondo.

—¿Cómo vamos a exponerlo?

Daniel observó el mapa del pueblo.

—En la feria del valle.

Ricardo frunció el ceño.

—¿Estás seguro? Habrá demasiada gente.

—Precisamente por eso —respondió Daniel—. No podrá esconderse.

El plan

Tomás explicó con voz firme:

—Rodrigo controla medios, policías y contactos. Si lo enfrentamos en privado, lo manipulará todo.

Ángela apretó los puños.

—Entonces lo obligamos a mostrarse en público.

Elena asintió con miedo.

—Pero si falla…

—No fallará —dijo Daniel, tomando la mano de Ángela.

La feria del valle

El día del evento llegó.

Luces, música, puestos y gente llenaban el lugar.

Todo parecía normal.

Demasiado normal.

Ángela caminaba entre la multitud junto a Daniel, mientras Ricardo y Tomás vigilaban desde distintos puntos.

—Lo siento cerca —murmuró Tomás por radio.

—Yo también —respondió Daniel.

La aparición

De pronto, las pantallas gigantes de la feria se apagaron.

Un silencio extraño recorrió el lugar.

Luego, una voz se escuchó por los altavoces.

—Buenas noches.

Todos levantaron la mirada.

En la pantalla apareció Rodrigo Fuentes.

Sonriendo.

—Qué bonito ver a todo el pueblo reunido.

Ángela sintió un escalofrío.

—Está aquí…

El verdadero juego

Rodrigo continuó hablando:

—Han pasado veinte años desde que este valle fue “protegido”.

Daniel apretó los dientes.

—Está confesando…

Tomás observaba con atención.

—No es una confesión… es una advertencia.

Rodrigo siguió:

—Algunas verdades deben permanecer ocultas por el bien de todos.

De pronto, las luces de la feria comenzaron a apagarse una por una.

El caos empezó.

Gente gritando.

Corridas.

Pánico.

El secuestro

En medio del caos, Ángela sintió un tirón en su brazo.

—¡Daniel!

Dos hombres la separaron de la multitud.

—¡Suéltenme!

Daniel intentó alcanzarla, pero fue empujado hacia atrás por varios sujetos.

—¡Ángela!

Pero ya era tarde.

Una camioneta arrancó a toda velocidad llevándosela.

La decisión final

Daniel quedó de rodillas en el suelo, mirando las luces rojas desaparecer en la distancia.

Tomás llegó corriendo.

—Se la llevaron…

Daniel levantó la mirada, completamente destruido.

Pero en sus ojos ya no había duda.

Solo determinación.

—Rodrigo quiso guerra…

Tomás lo miró.

Daniel se levantó lentamente.

—Entonces se la vamos a dar.

En ese momento, la pantalla gigante volvió a encenderse.

Rodrigo apareció una vez más.

—Si quieres verla viva, ven por ella.

Daniel apretó los puños.

Y sin dudarlo, comenzó a caminar hacia la oscuridad.

Solo.

Hacia el enemigo final.

Continuará…




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