El dueño de mis heridas

Capítulo 15: El Rescate en la Oscuridad

La camioneta avanzaba sin luces por caminos rurales.

Ángela estaba atada, pero no dejaba de observar cada detalle.

—Tranquila… todo saldrá bien —murmuró uno de los hombres.

—¿Quién los envió? —exigió ella.

El silencio fue su única respuesta.

Daniel en marcha

Daniel conducía a toda velocidad por la carretera oscura.

Tomás iba a su lado.

—Esto es una trampa —dijo Tomás.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué vas?

Daniel apretó el volante.

—Porque no voy a perderla otra vez.

El escondite de Rodrigo

La camioneta llegó a una antigua instalación industrial en las afueras del valle.

Ángela fue llevada al interior.

El lugar estaba lleno de luces frías y pantallas.

Rodrigo Fuentes la esperaba de pie.

—Finalmente.

Ángela lo miró con rabia.

—¿Qué quieres de mí?

Rodrigo sonrió.

—Nada personal… solo el control.

La verdad final

Mientras tanto, Daniel y Tomás se acercaban al lugar.

—Ahí está —susurró Tomás.

—Entramos ahora —dijo Daniel.

—Es suicidio.

Daniel lo miró.

—Ya lo es desde hace años.

El enfrentamiento

Dentro de la instalación, Rodrigo caminaba alrededor de Ángela.

—Tu familia, la de Daniel… todos fueron piezas necesarias.

Ángela lo observó.

—Arruinaste vidas.

—No. Las administré.

Rodrigo levantó una carpeta.

—Las tierras, el agua, el poder… todo sigue siendo mío.

La irrupción

¡BOOM!

La puerta principal explotó.

Daniel entró con fuerza, seguido de Tomás.

—¡Suéltala!

Rodrigo no se inmutó.

—Llegaste justo a tiempo.

Ángela levantó la mirada.

—Daniel…

La revelación de Rodrigo

Rodrigo aplaudió lentamente.

—Qué romántico… después de todo, siguen juntos.

Tomás lo miró con furia.

—Se acabó.

Rodrigo negó.

—No, apenas comienza.

Activó un control remoto.

Pantallas alrededor se encendieron mostrando mapas del valle.

—Todo esto… pertenece a un sistema subterráneo de agua que nadie puede tocar.

Daniel apretó los puños.

—Ya no importa.

Rodrigo sonrió.

—Claro que importa… porque si destruyen esto, miles perderán todo.

Silencio.

La elección imposible

Ángela miró a Daniel.

—¿Qué significa?

Tomás intervino.

—Está diciendo la verdad… el valle depende de ese sistema.

Rodrigo dio un paso atrás.

—Ahora decidan… amor o supervivencia.

Daniel apretó la mandíbula.

Pero antes de responder, las luces comenzaron a parpadear.

Un sonido metálico resonó.

Y una voz familiar apareció desde los altavoces.

—No tienes que elegir nada, Daniel.

Todos miraron alrededor.

Ángela abrió los ojos.

—Esa voz…

Daniel quedó helado.

—No puede ser…

Porque la voz que acababa de hablar…

era la de Don Ernesto Montenegro.

Continuará…




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