El Duque saboreaba su triunfo con un pequeño vaso de licor, sentado en su sillón favorito junto al chisporroteante fuego de la enorme chimenea de piedra blanca.
A sus pies descansaba Ares, su fiel compañero: un perro enorme, de pelaje negro y largo, tan imponente como un lobo. Solo mostraba los dientes cuando percibía peligro, pero en ese momento dormía tranquilo, como si supiera que su amo estaba en su refugio.
Las paredes oscuras del castillo lo envolvían como un manto familiar.
Allí, entre velas apagadas y soledad, no necesitaba cubrirse el rostro.
Allí podía ser Darien, no el Duque Oscuro.
La gran puerta de roble, tallada con delicadeza, se abrió con un leve crujido.
Una mujer de cabellos grises, pequeña y delgada, entró en la sala.
Cerró la puerta tras de sí y se sentó frente a él, cruzándose de brazos con un suspiro profundo.
-Puedo ver que estás enfadada -dijo Darien con una sonrisa ladeada- Pero ya estoy aquí. -añadió, levantando los brazos con picardía.
La mujer lo fulminó con la mirada.
-Sabes muy bien que me preocupo cuando sales. -reprochó- Sobre todo cuando vas a esos bailes llenos de gente que no hace más que juzgar y burlarse de todo el mundo.
-Esta vez era uno de máscaras. -respondió él, tomando un sorbo de licor- Pero me fui antes de que terminara.
-¿Por qué? ¿Qué pasó? -preguntó ella, con un temor que no intentó ocultar.
Darien dejó el vaso sobre la mesa.
-Tranquila, Nana. Me porté como un caballero. Bailé con una joven encantadora, jugué unas cartas… y me gané una esposa.
La señora Miller abrió los ojos de par en par.
-¿Qué? -exclamó, incrédula- ¿Cómo que ganaste una esposa? ¿Estás loco, Darien?
Él se encogió de hombros, cruzando los brazos.
-Solo se presentó la oportunidad y la aproveché. El Barón Garlend, después de perder varias veces, apostó a su hija. Y gané.
La mujer se levantó de golpe, enfurecida.
-Me imagino que no aceptaste. -dijo con las manos en la cintura- Te he educado para que seas un hombre noble.
Darien también se puso de pie.
-Lo sé, Nana. Pero era la oportunidad que hemos estado esperando. -La tomó suavemente por los hombros- De otra manera… jamás encontraré una mujer que quiera casarse conmigo. ¡Mírame!
La señora Miller lo observó en silencio.
Sus ojos se llenaron de una tristeza antigua.
-¿Todavía crees en lo que te dijo aquella bruja? -susurró.
Darien apartó la mirada.
-Las marcas son la prueba de que dijo la verdad.
Nana negó con la cabeza, dolida.
-Si eso es verdad, entonces deberías buscar otra manera. Esa joven… sea quien sea… no tiene por qué pagar ese precio.
Se dio vuelta y salió del salón con pasos lentos, como si cargara un peso demasiado grande.
Darien se quedó solo, con Ares levantando apenas la cabeza para mirarlo.
El Duque volvió a sentarse, pero esta vez el licor no le supo a triunfo.
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Editado: 18.04.2026