El echizo de tus ojos

Cap. Cuarenta y cinco- El exilio de Aldric.

Aldric se encontraba solo en un claro del bosque. La niebla de la madrugada se aferraba a su piel como si quisiera recordarle cada error, cada decisión que lo había llevado hasta allí. El aire olía a tierra húmeda y a hojas en descomposición, y en ese olor gris parecía diluirse la fuerza que alguna vez lo definió.
Se sentó junto a un tronco caído, hundiendo las manos en la tierra, buscando en su tacto algo que no podía encontrar: control. Poder. Capacidad de proteger a los suyos. Pero nada respondía. Su magia… su esencia… se sentía distante, como un eco cansado que se negaba a regresar.
—No puedo… —susurró, con la voz rota—. No puedo protegerlos. No puedo salvarlos. No puedo…
Y entonces, como siempre, la consecuencia habló. No con voz externa, sino desde dentro de él, desde el rincón donde su alma ya no se perdonaba.
—¿Crees que alguien espera que seas perfecto? —dijo la consecuencia, con tono cortante—. ¿Que tu poder lo es todo?
—Sí… —replicó Aldric, apretando los puños hasta que los nudillos le dolieron—. Porque sin él… sin mí, están desprotegidos. Y cada vez que cierro los ojos, veo lo que podría pasar.
—¿Y qué esperas? —la voz interna se volvió más fría—. ¿Que la oscuridad se detenga porque tú te sientas débil?
—No lo entiendes… —gimió—. Si fallo, si no puedo controlarlo, si pierdo… Ellos… ellos sufrirán. Evamora… Kaelith… todo… —Su voz se quebró en un hilo de desesperación.
—¿Y qué has hecho hasta ahora? —preguntó la consecuencia, implacable—. Te has exiliado, te has castigado, te has vuelto sombra. Y aun así, ¿crees que eso los protege?
Aldric cerró los ojos, sintiendo que su pecho se comprimía con un dolor físico.
—Es que… no puedo… no tengo fuerza… —murmuró, casi ahogado—. Cada vez que intento volver… me doy cuenta de que no soy suficiente.
—No eres suficiente… para ti mismo —replicó la consecuencia—. Esa es la verdad que estás evitando. Pero eso no significa que no seas necesario. Que no puedas amar. Que no puedas decidir. Que no puedas resistir y luchar.
—No… —dijo Aldric, con voz temblorosa—. ¿Cómo puedo resistir si todo lo que toco se rompe?
—Resistir no significa no caer —susurró la consecuencia—. Significa levantarte después de cada caída. Aunque estés cansado. Aunque sientas que tu poder te ha abandonado. Aunque el miedo te consuma.
El silencio volvió a apoderarse del bosque. Aldric abrió los ojos y miró la niebla que danzaba entre los árboles. Sus manos estaban manchadas de tierra, su cuerpo temblaba, su corazón latía con fuerza, pero por primera vez desde su regreso al exilio, sintió algo que no era culpa ni miedo: decisión.
—Entonces… —murmuró—. Entonces tengo que aprender a ser suficiente. Aunque duela. Aunque sea lento. Aunque pierda todo en el intento.
La consecuencia permaneció muda, pero el peso en el pecho de Aldric se aligeró apenas. No era alivio. Era un reconocimiento. La primera chispa de fuego en la oscuridad.
Porque aunque estaba lejos de Elorian… aunque su poder estaba fragmentado… su corazón seguía latiendo. Y mientras latiera, habría esperanza.




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