En las afueras de Elorian, donde la tierra ya no canta y la luz duda antes de quedarse, la Guardiana del Umbral no dormía.
Nunca lo hacía.
El fuego bajo sus manos no daba calor. Daba paciencia.
Una paciencia vieja, afilada, cultivada a base de rencor y tiempo.
—Se reconstruyen demasiado rápido —murmuró, observando a lo lejos el resplandor débil de la ciudad—. La esperanza es una costumbre difícil de erradicar.
Garoh estaba de pie, rígido como una estatua de guerra. La armadura oscura aún llevaba marcas del enfrentamiento. No las había mandado pulir. El dolor era un recordatorio útil.
—Déjalos levantar muros —respondió—. Mientras más altos, más espectacular será la caída.
Ella sonrió. No con los labios. Con la intención.
—Elorian cree que sobrevivió. Cree que aprendió.
Se volvió hacia él, los ojos como un pozo sin fondo.
—Y tú sabes tan bien como yo que la fe es una grieta disfrazada de virtud.
Garoh apretó los puños.
—Atronos sigue respirando —escupió—.
—Sigue siendo rey.
—Sigue siendo… admirado.
La última palabra le supo a veneno.
La Guardiana caminó alrededor de él, despacio, como quien mide una herida antes de abrirla otra vez.
—Tu error fue odiarlo por lo que es —dijo—.
—Yo lo destruiré por lo que ama.
Garoh levantó la mirada, atento.
Eso sí le interesaba.
—Aldric volvió —continuó ella—.
—Evamora sonríe.
—El niño sueña.
—El pueblo confía.
Enumeraba como quien cuenta los pasos hacia el patíbulo.
—Ya sembré lo necesario —añadió—.
—Sus aliados creen estar alertas.
—Sus defensas creen ser firmes.
—Sus corazones… creen haberse endurecido.
Chasqueó los dedos.
Las sombras se movieron.
—La trampa está lista —sentenció—.
—No caerán por fuerza.
—Caerán por elección.
Garoh dejó escapar una risa baja, rota.
—Siempre fuiste mejor que yo en eso —admitió—.
—Yo quemo. Tú pudres.
—El odio frontal avisa —respondió ella—.
—La mezquindad, en cambio… se infiltra.
Se acercó lo suficiente para que él pudiera sentir la frialdad que la rodeaba.
—Cuando arda Elorian —susurró—, no será por nuestras manos.
—Será porque ellos mismos encenderán la chispa.
Garoh cerró los ojos un instante. Vio a su hermano. Más joven. Más fuerte. Más admirado.
El ídolo.
Y eso abrio su herida, tan vieja como los años de la oscuridad.
—Que arda —dijo finalmente—.
—Pero que lo vea.
—Quiero que Atronos viva lo suficiente para entender que todo lo que construyó… lo perdió por creer en el amor.
La Guardiana se detuvo. Asintió, satisfecha.
—Entonces estamos listos.
A lo lejos, Elorian brillaba como una mentira bien contada.
Y en la oscuridad, dos voluntades enfermas de rencor sonreían con la calma de quien ya eligió la fecha del incendio.
Muy pronto.
Demasiado pronto.
El mundo volvería a arder.
#2923 en Fantasía
#556 en Magia
brujas amor magia, fantasia y venganza, mundo oscuro y mundo de luz
Editado: 09.01.2026