Antes de que las ciudades flotaran, el mundo era de color rojo. No el rojo de la guerra, sino el de la vida. Aethel, el primer Mago de Sangre, no usaba cristales. Él decía que la memoria era un río que debía fluir, no una piedra que se deba guardar. Pero los hombres tuvieron miedo de olvidar. Construyeron Oros para atrapar el tiempo, y para elevar la ciudad, tuvieron que sacrificar el río. Aethel fue el último en caer, y dicen que mientras su cuerpo se convertía en obsidiana, lanzó una maldición: "Aquel que robe la memoria de otros, terminará siendo un extraño para sí mismo". Hoy, el Vacío Blanco es el aliento de esa maldición, recordándonos que lo que se guarda a la fuerza, termina por romperse.
En el mundo de Mnemósine, la memoria no es solo un regalo del pasado; es la moneda que mueve las ciudades y el combustible de la magia. Los Vitrificadores han aprendido a transformar sus vivencias en cristales de poder, pagando el precio de olvidar quiénes son para sobrevivir un día más.
Kaelen, un joven bibliotecario de la ciudad flotante de Oros, guarda un secreto que podría llevarlo a la ejecución: es el último de los Magos de Sangre. Mientras una plaga conocida como el Vacío Blanco convierte a la población en estatuas de cristal viviente, Kaelen debe huir de la Inquisición y descender a las Tierras Bajas. Acompañado por Vanya, una mercenaria que ha vendido hasta su nombre, y perseguido por las sombras de un pasado que no logra recordar, Kaelen deberá decidir cuánto de su propia alma está dispuesto a sacrificar para salvar a su hermana y restaurar la verdad en un mundo que prefiere el silencio del olvido.
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persojes sobrenaturales, persecuciones y peleas, emfermedad letal
Editado: 15.03.2026