El Eco De Las Alas (libro I)

Capitulo III: El camino que no recuerda

Partieron antes del amanecer.

No hubo despedidas formales, ni promesas dichas en voz alta. Lumeria todavía dormía cuando cruzaron el sendero de piedra blanca, envuelto en una neblina suave que olía a tierra húmeda y a recuerdos viejos.

Alondra caminaba en silencio.

Cada paso se sentía distinto, como si el suelo dudara antes de sostenerla. El eco en su pecho se había calmado, pero no desaparecido. Estaba ahí, atento, expectante.

—No tenés que hacer esto —dijo Bruno, rompiendo el silencio—. Podemos volver.

Ella negó con la cabeza.

—Si volvemos, no va a dejar de pasar —respondió—. Solo va a pasar sin nosotros.

Iria sonrió apenas.

—Siempre fuiste mala escapando de las cosas importantes.

Bruno suspiró.

—No estoy escapando. Estoy acompañando.

El camino se estrechó a medida que avanzaban. Los árboles se volvieron más altos, más delgados, y el viento dejó de cantar. No era un silencio normal; era un silencio incompleto, como si alguien hubiera arrancado una parte del sonido.

—Estamos cerca —dijo Iria.

—¿De qué? —preguntó Bruno.

—Del límite.

El sendero terminó de golpe.

Frente a ellos se extendía una depresión amplia, grisácea, donde la tierra parecía haberse cansado de existir. Árboles secos, piedras lisas sin marcas, y una sensación de vacío que no se podía explicar.

—El Valle Mudo —susurró Alondra.

Bruno frunció el ceño.

—Nunca escuché hablar de esto.

Iria la miró con atención.

—Eso es porque no se habla de este lugar. Y los que lo hacen… no recuerdan haberlo hecho.

Alondra dio un paso adelante.

El eco se tensó de inmediato.

—Esperá —dijo Iria—. Si entrás ahí, algo va a cambiar.

—Ya cambió —respondió Alondra.

El silencio del valle los envolvió apenas cruzaron el límite. No fue abrupto; fue una caída suave, como hundirse en agua tibia. Bruno abrió la boca para hablar, pero ningún sonido salió.

Entraron en pánico durante un segundo.

Iria levantó una mano, tranquila, y trazó un símbolo en el aire. No brilló. No cantó. Simplemente existió.

El sonido volvió, distorsionado, apagado.

—Aquí las palabras se cansan —explicó—. No se pierden… se rinden.

Alondra sintió algo distinto.

Recuerdos ajenos rozaron su mente. No imágenes claras, sino emociones huérfanas: miedo sin rostro, decisiones sin nombre, despedidas sin lágrimas.

—Este lugar está hecho de olvidos —dijo—. Pero no del todo.

Iria la observó con atención.

—Podés oírlos, ¿no?

Alondra asintió.

Bruno los miró a ambas.

—Genial. Estoy caminando con dos personas que escuchan cosas que no deberían existir.

Alondra sonrió, agradecida.

Entonces ocurrió.

Una figura apareció entre la neblina.

No caminó. Simplemente estuvo ahí.

No tenía rasgos definidos, solo una silueta borrosa, como un recuerdo mal contado.

Bruno dio un paso atrás.

—¿Qué es eso?

Iria se tensó.

—No es alguien —dijo—. Es lo que queda cuando alguien se va.

La figura alzó la cabeza.

Y Alondra escuchó el canto.

No venía de la figura, sino del valle mismo. Un lamento profundo, contenido durante siglos.

—Nos está pidiendo algo —susurró.

—No le respondas —dijo Iria—. Este lugar cobra caro.

Alondra avanzó de todos modos.

—¿Qué querés? —preguntó, en voz baja.

El canto cambió.

Una imagen cruzó su mente: una ciudad borrosa, torres altas, un nombre que no lograba sostenerse.

—Nárthis —dijo Alondra, sin saber cómo lo sabía.

La figura se desvaneció.

El silencio regresó, más pesado.

Bruno exhaló con dificultad.

—Decime que no acabamos de aceptar algo terrible.

Alondra cerró los ojos.

—Creo que acabamos de ser invitados.

Muy lejos de allí, en lo alto de las Torres de Aire, el Silente sintió la vibración recorrer el mundo.

El camino había sido elegido.

Y ya no recordaría a quienes se arrepintieran.



#1438 en Fantasía
#622 en Joven Adulto

En el texto hay: canciones, magia, fantasiajuvenil

Editado: 29.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.