El eco de las luciérnagas

Epílogo: El destello en la penumbra

Seis meses después, el olor a pintura fresca había sido reemplazado por el aroma a madera de pino, café recién hecho y el perfume dulce de las flores silvestres que crecían en los bordes del porche. La vieja casa de la tía abuela ya no lucía como un refugio de fantasmas; los planos de Elena habían cobrado vida, transformando la estructura en un hogar cálido, lleno de luz y grandes ventanales.

Sin embargo, el bosque de Blackwood seguía siendo el mismo. Un titán verde y denso que, al caer la noche, se tragaba el mundo exterior.

Elena dejó los pinceles sobre la mesa de su nuevo estudio en la planta baja y estiró los brazos, exhausta pero satisfecha. A través del cristal limpio de la ventana, observó cómo los primeros destellos de las luciérnagas comenzaban a salpicar la oscuridad. Sonrió para sí misma. Ya no les temía a las sombras.

Sintió unos pasos firmes detrás de ella antes de que unos brazos cálidos y fuertes la rodearan por la cintura. Liam apoyó la barbilla en su hombro, dejando un beso suave en su cuello. Su hombro estaba completamente curado, aunque una pequeña cicatriz permanecía como el único recordatorio físico de la noche en que todo cambió.

—Trabajas demasiado, arquitecta —susurró Liam con su habitual voz grave, abrazándola un poco más fuerte.

—Alguien tiene que terminar los detalles de esta casa —replicó ella, girándose entre sus brazos para mirarlo a los ojos. Esos ojos verdes que antes le habían causado desconfianza y que ahora eran su lugar seguro—. Aunque admito que me vendría bien un descanso.

Liam sonrió, una sonrisa abierta y sincera que ya no escondía secretos. Marcus estaba tras las rejas esperando el juicio, y la tranquilidad había regresado al pueblo. O, al menos, la tranquilidad que ellos necesitaban.

—Tengo algo para ti —dijo él, metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta de franela. Sacó un pequeño objeto y se lo extendió. Elena abrió la palma de la mano y dejó escapar una pequeña risa al ver lo que era: una llave de bronce idéntica a la de su puerta principal, pero unida a un llavero con la figura de una pequeña hacha tallada en madera.

—¿Una copia de mi llave? Qué detalle tan... nostálgico —bromeó Elena, arqueando una ceja.

—Esta es la única copia que existe ahora, lo prometo —respondió Liam, con una mezcla de diversión y una sutil seriedad—. Y esta vez, te la entrego yo mismo. Aunque, técnicamente, ya pasas más tiempo en mi cabaña que aquí.

Elena guardó el llavero y entrelazó sus dedos con los de él. Miró por encima del hombro de Liam hacia el despacho del fondo, donde ahora descansaba el cuaderno de notas de su vecino. Las fotografías de las paredes habían desaparecido, reemplazadas por nuevos recuerdos: fotos de ellos dos riendo en el lago, planos compartidos y momentos reales. Sin embargo, Elena sabía que la naturaleza protectora y profundamente intensa de Liam no había cambiado; simplemente había encontrado su lugar.

—¿Sabes? —dijo Elena, mirándolo fijamente—. A veces miro hacia la colina y sigo pensando en lo loco que fue todo al principio. Encontrarte en mi despacho, las fotos...

Liam guardó silencio por un segundo, y la chispa de devoción absoluta que la había cautivado volvió a brillar en sus ojos.

—Te lo dije el primer día, Elena. Este bosque es traicionero si estás sola. No podía permitir que nada te tocara. Desde el momento en que entraste a este pueblo, te convertiste en mi única prioridad.

—Lo sé —susurró ella, acortando la distancia entre sus labios—. Mi acosador. Mi salvador.

—Tu esposo, si dejas de pintar por cinco minutos y vienes a cenar conmigo —replicó él con una sonrisa.

Elena se inclinó y lo besó, un beso que comenzó suave y se transformó rápidamente en la misma corriente eléctrica y hambrienta que los había unido bajo la tormenta. Fuera de la casa, en la densa negrura del bosque de Blackwood, miles de luciérnagas brillaban al unísono, iluminando el camino de una historia que había comenzado en la sospecha y que ahora se escribía con la tinta indeleble de un amor tan oscuro, protector y eterno como el mismo bosque.

FIN

**Si disfrutaste de este pequeño viaje y te enamoraste de su historia, te pido un enorme favor: dale al botón de "Seguir" en mi perfil.
Al seguirme, me ayudas a crecer en Booknet y te asegurarás de que la plataforma te avise cuando publique mi próxima historia de romance. ¡Ya estoy trabajando en un nuevo proyecto que les va a encantar!

¡Déjame tu comentario! ¿Qué te pareció la historia? ¡Los leo y les mando un abrazo gigante! ¡Gracias por leer!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.