La noche cayó lentamente, envolviendo la ciudad en una capa de oscuridad suave y silenciosa. Lily caminaba por las calles desiertas de la ciudad, su paso ligero, pero su corazón pesado. La conversación con Abel seguía resonando en su mente, cada palabra como una campanada de alarma que aún reverberaba en su pecho. Alguien más. Él había dicho esas palabras sin rodeos, y aunque había intentado suavizarlas, la herida ya estaba abierta.
Alguien más.
Lily no podía dejar de pensar en la extraña mezcla de alivio y dolor que había sentido al escuchar esas palabras. Alivio porque al fin entendía por qué Abel se había comportado de la manera que lo hizo, por qué había estado tan distante, tan impenetrable a veces. Pero el dolor... ese dolor era mucho más profundo de lo que había anticipado. ¿Cómo podía alguien ser capaz de ocultar algo tan importante?
Su cabeza daba vueltas, y los recuerdos de momentos felices con él se agolpaban en su mente. Esa tarde en el parque, cuando Abel había tomado su mano por primera vez; las largas charlas en la librería, cuando la cercanía entre ambos parecía algo natural. Todos esos momentos ahora se sentían como una mentira, una ilusión que se desmoronaba ante sus ojos.
Al llegar a su apartamento, se detuvo frente a la puerta, pero no la abrió de inmediato. En lugar de eso, se quedó allí, mirando el marco, buscando una respuesta que no podía encontrar. Sus dedos temblaban al sacar las llaves del bolsillo, y la sensación de vacío en su estómago solo crecía. ¿Cómo había llegado aquí? ¿Cómo podía estar tan cerca de perder algo que, en su corazón, había sentido tan verdadero?
Entró en su hogar sin hacer ruido, pero el silencio la recibió como una ola. El lugar que alguna vez había sido su refugio ahora le resultaba vacío, como si las paredes mismas la miraran con desaprobación. Se dejó caer sobre el sofá, abrazando sus rodillas, y dejó que las lágrimas comenzaran a caer, sin poder detenerlas.
Horas pasaron y aún seguía allí, sin ganas de mover un dedo, con la mente atrapada en el remolino de emociones que no lograba ordenar. ¿Qué se supone que debe hacer ahora? El pensamiento persistía, una y otra vez. Sin Abel, ¿quién era ella? ¿Podía seguir adelante sin él? Pero si lo perdonaba, ¿realmente lo haría por las razones correctas? ¿Sería capaz de confiar nuevamente en él?
Finalmente, se levantó del sofá y fue a la ventana, mirando las luces lejanas de la ciudad. Un pensamiento la invadió como una revelación fría: Tal vez la distancia era lo que necesitaba. Tal vez estar sola, tomar un tiempo para sí misma, aclarar su mente, podría ser lo que realmente necesitaba para sanar, para tomar una decisión. No podía seguir arrastrando este dolor.
Pero el miedo seguía ahí, como una sombra que nunca la dejaba. ¿Y si la distancia la alejaba definitivamente de Abel?
El pensamiento de la distancia la atormentaba, pero también le ofrecía algo que no había tenido en mucho tiempo: una oportunidad para respirar. Mientras miraba las luces de la ciudad parpadeando en la oscuridad, su mente comenzó a ordenar las piezas. ¿Qué estaba buscando realmente? ¿Era acaso el perdón lo que necesitaba, o simplemente necesitaba tiempo para reconectar consigo misma, para recordar quién era antes de todo esto?
Lily dejó escapar un suspiro profundo y, sin pensarlo demasiado, tomó una decisión. Iba a alejarse. No de Abel, no de su vida, sino de este caos interno que le había dejado la revelación. Necesitaba tiempo. Y más que eso, necesitaba espacio.
El teléfono de su bolso vibró, sacándola de su trance. Miró la pantalla y vio que era un mensaje de Abel. El simple hecho de verlo allí, en la pantalla, hizo que el nudo en su estómago se apretara aún más. ¿Debía contestar? Pero no podía. No ahora. No hasta que tuviera claro lo que quería hacer.
Guardó el teléfono sin leer el mensaje, dejando que su mente vagara hacia otro rincón. Recordó la primera vez que había sentido algo por él, cómo las palabras se le habían quedado atoradas en la garganta mientras observaba esos ojos tan profundos y serios. Abel siempre había sido una mezcla de contradicciones, un ser que la atraía tanto como la desconcertaba. ¿Por qué no lo había visto antes?
¿Por qué no había visto el miedo detrás de sus gestos, la angustia que trataba de esconder tras su tranquilidad? Tal vez había estado tan centrada en lo que querían ser juntos que no había notado que, en algún punto, Abel había dejado de ser él mismo. Pero esa revelación, esa cruda verdad de "alguien más", ¿era acaso la muestra más clara de que Abel también había estado perdido?
Lily cerró los ojos con fuerza, tratando de alejar esos pensamientos. No podía seguir analizando todo desde la misma perspectiva, como si todo tuviera que encajar en un molde perfecto. Tal vez, solo tal vez, lo que necesitaban era tomar un paso atrás, cada uno en su propio espacio, y ver si el futuro podía ser reconstruido. Pero de nuevo, el miedo la rodeaba. ¿Y si esa distancia los hacía perderse por completo? ¿Qué pasaría si la brecha se volvía tan grande que ni los dos esfuerzos más grandes podrían salvarlos?
Era un juego de distancias y acercamientos, un tira y afloja de emociones tan fuertes como el mar. Y en ese momento, el mar estaba en calma, pero bajo la superficie, sabía que la tormenta seguía esperando.
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Editado: 27.02.2026