El Eco De Lo Que Callamos

CAPÍTULO VEINTISÉIS: UN PASO HACIA ATRÁS.

Lily se encontraba sentada en la mesa de su cocina, mirando el café que había dejado enfriarse mientras su mente, una vez más, se perdía en los pensamientos sobre Abel. Era extraño cómo el silencio que había buscado, el espacio que pensó que la ayudaría, solo había dejado huecos más grandes en su vida. Había días en los que pensaba que la distancia entre ellos sería la respuesta, que una vez alejada podría ver las cosas con claridad. Sin embargo, cada mañana, al despertar, sentía el mismo vacío, como si una parte importante de ella se hubiera quedado atrás con Abel.

A pesar de los esfuerzos por seguir adelante, había algo innegable: la sombra de su ausencia se cernía sobre cada uno de sus días. Aquella sensación, esa combinación de amor y dolor, no desaparecía. La herida seguía abierta, y aunque el tiempo de distanciamiento la había ayudado a respirar un poco, también la había sumergido en una espiral de dudas más profunda.

Los días transcurrían, y Lily comenzaba a preguntarse si había tomado la decisión correcta. ¿Había huido de algo que, en el fondo, valía la pena? El miedo a la repetición de los errores del pasado la mantenía en una constante indecisión, pero había algo que la mantenía despierta por la noche: el deseo de entender. Necesitaba saber si, después de todo lo ocurrido, podrían reconstruir lo que alguna vez compartieron.

Un miércoles, cuando ya el cansancio de los días solitarios comenzaba a hacerse más pesado, el teléfono de Lily vibró sobre la mesa. No miró la pantalla de inmediato, pero la vibración persistió, cada vez más fuerte, como una llamada urgente. Fue como si algo dentro de ella la instara a responder, a dejar de huir.

Finalmente, con el corazón latiendo rápido, levantó el teléfono. El nombre de Abel brillaba en la pantalla, y una punzada de dolor la atravesó. Recordó entonces aquella tarde soleada, cuando él la había sorprendido con un libro que sabía que quería leer desde hacía meses, y cómo su sonrisa había iluminado toda la habitación. ¿Por qué, a pesar de todo, sentía que aún quedaba algo por decir? Sin pensarlo, deslizó el dedo y aceptó la llamada.

Hola —dijo, su voz sonando más suave de lo que había esperado.

La voz de Abel al otro lado de la línea se escuchó vacía, rota, como si él también estuviera perdido en el mismo laberinto de emociones que ella.

Lily... —Su voz tembló un poco—. Sé que no es fácil, y sé que tienes razones para estar enojada conmigo. No sé ni cómo comenzar a explicarte lo que pasó... pero quiero que sepas que estoy dispuesto a hacer todo lo que esté a mi alcance para que entiendas, para que podamos encontrar una forma de seguir adelante. Si me das la oportunidad...

Lily apretó los puños bajo la mesa y mordió suavemente su labio inferior, intentando controlar el nudo que se formaba en su garganta. Sabía que él estaba hablando desde el mismo lugar de vulnerabilidad que ella, pero también sabía que las palabras, aunque sinceras, no podían borrar el daño que ya se había hecho. ¿Realmente podía confiar en él de nuevo?

Abel — respondió finalmente, respirando profundamente—, no sé si... no sé si puedo hacerlo. El daño está hecho, y aunque parte de mí sigue queriéndote, otra parte tiene miedo. Miedo de volver a sentir lo que sentí antes. Miedo de perderme a mí misma en algo que ya no sé si está bien.

Hubo un largo silencio, y por un momento, pensó que había colgado. Pero no. La voz de Abel regresó, baja, entrecortada.

Lo entiendo. Y no te estoy pidiendo que lo perdones de inmediato. Sólo te pido la oportunidad de demostrar que puedo hacer mejor las cosas. Que no soy esa persona que te falló. No quiero perderte, Lily. No de esta forma.

Su voz era sincera, pero la franqueza de sus palabras la golpeó con la misma intensidad de antes. "No quiero perderte...". Esa frase la rondaba, la atrapaba, pero lo que más la inquietaba era el hecho de que se sentía como un lazo entre ellos, uno que no lograba cortar a pesar de todo lo que había sucedido.

Lily se apoyó en la mesa, mirando al frente, buscando algo en la quietud de la habitación que le diera claridad. El aroma del café frío se mezclaba con el tenue olor a madera del mueble, envolviendo el espacio en una calma casi tangible. ¿Qué era lo que realmente quería? Había pasado tanto tiempo sin saber si quería seguir adelante o rendirse, si realmente el perdón era algo posible, o si solo estaba buscando una excusa para quedarse.

No sé si puedo prometerte que te daré una respuesta ahora. — dijo con firmeza—. Pero lo que sí sé es que necesito más tiempo. No puedo tomar una decisión cuando aún estoy tan confundida, tan herida. Necesito sanar, Abel. Y tú necesitas entender que las palabras no son suficientes para volver a construir lo que se rompió.

Hubo otra pausa, pero esta vez no se sintió tan incómoda. Como si ambos hubieran llegado al mismo entendimiento, al reconocimiento de que las respuestas no llegaban de inmediato, sino que el tiempo, la paciencia y el esfuerzo eran los que realmente marcarían el futuro.

Lo entiendo. —dijo Abel, finalmente, con una calma dolorosa. —Te daré el tiempo que necesites. No voy a presionarte. Pero quiero que sepas que, pase lo que pase, voy a seguir aquí. No me voy a rendir, Lily. No hasta que sepas lo que realmente quieres.

El corazón de Lily latió con fuerza, una mezcla de alivio y tristeza. El amor que aún sentía por él seguía presente, pero también lo hacía el miedo de perderse a sí misma en la relación. Quizás, solo quizás, ese paso atrás era lo único que podían permitirse por ahora. Un paso hacia la distancia, pero también hacia una posible reconciliación.




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