El Eco De Lo Que Callamos

CAPÍTULO VEINTISIETE: LA VERDAD EN LOS SILENCIOS.

La tarde comenzó a desvanecerse lentamente, tiñendo el parque con los tonos suaves del atardecer. El aire fresco acariciaba la piel de Lily mientras caminaba hacia el banco donde se encontraría con Abel. El mismo banco en el que tantas veces se habían sentado, en el que tantas veces compartieron sonrisas, abrazos, y también silencios. Este, sin embargo, era un silencio diferente. Un silencio que cargaba con la incertidumbre de lo no dicho, de las verdades que se habían evitado, de los recuerdos que se habían distorsionado.

Abel ya estaba allí, con la cabeza ligeramente agachada, como si se estuviera preparando para una batalla interna. Cuando sus ojos se encontraron, un leve destello de esperanza brilló en sus ojos, pero también una evidente preocupación. No esperaba que este encuentro fuera fácil, pero no podía evitar desear que todo fuera diferente, que las palabras fluyeran sin el peso del dolor que los había acompañado durante todo ese tiempo.

Lily se sentó lentamente, su mirada fija en el suelo, evitando la presión que sentía sobre sus hombros. Durante días había imaginado este momento, se había preparado para lo que diría, pero ahora que estaba frente a él, todo parecía más incierto que nunca. Sintió un nudo en la garganta y un ligero temblor en sus manos, como si su cuerpo quisiera traicionarla y hacer evidente la vulnerabilidad que ocultaba.

Hola... —dijo Lily, su voz un poco quebrada, pero decidida.

Abel la miró con una mezcla de alivio y angustia, como si temiera que cualquier palabra pudiera ser la equivocada.

— Hola... — respondió él, suavemente, sin poder apartar la mirada de su rostro—. Gracias por venir.

Lily asintió, tomando una respiración profunda antes de hablar.

He estado pensando mucho... sobre todo lo que pasó, lo que me dijiste, lo que no me dijiste. Y sé que no es fácil, ni para ti ni para mí. Pero lo que siento, lo que realmente siento, es que... no sé si lo que compartimos puede seguir siendo lo mismo después de todo esto.

El aire entre ellos se volvió denso, pesado. Las palabras no eran fáciles de decir y, sin embargo, tenían que salir.

Por un instante, un recuerdo fugaz cruzó la mente de Lily: aquella tarde soleada en ese mismo banco, cuando Abel le prometió que nunca habría secretos entre ellos. La ironía dolía como una herida fresca.

Abel levantó la vista, buscando las palabras adecuadas, pero sentía que ninguna de ellas era suficiente para reparar lo que había hecho.

Lo entiendo. —dijo con la voz más baja de lo que Lily había escuchado antes—. Sé que cometí un error enorme, que te fallé de la peor manera. Y no tengo excusas, no puedo justificármelo. Solo puedo pedirte que me escuches, que entiendas que nunca quise hacerte daño. La mentira, las omisiones... todo eso fue porque estaba aterrorizado. No solo de perderte, sino de perderme a mí mismo, de enfrentar mi propia verdad. Y me dejé arrastrar por mi miedo.

Lily lo miró fijamente, analizando sus palabras, su tono. Algo en la manera en que las decía, con esa vulnerabilidad que antes no había mostrado, la hizo detenerse un momento. Tal vez no era solo un arrepentimiento vacío. Tal vez, en algún rincón de su ser, él realmente estaba intentando ser honesto. Pero ¿era eso suficiente?

No sé si quiero ser alguien que solo te perdona por tus errores, Abel. —dijo con calma, aunque sus palabras contenían la carga de semanas de dolor—. Porque lo que tú hiciste no fue solo un error. Fue una decisión que afectó todo lo que construimos juntos. Y lo que más me duele, lo que más me cuesta, es no haber visto venir la mentira. No haber visto las señales. ¿Por qué no me dijiste la verdad? ¿Por qué me ocultaste algo tan grande?

La rabia, aunque contenida, salió en sus palabras. Pero Abel no la interrumpió. Sabía que la herida era profunda, mucho más de lo que él podía comprender.

No te lo dije porque... porque me avergonzaba. Porque pensé que, si te lo decía, perdería todo. Pero no te di la oportunidad de decidir, de estar a mi lado en mis momentos más vulnerables. Y eso fue lo peor que pude hacer. No solo te mentí, te dejé afuera de mi vida, cuando tú siempre has sido la persona con la que más quiero estar.

Lily lo miró fijamente, analizando cada palabra, cada silencio entre ellos. La decisión de perdonarlo, de continuar o de irse para siempre, pesaba más que nunca. Sin embargo, algo en su interior le decía que este encuentro no era solo una cuestión de perdón. Era una cuestión de si aún quedaba algo entre ellos. Algo real, algo que mereciera ser salvado.

Lo que me has dicho ahora... es importante. —dijo ella finalmente, su voz más tranquila, aunque aún cargada de dolor— Pero también sé que las palabras no son suficientes. Necesito tiempo, Abel. Tiempo para procesar todo esto, para ver si realmente puedo confiar en ti otra vez.

Abel asintió, sabiendo que no podía apresurarla, que no podía pedirle que tomara una decisión en ese mismo momento.

Te daré todo el tiempo que necesites. — respondió, su voz firme, pero con un dejo de inseguridad—. Y si eso significa esperar, esperaré. No voy a presionarte. Solo quiero que sepas que, si alguna vez decides darme una oportunidad, voy a demostrarte que lo que siento por ti es real. Que lo que tuvimos no se fue en un segundo, y que soy capaz de cambiar, de aprender de mis errores.




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