A mi familia, mi refugio y mi alegría, gracias por cada domingo compartido alrededor de la mesa, donde la paella no solo alimentaba el cuerpo, sino también el alma. Esos momentos de risas, charlas y complicidad son el recuerdo que me sostiene y la fuerza que me impulsa a seguir creciendo.
A papín y mamá, por ser el abrazo constante en medio del caos, por enseñarme que el amor se construye con paciencia, con pequeños gestos y con el calor de estar juntos, siempre. A ustedes les debo la valentía para enfrentar mis miedos y la certeza de que, pase lo que pase, siempre habrá un lugar donde regresar.
A mi amiga Marta, por ser mi primera lectora, por acompañarme desde el principio, por vivir esta historia conmigo y por regalarme su paciencia, sus risas y sus consejos. Gracias por creer en mí, incluso cuando yo misma dudaba.
Al chico cordobé que inspiró esta historia. Por aparecer de la nada, con esa forma tan suya de decir poco y decirlo todo. Por esas conversaciones simples que se me quedaron grabadas más que cualquier gran historia. Por mostrarme tanto, incluso sin darse cuenta. Por ser, sin quererlo, el punto de partida de esta historia. A ti MOR, gracias.
Y gracias a ti, lector, por dedicar tu tiempo a leer esta historia. Cada palabra escrita lleva una parte de mi alma, y saber que has llegado hasta aquí me llena de gratitud. Espero que, de alguna manera, algo de lo que has leído haya tocado tu corazón, como a mí me tocó al escribirlo.
LA TIMIDA ESCRITORA.
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Editado: 27.02.2026