Grace.
El hecho de que Jorge no me haya contestado desde hace dos días, no significa que algo malo haya pasado. Me muerdo las uñas de los nervios y no he podido dormir en toda la noche, ¿será por eso? ¿qué me está pasando? Tal vez me preocupa que no esté bien, tal vez no le gustó la comida que le llevé, tal vez… no sé, tal vez ya no quiere ser mi amigo.
A lo largo de los años, siempre me he preocupado por la relación que tengo con mis amigos, el perderlos me duele más que terminar cualquier relación amorosa. Quizá Jorge no era mi amigo después de todo, le aburrí y prefiere ya no hablar conmigo. Es normal, supongo, otra vez vuelvo a mi vida monótona. Ya me parece aburrido el no hacer nada todos los días, sigo cancelando los planes de mi mamá y de Sulma porque me siento decaída, es una sensación de tristeza inexplicable. Aunque no pueda dormir, me cuesta levantarme de mi cama, solo quiero que el día termine.
—¿Haz pensando en ir a terapia? —Escucho la sugerencia de Sulma desde el otro lado del celular—. Digo, sé que eres psicóloga y todo eso, pero tal vez el hablar con alguien te ayude.
—Estoy hablando contigo.
—No te lo tomes a mal, pero no me importa mucho.
—Lo sé, es estúpido esto.
—Lo es, y por favor, tenemos que terminar muchas cosas con Nancy. ¿Hasta cuándo piensas estar así?
—Solo dame unos días y me pondré mejor.
—Por favor, ya tenemos la lista de invitados, no podemos retrasarnos más.
—Está bien.
—Le diré a Rebeca que estás indispuesta, si viene a verte, no me haré responsable.
—Como sea, mi madre solo viene a verme cuando quiere algo.
—Eres muy dura con ella.
—¿Tú crees?
—Sí, lo que hubiera dado yo por tener una madre así.
—Bueno…
—Bueno, adiós, hablamos más tarde.
Corto la llamada, me arrepiento de haberle contestado. Es mi amiga, pero a veces se pone algo pesada con el tema de la boda, pareciera que quien va a casarse es ella y no yo.
Me recuesto en el sofá por milésima vez en el día, trato de mantener la mente en blanco, pero no puedo. Pienso en Gabriel, en por qué tarda tanto en volver, pienso en mi madre y pienso en Jorge. Pienso en mis años de universidad, en cómo quisiera volver a ellos y pienso en el trabajo.
Me levanto para agarrar mi celular y escribir un mensaje, si no me contesta, este será el último y no lo vuelvo a molestar:
Tienes tiempo para ir a un lugar?
Sin un “hola”, ni un “buenos días”. Pasan cinco minutos y sigo esperando su respuesta, pero nada, creo que espero una respuesta que nunca llegará. No sé por qué me pareció buena idea escribirle, después de todo, no tengo ganas de salir, me veo patética rogando algo de atención. Quiérete un poco, Grace, hay muchas cosas que hacer, también la puedes pasar bien sola… Mi celular suena y lo desbloqueo de inmediato.
Jorge
No creo que pueda
¿Eso es todo? ¿En serio? Algo anda mal, él no es así.
Sucede algo?
Pasan unos minutos y no obtengo respuesta, esta situación me empieza a desesperar.
No pasa nada
Hasta luego
Sí pasa algo
Estás molesto conmigo
Estoy trabajando
No quiere hablar conmigo, está bien, lo entiendo. ¿Quién quisiera hablar con alguien tan aburrida como yo? Es claro lo que pasa, simplemente le parezco fastidiosa, Gabriel me lo dijo en varias ocasiones, debo aprender a no decir o hacer las cosas sin pensarlas antes. A veces actúo como una niña pequeña, inmadura y eso termina cansando a las personas.
Creo que no me queda otra alternativa que seguir recostada en mi cama mientras miro videos, quizá vuelva a ver el reality de las Kardashian por sexta vez. La boda de Kim es mi capítulo favorito, cuando lo vi por primera vez quise que mi boda fuera así, pero ahora que vivo esa situación, no es como en el reality. ¿Por qué mi vida no puede ser como la de ellas?
Dejo mi celular a un lado, elijo esta vez ser yo quien no le conteste. No quiero molestarlo más, me parece que voy a alejarme del celular un buen rato. No pasan ni cinco minutos, cuando escucho que alguien me está llamando, lo más probable es que sea Sulma, mi madre o Nancy, o cualquiera de las obsesionadas con la boda. Algo que al principio me parecía una ilusión, ahora me parece una gran responsabilidad que no sé si pueda manejar. Mi celular sigue sonando, elijo ignorarlo, llaman cuatro veces hasta que por fin se cansan.
Poco a poco el sueño me va venciendo, no miré ni un capítulo de mi novela y me duermo enseguida. Pierdo la noción del tiempo, tengo sueños raros, demasiado raros a decir verdad, cuando de repente un golpe sordo me despierta. No proceso bien las cosas cuando abro los ojos, veo a una figura robusta parada al lado de mi televisor, pego un grito tan fuerte que casi se me sale el corazón.
Si es una pesadilla, por favor despiértenme.