El Eco de los Dioses Caídos

CAPITULO IX: El Ritual De Las Cinco Fuerzas

Mientras en la superficie los terrestres, bajo el liderazgo incendiario de Garrick, afilaban sus aceros para una guerra de venganza, ignorantes del veto que pronto caería sobre ellos, en las entrañas heridas del mundo, los verdaderos guardianes tomaban el control.

Eryndor y Kralkor se reunieron en una fractura geológica oculta, allí donde la roca misma sangraba.

No era magma ni agua lo que manaba, sino un fluido negro y viscoso. La sustancia rezumaba de las grietas y devoraba la piedra con un siseo sibilante, dejando tras de sí huecos perfectos y pulidos, como si la materia en ese punto hubiera sido simplemente anulada de la existencia.

—Esto no es una herida natural —murmuró Eryndor. Observó con pesar cómo una gota del fluido caía sobre un canto rodado y lo disolvía en la nada en cuestión de segundos—. Es la influencia residual, la pus de la Oscuridad que combatimos en la Primera Guerra. Se filtró, quedó latente... y ahora, alimentada por el caos y las muertes recientes, se está reactivando. Busca nuevos huéspedes. Debemos purificarla antes de que infecte a los pequeños; antes de que ese enemigo olvidado renazca con una forma que ni siquiera nosotros recordamos cómo matar.

Kralkor, de pie frente a la grieta principal, extendió sus manos de granito. Por primera vez en siglos, temblaron. No por debilidad, sino por una ira fría y tectónica. Apretó el puño con tal fuerza que, de la presión pura, brotaron diamantes en bruto de su palma.

—Y este veneno no está solo aquí —gruñó, su voz fue como un rechinar de placas continentales—. Lo sentimos más abajo. El núcleo mismo de Thalassara está siendo contaminado. Si el corazón del mundo se corrompe por completo... ni siquiera la memoria de lo que fuimos sobrevivirá. Seremos otro cadáver cósmico flotando en el vacío. Esto... esto debe unirnos. O no quedará nadie para llorar sobre el polvo.

♦️♦️♦️

Horas después, utilizando canales de resonancia tan antiguos como la corteza terrestre, contactaron a Eldrion.

El mensaje fue inequívoco: la crisis había escalado más allá de las razas mortales. Comprendiendo la gravedad, el Maestro Elemental convocó una reunión de emergencia del Círculo de la Cuna, pero esta vez, los invitados de honor no fueron archimagos, sino los dos Espíritus Primordiales.

El cónclave se celebró en una cámara volcánica secreta bajo las Montañas Susurrantes, iluminada por el resplandor rojo de la lava y el brillo frío de runas de mercurio y luz astral que flotaban en el techo. Allí, entre el calor del planeta y el cálculo de la magia, se discutió la supervivencia.

—Este fluido, esta "antimagia" corruptora, es un fenómeno que el Círculo ha estado investigando en las sombras —comenzó Eldrion. Su voz era grave, despojada de su habitual arrogancia académica—. No conocíamos su origen exacto, pero confirmamos que su actividad aumentó exponencialmente con la guerra. Se alimenta del conflicto.

Hizo una pausa, proyectando hologramas de sus estudios: fluidos negros devorando hechizos, pudriendo cristales de energía.

—Hemos teorizado un método para purificar esta contaminación a escala planetaria. Pero para ejecutarlo, necesitamos ayuda. Necesitamos el poder bruto de todos los habitantes capaces, en todos los rincones del planeta.

Kralkor asintió, reconociendo la competencia del mago. —Ya estoy localizando los puntos de convergencia geológica donde la corrupción es más densa. Habla, pequeño mago. Dinos qué hay que hacer.

Eldrion hizo un gesto y del aire surgió un mapa holográfico de Thalassara. Cinco puntos brillaban con una luz dorada intensa.

—Debemos realizar un Ritual de Purificación Conjunto —explicó—. En estos cinco nodos clave, sincronizados con precisión absoluta.

  • Dos yacen en las profundidades del océano.
  • Uno en el corazón de las Montañas.
  • Otro en lo más profundo del Dosel Sombrío.
  • Y el último... en el centro de Aqualis, donde la herida de la guerra y la concentración de vida son mayores.

—Todos deben activarse al unísono —concluyó Eldrion—. Si uno falla, la red colapsa y la corrupción podría retroalimentarse con violencia explosiva.

—Hablaré con los Ursath —rugió Kralkor, haciendo tintinear las lámparas de cristal—. Ellos guardan la fuerza de la tierra indómita. Yo personalmente custodiaré el punto de las montañas. Ninguna corrupción resistirá el latido del corazón pétreo del mundo.

—Y yo convocaré a los Errantes, a los que escuchan el susurro de las hojas —susurró Eryndor. Enredaderas con flores de luz brotaron espontáneamente en su cabello de corteza—. Los Arraigados, las arqueras, los espíritus menores... nosotros tomaremos el punto del bosque. —Su mirada se desvió hacia los puntos azules del mapa—. Y luego, descenderé al océano. Hablaré con el Rey Korvak. Él debe entender la magnitud. Sin los oceánicos para cubrir los nodos abisales, estamos condenados.

—Yo me encargaré de la ciudad —declaró Eldrion—. Movilizaré a los magos del Círculo y a cualquiera en Aqualis capaz de canalizar orden. Enviaré apoyo a las otras zonas si es necesario, pero la base del poder dependerá de ustedes.

Kralkor giró su cuerpo hacia el mago. Sus ojos de obsidiana reflejaron el fulgor de las runas con una intensidad aterradora.




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