Cuando Eldrion se disponía a cruzar los umbrales de Aqualis, sus Esferas Primordiales susurraban en sintonía con la amenaza desértica, pero una presencia masiva oscureció la entrada.
Era Kralkor. Había llegado con la lentitud geológica que lo caracterizaba, avisado por Karkoth.
—Me dijeron que me buscabas, pequeño —rugió su voz, haciendo vibrar los cristales—. ¿Qué nueva jugada del tablero cósmico planeas ahora?
Eldrion no perdió tiempo. Trazó una runa de translocación instantánea. El espacio se plegó y, en un parpadeo, aparecieron en una cámara secreta del Círculo.
Era una sala esférica tallada en cristal violeta de un meteorito antiguo. En sus paredes, runas de mercurio líquido flotaban reescribiendo la realidad mágica del planeta.
—Tenemos que hablar, Kralkor —dijo Eldrion, con intensidad inusual en sus ojos grises—. Y necesitaba un lugar donde ni las lunas ciegas ni los oídos indiscretos pudieran escuchar.
Kralkor observó la cámara con curiosidad desapasionada. —Habla entonces. El tiempo no es aliado de tu mundo ahora.
Eldrion caminó hacia un mapa holográfico de Thalassara. —Los magos, a diferencia de otras razas, podemos sentir la naturaleza esencial de los seres. No vemos solo la forma; sentimos el núcleo.
Se giró para mirar a los ojos de obsidiana del Coloso. —Yo, y los míos, sabemos muy bien que tu naturaleza no es física. Tu cuerpo es un caparazón. En tu esencia, eres pura energía consciente, un concepto hecho voluntad. Lo mismo ocurre con Eryndor y Zha'thik. Sois constelaciones de poder. Por eso supimos desde el principio que sois los Espíritus Primordiales. Los Arquitectos.
Kralkor permaneció en silencio. En sus ojos chispeó una cautela ancestral. —¿Por qué me lo dices ahora? —preguntó con voz grave—. ¿Después de siglos de fingir ignorancia? ¿Planeas usarme como un componente más en tus ecuaciones de mercurio y poder?
Eldrion cerró los ojos un instante. Dejó caer la máscara de impasibilidad, revelando el peso de una culpa antigua por experimentos y observaciones intrusivas que nadie más conocía.
—Nada de eso —respondió, recuperando su determinación—. Necesito una verdad, y solo tú puedes dármela. Estos invasores vienen del espacio exterior. Por los registros que rescaté antes de la ceguera lunar, es innegable.
Señaló el punto del portal en el holograma. —Sé que los primeros seres con los que luchasteis hace milenios también vinieron del vacío. Pero solo he visto oscuridad y corrupción. No he visto seres de luz llegar de las estrellas. Dime, Kralkor: ¿Los primeros enemigos... eran como estos?
Kralkor emitió un gruñido tectónico. Su mirada se perdió en recuerdos más antiguos que las montañas. —No —respondió con peso de granito—. En aquel entonces, lo que llegó no tenía forma concreta. Eran tormentas de antimateria consciente, nebulosas de maldad pura. Eran la Oscuridad Insaciable en estado bruto.
Extendió una mano enorme. Del espacio entre sus dedos, dejó caer el cadáver mutilado de un Guerrero Berserker, que aún emanaba frío.
—Esto —señaló con desdén— tiene forma física. Carne, huesos, aunque corruptos. La Oscuridad primordial es un principio, una fuerza. Pero tiene la capacidad de infección.
Sus ojos se fijaron en el mago. —Puede corromper a seres vivos, de luz o materia, y dotarlos de poder terrible a cambio de su esencia. Los seres que ahora nos atacan... no son la Oscuridad. Son seres que, en algún lugar del cosmos, fueron algo más. Algunos eran de luz, otros mortales. Cayeron. Fueron reescritos. Son sirvientes con voluntad propia, leales al principio que los rehízo.
Eldrion no mostró asombro. Su rostro permaneció sereno, como si las piezas de un complejo modelo cósmico finalmente encajaran.
—Entonces —murmuró—, este es el parásito. La infección que Zha'thik temía. Además, si estos invasores alguna vez fueron seres de luz, significa que afuera, en la inmensidad, aún hay otros que no han caído. No estamos solos. Debemos intentar contactarlos.
Kralkor lo observó con realismo ancestral. —El universo es inabarcable, pequeño. Aunque mandes una señal con todo nuestro poder, nada asegura que alguien la oiga. O que quiera venir.
—Es cierto. Pero el hecho de que hayan llegado aquí dos veces demuestra que el vacío es transitable. Debemos intentarlo. Y para eso, te necesito a ti. Tu esencia es pura. Tu voz resonaría donde la mía jamás llegaría.
Kralkor emitió un sonido bajo, mezcla de risa y suspiro de piedra. —Y dijiste que no me querías para tus experimentos. —Estudió la determinación del mago—. Está bien. Dado que la alternativa es la aniquilación de nuestra obra, te ayudaré. ¿Qué debo hacer?
Una sonrisa fugaz tocó los labios de Eldrion. —Empezar por no llamarme "pequeño" sería un detalle, pero ¿Quién soy yo para cuestionar a un dios antiguo?
Recuperó la seriedad. —Necesito que tomes tu verdadera forma. Tu esencia espiritual. Luego, envía un mensaje al espacio. Una llamada de auxilio: un mundo de luz antigua está siendo asediado. Yo realizaré un ritual de amplificación usando las lunas como antenas gigantescas, inyectando tu señal en el tejido del espacio a velocidad supralumínica.
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Editado: 30.01.2026