Pasado un corto tiempo después de la partida de Kralkor hacia las montañas, el aire en Aqualis se agitó con la llegada del Maestro Elemental.
Eldrion descendió desde el cielo, aterrizando suavemente en la plaza principal. En sus brazos cargaba a Elyra, pálida y con el brazo quemado por la magia oscura de Zhrakkor; su rostro reflejaba la gravedad de la situación, una mezcla de agotamiento y preocupación paternal.
Pero lo que heló la sangre de los soldados presentes venía detrás de él.
Froshgur, el prisionero, levitaba siendo arrastrado por cadenas de energía pura (una mezcla de luz y gravedad) que brillaban con un fulgor tenue pero inquebrantable. La abominación gruñía y mordía el aire, incapaz de romper las ataduras.
Eldrion no perdió tiempo; con un pensamiento proyectado, mandó llamar a Eryndor y a su consejo de sanadores, sabiendo que la vida de la Doncella de Hielo pendía de un hilo.
—Cura a Elyra, por favor —le dijo Eldrion a Eryndor cuando el Espíritu del Bosque llegó arrastrando sus raíces sobre el pavimento. Su voz estaba cargada de urgencia, pero también de un profundo respeto.
Eryndor, con su mirada serena y sus manos aún manchadas de la savia de otros heridos, asintió sin hacer preguntas. Se acercó a Elyra, la tomó con delicadeza y comenzó a trabajar en sus heridas, tejiendo magia de vida sobre la quemadura necrótica con una precisión que solo años de experiencia podían otorgar.
Mientras los sanadores se llevaban a Elyra, Eldrion se quedó solo con la bestia encadenada. Fue entonces cuando una sombra se separó de un muro cercano.
Nyxoria, quien rondaba por la ciudad ya recuperada de sus heridas anteriores, se materializó. Su presencia era inquietante, como si las sombras mismas la acompañaran y la vistieran. Al ver al prisionero grotesco —una mezcla de carne humana, partes de dragón y metal oxidado—, se acercó a Eldrion con curiosidad y cautela.
—¿Qué es esa cosa? —preguntó Nyxoria, arrugando la nariz ante el olor a muerte rancia—. No parece un aliado, y definitivamente es demasiado feo para ser una mascota. —Observó a Froshgur con ojos penetrantes, llenos de escepticismo.
—Es un enemigo que no pude vencer con magia —respondió Eldrion con un tono grave y reflexivo, mirando a la criatura—. Su cuerpo parece haber sido formado por la unión de los antiguos reyes Garrick y Korvak, reforzado con partes de dragón y unido con energía oscura. El aura rúnica que lo rodea prácticamente repele y disuelve cualquier hechizo elemental que le lance. Es un tanque antimagia.
Nyxoria frunció el ceño. Sus ojos brillaron con una mezcla de interés profesional y desafío personal. Sin dudarlo, desenfundó sus armas: dos dagas curvas que parecían hechas de sombras solidificadas y obsidiana.
—Entonces, si no puede morir con el uso de la magia, yo lo mataré a la vieja usanza: cortándole la garganta —declaró Nyxoria, su voz estaba llena de determinación fría.
Eldrion la miró. Sabía que necesitaban encontrar una forma de matar a esa cosa antes de que llegara el ejército principal. Asintió, confiando en la habilidad letal de la asesina, pero manteniéndose alerta, con las manos listas para conjurar.
—Adelante. Si las cosas salen mal, yo me encargo de encerrarlo nuevamente —agregó Eldrion.
♦️♦️♦️
Con un gesto de su mano, las cadenas de luz se disolvieron. Froshgur cayó al suelo sobre sus pies pesados.
—¡Libre! —gruñó la bestia, babeando.
Nyxoria no esperó más. Se lanzó al ataque con una velocidad explosiva, convirtiéndose en un borrón negro. Sus movimientos eran finos y calculados, superando por mucho en velocidad a la torpe abominación.
¡Cling! ¡Clang! ¡Zash!
Nyxoria conectó diez golpes en dos segundos. Cuello, axilas, corvas. Sin embargo, cada golpe que daba mostraba una realidad aterradora: en cuanto a resistencia, Froshgur era una fortaleza andante. Las dagas de Nyxoria apenas arañaban la superficie de su piel endurecida con escamas de dragón invisibles.
—¡Maldición! ¡Es como golpear una montaña de hierro! —rugió Nyxoria con furia, retrocediendo un paso con una pirueta para reevaluar su estrategia mientras mantenía a Froshgur a raya.
—¡Flesh! Mourn! Flesh! Mourn! —rugió Froshgur.
Su voz retumbaba como un eco distorsionado de dos gargantas. Parecía no inmutarse por los cortes superficiales. En un momento dado, giró su torso masivo y lanzó su gancho oxidado hacia ella con una fuerza brutal.
¡SWOOSH!
La cadena se extendió como una víbora de metal. Nyxoria lo esquivó con suma facilidad, inclinando el torso hacia atrás. Su agilidad era su mayor ventaja; para ella, el monstruo se movía en cámara lenta.
—Muy lento como para vencerme, pero muy resistente como para matarlo... —se dijo a sí misma Nyxoria, jadeando levemente—. ¡Qué gran dilema el que estoy enfrentando!
Continuó quieta pensando, buscando una debilidad en las articulaciones, confiada en que el gancho había fallado y yacía lejos detrás de ella.
Fue un error fatal.
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Editado: 30.01.2026