Mientras la ciudad ardía bajo el asedio, lejos de las murallas, en el Abismo de Coral, el escenario era igual de desolador, pero inquietantemente silencioso. Lo que alguna vez fue un santuario ancestral de vida marina, ahora era un cráter de oscuridad absoluta. Las aguas, negras y densas, parecían absorber toda luz y esperanza, negándose a reflejar las estrellas.
Solo una cosa brillaba en la penumbra: las runas azules talladas por Kalysta. Estas pulsaban débilmente sobre la piel y los tentáculos masivos de Zha’thik, latiendo como advertencias silenciosas para cualquiera lo bastante insensato como para desafiar al leviatán.
Frente a él, suspendido sobre la superficie del agua oscura, Khra’gixx, el Cazador de Sombras, aguardaba. Su armadura parecía hecha de la misma noche y sus ojos amarillos relucían con un hambre insaciable. Se movía con una elegancia letal, una calma antinatural que contradecía la violencia que estaba a punto de desatar.
Tal como Zha’thik había previsto, el general enemigo había ignorado la conquista de la ciudad para buscar la única presa que consideraba digna.
—En efecto, es mejor dejar lo mejor para el final —dijo Khra’gixx. Su voz no era un grito, sino una vibración profunda que agitó el agua bajo sus pies. Sonrió con una mezcla de crueldad y satisfacción genuina—. Y ahora, solo seremos tú y yo. Sin ejércitos, sin distracciones.
Zha’thik gruñó. El sonido fue similar al de placas tectónicas rozándose en el fondo del océano. Sus tentáculos se retorcieron, agitando el mar negro con furia contenida.
—Te ves muy confiado en tu victoria, pero tu arrogancia será tu tumba —retumbó Zha’thik, irguiéndose en toda su estatura colosal—. Aun así, debo agradecerte por venir hasta aquí. Así no tendré que preocuparme por destruir lo que queda de este planeta al aplastarte.
Khra’gixx soltó una risa seca y sus ojos brillaron con malicia pura.
—Me parece perfecto —respondió, tronándose los nudillos—. Pero me temo que esa pequeña acompañante tuya —agregó, desviando su mirada hacia Kalysta, quien permanecía firme sobre el hombro de Zha’thik— podría limitarte. Es una molestia. Déjame asesinarla rápidamente; así podremos enfocarnos en lo nuestro. Llevo días conteniéndome, y liberar todo mi poder será tan placentero… y todo será para ti.
Apenas terminó la frase, una sombra se separó de la oscuridad detrás de Kalysta.
Kalthok, quien había logrado zafarse momentáneamente del combate anterior mediante un salto de sombras, se materializó en el aire, con su espada negra apuntando directamente al cuello de la sirena. Iba a ser una ejecución rápida.
Pero el acero nunca tocó la piel de Kalysta.
Un destello plateado interceptó el ataque. Nyxoria apareció de la nada, bloqueando la espada de Kalthok con sus propias espadas en un choque de chispas que iluminó brevemente el abismo. La asesina había seguido a su presa a través del velo de las sombras, negándose a dejar el trabajo a medias.
Nyxoria empujó a Kalthok hacia atrás con una patada brutal, haciéndolo aterrizar sobre una roca sobresaliente.
—Tú céntrate en apoyar a Zha’thik —ordenó Nyxoria a Kalysta sin mirar atrás. Su voz era fría, profesional, pero cargada de una determinación letal—. Yo me encargo de volver a enterrar a esta calavera.
♦️♦️♦️
Mientras Nyxoria se lanzaba nuevamente contra Kalthok, reiniciando su danza mortal, Khra’gixx perdió la paciencia.
—¡Bien, es hora! —rugió el Cazador de Sombras.
Su grito desgarró el cielo. Tormentas eléctricas de color violeta comenzaron a caer sobre el abismo, respondiendo a su llamado. Con un estallido sónico, Khra’gixx se lanzó contra Zha’thik.
Se movió a una velocidad imposible para alguien de su tamaño, una mancha borrosa de destrucción que buscaba el pecho del leviatán. Para cualquier otro, habría sido un golpe invisible e instantáneo. Pero Zha’thik no era cualquier otro.
El monstruo marino reaccionó. Uno de sus tentáculos principales, reforzado con las runas de Kalysta, se movió para interceptar el impacto.
¡BOOM!
El choque fue monumental. La colisión generó una onda expansiva que vació el agua del cráter por un instante, creando un vacío de aire y sonido. Kalysta tuvo que aferrarse con todas sus fuerzas a las escamas de Zha’thik para no salir despedida por la fuerza del impacto que casi la derriba.
El suelo bajo el océano crujió. El temblor no se quedó allí; se expandió rápidamente a través de la corteza terrestre, sacudiendo el planeta entero a medida que los niveles de poder de ambos titanes ascendían.
A kilómetros de distancia, en la ciudad asediada, las torres oscilaron y el polvo cayó de los techos. Los defensores se detuvieron un segundo, sintiendo la vibración en sus huesos. Supieron al instante que la verdadera batalla había comenzado.
Eryndor, rodeado de enemigos, sintió el pulso de la tierra gritando de dolor. Con un movimiento circular de su bastón, pulverizó a un grupo de esqueletos que intentaban regenerarse, convirtiéndolos en polvo estelar.
—Ojalá el planeta pueda resistir el combate de esos dos —murmuró el espíritu del bosque para sí mismo, con el rostro lleno de una profunda preocupación—.
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Editado: 30.01.2026