En el punto exacto donde ocurrió la detonación, una figura emergió. No salió de un portal, simplemente estuvo allí, como si siempre hubiera estado y solo hubiera decidido hacerse visible. Su luz era tan brillante, tan pura y omnipotente, que iluminó hasta los rincones más oscuros de los dos universos que colapsaban.
Era una presencia indescriptible, una fuerza que trascendía la comprensión de mortales y dioses por igual. El Arquitecto. El Origen.
Con un susurro que no fue sonido, sino ley, alzó una mano. —Basta.
Una barrera de luz prismática se expandió desde su dedo, recorriendo años luz en un instante. La barrera recubrió los límites desgarrados del cuarto y quinto universo, deteniendo la destrucción en cadena que amenazaba con consumir toda la realidad. Con un movimiento suave, como quien cierra una herida, aisló ambos planos y los fusionó. Las fronteras rotas se sanaron, uniendo dos realidades en una sola, más vasta y resistente.
El equilibrio fue restablecido. El cáncer de la destrucción se detuvo en seco.
El cosmos contuvo el aliento mientras la Figura comenzó a trabajar. Con gestos delicados pero cargados de poder infinito, sus dedos danzaron en el vacío. De la punta de sus manos brotaron millones de soles nuevos, nebulosas de colores imposibles y planetas vírgenes que comenzaron a llenar los huecos negros dejados por la batalla. Era como ver el tejido del cosmos siendo zurcido con hilos de oro y vida; una obra maestra de creación nacida de la aniquilación.
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Finalmente, su atención, compuesta de ojos que eran galaxias enteras, se centró en el vacío donde Thalassara había existido.
Con la precisión de un pintor dando la pincelada final a su obra magna, la Figura reunió el polvo de estrellas, la memoria del agua y el eco de las almas caídas. Moldeo un nuevo sistema solar. Y en el centro, creó un planeta. Su tamaño era menor al de la Thalassara original, más compacto, pero su belleza era idéntica, quizás incluso más vibrante. Los océanos volvieron a ser azules, los bosques esmeraldas, y las montañas de diamante. Era como si el espíritu del mundo perdido hubiera renacido en una forma nueva, pura y sin cicatrices de guerra.
La Figura contempló su creación y, por un momento, el universo sintió su aprobación.
—Vuestro sacrificio y vuestros sueños perdurarán más allá del olvido —dijo la Figura. Su voz no era aire vibrando; era la resonancia fundamental de la materia, un eco que se grabó en cada átomo del universo recién formado—. No fuisteis dioses en vano, ni mortales sin propósito.
Extendió su mano sobre el nuevo mundo, bendiciéndolo con una energía que latía bajo su corteza, una magia antigua y renovada.
—Hoy, en honor a vuestra lucha, renacerá el alba de una nueva era. De las cenizas de los antiguos, y en las ruinas de lo perdido, nacerán los Ancestros. —La voz de la Figura se volvió solemne, profética—. Aquí surgirán guerreros inmortales, guardianes de la esperanza que desafiarán a la oscuridad en un ciclo eterno. La batalla ha terminado, pero la Defensa de los Antiguos... apenas comienza.
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Felicitaciones por llegar al final de la obra, hazme saber qué te ha parecido y si te encariñaste tanto con algún personaje que te dolió su pérdida o que anhelabas tanto la muerte de algún villano.
Por otro lado, te cuento que la historia no acaba aquí, si quieres saber qué sigue después de esta primera entrega, puedes pasar a la segunda entrega titulada: "El Legado del Dios Absoluto", estoy seguro que también te encantará.
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Editado: 30.01.2026