Ver ese “Hola” en la pequeña interfaz gris del juego fue, literalmente, el freno de mano que necesitaba mi aburrimiento. “Al fin alguien que habla mi idioma”, pensé con una ingenuidad que hoy, si pudiera viajar en el tiempo, me haría soltar una carcajada llena de ternura. Con los dedos ligeramente temblorosos por la timidez y esa chispita de curiosidad que me picaba desde hacía días, decidí responder. Lo que no sabía es que esa pequeña decisión estaba a punto de convertir mi rutina de tardes calurosas en una montaña rusa cultural nivel Dios.
Amalia: Hola… ¿Hablas español? 😮
Esperé. Los tres puntitos aparecieron casi de inmediato, bailando una danza que se me hizo eterna.
Abhay: Un poco. Uso ayuda para escribirte 😅 ¿Cómo estás?
Me reí sola. Ahí estaba la respuesta, honesta y directa. Me sentí un poco menos intimidada.
Amalia: Jajaja, ¡ya decía yo! Qué trampa. Bien, aquí perdiendo como siempre, ¿y tú? 😒
Abhay: Muy bien jaja. No juegas mal, solo mueves muy rápido ♟️✨
Amalia: ¡Oye! Es que me desespero. El ajedrez no es lo mío, claramente. Soy más de reaccionar al impulso.
Abhay: A mí me gusta jugar contigo. ¿Jugamos otra partida? Te prometo ir despacio 🤭
Me apoyé contra los almohadones, ignorando por completo el ruido de los motocarros que pasaban a toda velocidad por la calle. Ese tipo, que vivía quién sabe dónde, de repente se había vuelto el centro de mi atención.
Amalia: Está bien, pero no te burles si me dejas en Jaque Mate en cinco movimientos otra vez, ¿trato? 🤝 Aquí el que pestañea, pierde.
Abhay: Trato hecho 😉 ¡Que comience el juego! Tú mueves primero.
Moví mi peón con decisión, sintiéndome extrañamente competitiva. A ver con qué me salía este misterioso personaje. Mientras el juego cargaba, no pude evitar seguir la charla.
Amalia: Por cierto, ¿de verdad usas traductor? Te sale muy natural, casi me lo creo. Ya me estaba haciendo ilusiones de haber encontrado a un compatriota.
Abhay: Jaja, sí, de verdad. Copio lo que me pones, lo leo y te respondo igual. Es divertido, aunque a veces tardo un poco más por eso. Espero no te aburra mi lentitud 🙈
Amalia: Para nada, de hecho me sorprende que te tomes el trabajo de traducirme. Los otros tipos solo escriben cosas raras en inglés y me da flojera responderles.
Abhay: Esos otros tipos no saben apreciar a una buena rival de ajedrez 😜 Además, me dio mucha curiosidad tu perfil. Te veía jugar seguido.
Mi corazón dio un vuelco. No fue un latido normal; fue un salto mortal. ¿Me estaba coqueteando? En mi tierra somos de corazón abierto y nos encanta el juego de la seducción, pero que te lo dijera alguien a través de una pantalla fría, con rasgos que yo solo imaginaba, se sentía emocionante y prohibido a la vez.
Amalia: ¿Ah sí? ¿Me estabas espiando? Jajaja 🧐 Mira que te acabo de comer un caballo, te descuidaste por estar conversando.
Abhay: ¡Oh no! Mi caballo 😮 jaja. Buen movimiento. No te estaba espiando, solo… esperaba que coincidiéramos. Tienes una vibra muy bonita.
Me sonrojé de golpe, tanto que sentí el calor del Beni subirme por el cuello hasta las orejas. ¿”Vibra bonita”? ¿Quién dice eso? Era tan tierno que me desarmaba. La plática empezó a fluir de una manera tan natural que olvidé el calor agobiante, ignoré el ruido de los motores allá afuera y me encontré pegada a la pantalla, esperando con ansias a que aparecieran esos tres puntitos mágicos.
No sabía nada de él, ni su ciudad, ni su voz, pero esa pequeña interfaz gris se sentía, por primera vez, como el lugar más emocionante del mundo. La comedia estaba en mis respuestas rápidas y sarcásticas, pero el drama… ah, el drama empezó a asomar su cabeza cuando me di cuenta de que, sin darme cuenta, ya me importaba demasiado lo que Abhay pensara de mí.
Habíamos cruzado una línea invisible. El ajedrez era solo el pretexto; el verdadero juego acababa de empezar.