Desde que pensamos con claridad, tenemos la creencia de que existe esa persona que nos depara el destino. Esa que te hace suspirar con cada toque, que te hace sonreír con solo una mirada y que despierta mariposas en tu estómago cada vez que se dirige a ti. Esa persona que está hecha para ti.
Sin embargo, aunque sea la persona con la que estás destinada a estar, ya sea en un "para siempre" o no, no significa que el camino sea fácil. Tampoco te asegura que sea la persona correcta.
A veces, el destino no es un regalo; es una prueba. Y puede traer desafíos que no estamos preparados para afrontar.