El eco de un nombre

Capítulo 7

El despertador sonó demasiado pronto. Sentí que no había pasado ni un minuto desde que cerré los ojos, aunque en realidad llevaba horas despierta, dando vueltas en la cama. Tenía la sensación de que la conversación con Dylan seguía resonando en mi cabeza, repitiéndose una y otra vez como si buscara un hueco para quedarse grabada.

Me levanté con esfuerzo, arrastrando los pies hasta el espejo. Tenía los ojos hinchados y un gesto cansado que no podía disimular ni con litros de café, a la vez que mi largo cabello castaño alborotado.

—Genial, Ámber — murmuré—. Como si fuera fácil pasar desapercibida con esta cara.

Mientras me ponía el uniforme, me sorprendí a mí misma recordando exactamente la forma en que Dylan me había hablado en el patio, como si temiera que algo me hiciera daño. Y luego estaba Nolan, siempre presente en mis pensamientos, enredado en cada decisión que tomo, aunque nunca sé bien si me sostiene o me hunde. Era una pregunta que me había recorrido la mente bastantes veces este último año.

Al bajar el pasillo estaba abarrotado. Las voces, las risas, los empujones… todo sonaba lejano, hasta que lo vi. Nolan estaba apoyado contra la pared, con un par de amigos alrededor. Se reía de algo, con esa sonrisa amplia que parecía imposible, porque rara vez la mostraba cuando estaba conmigo.

No sabía cómo sentirme respecto a eso. Las palabras de Dylan me recorrían la mente:

Si te sientes así con él es porque no es amor, Ámber.

Igual tenía razón. O, tal vez, sólo necesitábamos una conversación a solas.

Me acerqué, intentando parecer natural aunque con una sonrisa notablemente fingida.

—Llegas tarde —dijo apenas me vio, como si hubiera estado esperándome.

—Solo me he saltado el desayuno —contesté con pereza—. ¿Has visto a Aurora?

—Owen y ella salieron esta mañana del comedor mientras todos entraban. Supongo que tendrá algo que ver tu nuevo amiguito.

—¿No sabes dónde iban? —hizo una mueca de cero interés, a la vez que negaba.

¿Habrán seguido con la investigación?

Él me escaneó de arriba abajo con la mirada. Esa forma suya de observarme, como si pudiera leer cada pensamiento escondido, siempre me desarmaba.

—Pareces cansada. ¿No has dormido? —preguntó, con un tono más curioso que preocupado.

Me encogí de hombros.

—Un poco— el rubio sonrió de lado.

—Tienes que aprender a descansar. No puedes ir arrastrándote por ahí.

Iba a responder, pero una voz familiar me interrumpió.

—Buenos días, Ámber.

Me giré y vi a Dylan acercándose. Su tono era sereno, pero había una firmeza en su forma de decir mi nombre que hizo que el corazón se me acelerara.

—Hola, Dylan —saludé, bajando un poco la voz mientras le sonreía levemente.

Al pasar por mi lado acarició con suavidad mi brazo. Un roce que me erizó la piel.

Nolan lo observó con frialdad, aunque sin decir nada de inmediato. Solo ese silencio cargado que me hacía sentir en medio de un campo minado.

—¿Todo bien? —me preguntó Dylan, ignorando la tensión, y supe que se refería a la conversación de anoche.

—Sí, bien. Todo bien —mentí—. Un poco cansada, nada más.

—Te lo dije —murmuró Nolan, con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

Me giré hacia él.

—No necesito que me lo repitas como si fueras mi médico.

—Alguien tiene que cuidar de ti —respondió, ladeando la cabeza.

Dylan arqueó una ceja, como si quisiera decir algo, pero se contuvo. Aun así, su silencio decía más de lo que Nolan estaba dispuesto a escuchar.

Sentí alivio cuando la campana sonó y vi a Aurora correr hacia nosotros, con Owen siguiéndole mientras hiperventilaba.

—¡Ámber, Dylan! —gritó al llegar— Joder, no sabéis… —se giró hacia Nolan e intercambió una mirada entre nosotros —Hola, Nolan.

—¿Puedes dejar de correr? —habló Owen, asfixiado, mientras se apoyaba en la pared que teníamos al lado, intentando controlar su respiración. —Parece que acabo de correr una maratón. —se quejó.

Vaya estudiante del Aspecto Vigor.

Soltamos una carcajada común. Bueno, ese “común” excluye a Nolan, que solo le miró con el ceño fruncido, para después rodar los ojos e irse a clase.

—No sabéis lo que hemos descubierto —susurró Owen, aún recuperándose.

Intercambié una mirada con Dylan.

—Ha vuelto a desaparecer alguien. Otra chica.

***

Las clases pasaron como un borrón. Owen y Aurora se habían pasado toda la hora contándome lo que había pasado: fueron a buscarme por la mañana pero no les abrí la puerta y cuando volvieron escucharon a la directora hablar sobre Ava, una chica mayor que nosotros. Llevaba sin aparecer desde ayer por la mañana y nadie la había visto después de la hora del desayuno.

Mis amigos decidieron ir a comprobar si, por alguna casualidad, había vuelto a la habitación, pero nadie les contestó, por lo que dedujeron que no había nadie.

Por otra parte, estaba Nolan que, de vez en cuando, me pasaba un papel con algún comentario sarcástico, yo respondía con un garabato rápido. Y, cada vez que cruzaba miradas con Dylan en clase, sentía como Nolan se pegaba a mí, pero el moreno me miraba con un peso que me resultaba imposible ignorar.

Las demás horas pasaron rápido, y en el recreo, me senté con mis amigos en una esquina del patio, aunque intentaba aclarar mi cabeza por todo lo que estaba pasando últimamente. El aire fresco me ayudaba un poco, hasta que lo vi aparecer. Dylan.

Se sentó entre Owen y yo, dejando una pequeña distancia entre nosotros.

—¿Puedo? —preguntó, aunque ya estaba sentado.

—Claro —respondieron ellos al unísono.

Durante unos segundos no dijo nada, solo miró hacia los árboles del fondo. Después giró la cabeza hacia mí.

—Entonces, ¿qué ha pasado?

Aurora empezó a explicarle todo lo que habían escuchado Owen y ella, Dylan tenía la mirada fija en ellos y en cómo señalaban diferentes partes del mapa que el moreno encontró hacía días, pero mi mirada estaba perdida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.