El eco de un nombre

Capítulo 2

Amber

El resto del primer día pasó envuelto en una niebla espesa. Las clases continuaron como si nada, pero el aire del instituto se había vuelto denso, cargado de susurros. En Teoría de las Habilidades, el profesor mencionó de pasada que las desapariciones solían golpear primero a estudiantes con dones perceptivos o mentales. Lo dijo como si fuera un simple dato académico. Yo lo anoté en el margen del cuaderno mientras sentía un nudo apretándome el estómago.

Al final de la tarde, justo antes de la cena, llegó la segunda noticia.

Ava Torres había desaparecido.

Ava era de segundo año, pelo negro corto y siempre con esa energía inquieta. Su poder era elemental: controlaba pequeñas corrientes de aire. Nada espectacular, pero útil para refrescar el ambiente cuando alguien se ponía demasiado intenso en Combate. La última vez que la vieron salía de la biblioteca hacia los dormitorios. Nadie la había visto desde entonces.

Los pasillos estaban llenos de murmullos. Grupos de estudiantes se reunían en las esquinas, hablando en voz baja. El ambiente se sentía pesado, como antes de una tormenta que nadie quería nombrar.

Yo estaba en la sala común de nuestro piso con Owen, Aurora y Dylan cuando una chica de segundo pasó corriendo y nos contó todo, agitada y con los ojos muy abiertos.

Owen cerró su libro de golpe.

—Esto no es normal. Dos en dos días. Eleanor y ahora Ava.

Aurora, sentada con las piernas cruzadas en el suelo y la cabeza apoyada en la rodilla de Owen, asintió con el ceño fruncido.

—Las dos tienen algo en común. Eleanor leía residuos emocionales. Ava controlaba el ambiente… quizás detectó algo que no debía.

Dylan, sentado en el brazo del sofá a mi lado, levantó la vista de su cuaderno. Tenía el pelo más revuelto de lo normal.

—No sé si tendrá algo que ver —dijo en voz baja—. Pero anoche tuve otra visión fragmentada. Bosque otra vez. Una sombra moviéndose rápido, como si persiguiera a alguien. No vi la cara, pero el miedo… era idéntico.

Me giré hacia él.

—¿Crees que deberíamos hacer algo?

Dylan dudó un segundo, luego metió la mano en su mochila y sacó un mapa antiguo del campus y los alrededores de Hollow, lleno de marcas a lápiz.

—He estado marcando los puntos donde aparecieron las visiones —explicó, extendiéndomelo—. Mirad las zonas sombreadas. Las dos desapariciones están cerca de las rutas que usan para las prácticas nocturnas.

Cogí el mapa. Nuestros dedos se rozaron un instante.

—Bueno, al menos tenemos algo.

Owen se acercó para mirar por encima de mi hombro.

—Joder, tienes razón. Si unimos esto con lo que sabemos de sus dones… parece que alguien está yendo a por gente que puede percibir cosas que otros no.

Aurora se incorporó, más seria de lo habitual.

—Entonces nosotros también estamos en riesgo: yo proyecto emociones; Amber, tus cristales reflejan y revelan; y Dylan ve fragmentos del futuro o del pasado. No somos precisamente discretos. El único que se salva es Owen, y, quizá, ni eso. Dependiendo de sus emociones, los golpes en combate físico son más o menos hirientes —soltó una risa irónica —. Bienvenidos a Jumanji.

El silencio que siguió fue pesado. Por primera vez sentí que esto no era solo una desaparición aislada. Era algo más grande. Y peligroso.

Owen se pasó una mano por el pelo rizado.

—Vale. Mañana por la tarde, después de las clases, vamos a investigar. Podemos dividir las zonas del mapa para cubrir más terreno sin separarnos demasiado.

Aurora asintió.

—Yo puedo ir con Owen hacia la zona este, cerca de las ruinas antiguas. Allí la energía residual es fuerte, quizás sienta algo con mi proyección.

—Perfecto —dijo Owen—. Dylan y Amber podrían ir hacia el sendero norte. Es donde más marcas tiene Dylan en el mapa.

Dylan frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada en ese momento.

Estábamos terminando de concretar los detalles cuando Nolan apareció en la puerta de la sala común. Su mirada recorrió el grupo y se detuvo en mí.

—¿Qué estáis planeando? —preguntó con esa voz tranquila pero firme que siempre usaba cuando quería control.

Owen se tensó. Aurora entrecerró los ojos. Dylan se enderezó un poco en el brazo del sofá.

—Solo vamos a echar un vistazo a las zonas del mapa —respondí yo, intentando sonar casual—. Nada peligroso. Solo observar.

Nolan dio un paso dentro de la sala.

—¿Y por qué Amber tiene que ir sola? —preguntó mirando directamente a Dylan—. No me gusta la idea de que vaya por Hollow sin alguien que pueda protegerla de verdad.

Dylan apretó la mandíbula. Su voz salió baja, pero clara:

—¿Y quién te ha dicho a ti que va a ir sola, listillo? Iría conmigo.

Nolan soltó una risa corta, sin humor.

—Con todo respeto, Dylan, tus visiones no sirven de mucho si algo aparece de repente. Amber necesita a alguien que pueda reaccionar físicamente.




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