Amber
El camino de vuelta desde The Hollow se sintió interminable. Nadie hablaba. Solo se oían nuestros pasos sobre las hojas húmedas y el viento moviendo las ramas altas. El cuerpo de Ava ya había sido cubierto y los profesores nos habían obligado a alejarnos, pero yo seguía viendo su cara: ojos muy abiertos, expresión de puro terror, piel grisácea y esas marcas oscuras alrededor del cuello y las muñecas.
Nolan caminaba a mi lado, con la mano aún cerca de mi brazo, como si temiera que me fuera a derrumbar otra vez. Owen, Aurora y Dylan iban unos pasos por delante, en silencio.
Cuando llegamos a las puertas principales de Ethermont, ya era de noche. Un profesor nos esperaba con expresión grave.
—Todos a sus residencias inmediatamente. Chicos al ala oeste, chicas al ala este. Esta noche no se permite moverse entre edificios. Mañana habrá una asamblea.
Nos separamos en la entrada. Owen abrazó fuerte a Aurora y le susurró algo al oído antes de dirigirse al ala oeste con Dylan. Este último se detuvo un segundo frente a mí.
—¿Vas a estar bien? —preguntó en voz baja.
Asentí, aunque no estaba segura.
—Intentaré dormir. Buenas noches, Dylan.
Él me miró un momento más, preocupado, pero solo asintió con una leve sonrisa y se fue con Owen.
Nolan se quedó esperando. Cuando los chicos desaparecieron por el pasillo, se acercó.
—Te acompaño hasta la puerta del ala este.
No tenía fuerzas para discutir, así que caminamos juntos en silencio. El aire frío olía a tierra mojada y a pino.
Al llegar a la entrada del edificio de chicas, Nolan se detuvo.
—Amber… lo que has visto hoy no deberías haberlo visto. Nadie debería.
Me quedé mirando el suelo.
—Sigo pensando que quizás podría haber hecho algo —murmuré—. Mi don… la manipulación de energía cristalina… no es solo crear escudos o fragmentos. Cuando estoy muy concentrada y cargo los cristales con emoción, pueden reflejar cosas. Revelar lo que está oculto. Si hubiera estado allí antes, si hubiera creado un cristal lo suficientemente grande y estable… tal vez habría reflejado lo que le estaba pasando a Ava. Tal vez habría visto la amenaza a tiempo.
Nolan negó con la cabeza.
—Quizá, pero ya no puedes hacer nada.
Aurora me estaba esperando justo dentro del pasillo. En cuanto me vio, me abrazó sin decir nada. Su don se activó suavemente, enviando una ola cálida y tranquila que empezó a aflojar un poco la tensión de mis hombros.
—Ven —dijo—. Vamos a mi habitación.
Entramos y cerramos la puerta. Su habitación era pequeña, como todas: una cama individual, un escritorio y una ventana que daba al bosque. No había cama extra, así que nos tumbamos las dos en la misma, como hacíamos a veces cuando una de las dos lo necesitaba.
Aurora se colocó de lado, frente a mí. Su pelo violeta oscuro se extendía sobre la almohada. Sentí cómo su don seguía trabajando: una tranquilidad suave, constante, como una manta cálida que me envolvía poco a poco. Mis párpados empezaron a pesarme.
—Cuéntame —dijo en voz baja—. ¿Qué te pasa realmente con todo esto? No es solo lo de Ava, ¿verdad?
Suspiré profundamente. Las palabras salieron solas.
—Es Nolan… otra vez. Cuando me abrazó allí, en el bosque, sentí que todo volvía. No porque estuviera enamorada de él. Nunca fue eso. Lo que me dejó hecha polvo fue cómo me manipulaba. Al principio parecía protección, ¿sabes? Me decía que se preocupaba por mí, que solo quería lo mejor. Pero poco a poco empezó a hacerme dudar de todo. De vosotros, de mis decisiones, de si yo era suficiente. Me hacía sentir que si algo salía mal era porque yo no había escuchado sus consejos. Creó tantas inseguridades… que al final ya no sabía quién era yo sin su aprobación.
Aurora escuchaba en silencio, con los ojos grises fijos en mí. Su don seguía transmitiendo esa calma suave que hacía que las palabras salieran más fáciles.
—Recuerdo una vez —continué— que quedé con vosotros después de clase y él me preguntó mil veces con quién había estado, qué había dicho exactamente, si os había hablado de él. Al día siguiente me hizo sentir culpable por alejarme de él. Decía que solo quería protegerme, pero en realidad me estaba aislando. Y yo… yo empecé a creer que quizás tenía razón. Que tal vez yo no sabía elegir bien a la gente.
Aurora frunció el ceño.
—Amber, eso no era protección. Eso era control. Y lo hizo durante cuatro meses y medio, pero el daño duró mucho más. Por eso todavía sientes culpa cuando te mira o te abraza. No es porque lo quieras. Es porque te dejó pensando que todo lo malo que pasa a tu alrededor es culpa tuya por no haberlo hecho “bien”.
Asentí, sintiendo cómo se me humedecían los ojos.
—Y hoy, cuando vi a Ava… volví a sentir lo mismo. Que si hubiera usado mejor mi don, si hubiera creado cristales más grandes, más estables, cargados con la intención de revelar… quizás habría podido reflejar el peligro antes de que fuera tarde. Mis cristales no solo defienden. Cuando estoy emocionalmente equilibrada, pueden actuar como espejos que muestran lo que está escondido. Pero cuando estoy llena de culpa y miedo, como ahora, salen débiles y se rompen fácilmente. Y eso me hace sentir aún peor.
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Editado: 12.07.2026