Amber
La mañana llegó con un cielo plomizo que parecía hacer juego con el ánimo de todo el instituto. Cuando Aurora y yo bajamos al comedor, el comedor se sentía distinto: menos bullicio, más miradas bajas y conversaciones que se cortaban en cuanto alguien se acercaba.
Owen y Dylan ya ocupaban nuestra mesa habitual. Owen tenía el pelo más revuelto de lo normal y removía un vaso de zumo como si fuera la cosa más interesante del mundo. Dylan, en cambio, estaba más quieto, con la vista fija en la ventana mientras hacía girar su anillo entre los dedos.
En cuanto nos sentamos, Owen levantó la mirada.
—Anoche no pude pegar ojo —dijo directamente—. Cada vez que lo intentaba, veía las marcas que tenía Ava en el cuello. No parecían hechas con manos.
Aurora se sentó a su lado y le rozó el brazo con los dedos.
—Yo sentí algo parecido. Como si el miedo se hubiera quedado pegado al aire. Mi don lo captaba todo el rato, incluso cuando intentaba bloquearlo.
Me serví té y envolví la taza con las manos para calentármelas.
—Al menos vosotras dos pudisteis dormir juntas —comentó Dylan, mirándome de reojo—. ¿Cómo lo llevas tú, Amber?
Pensé la respuesta un segundo antes de hablar.
—Mal. Pero no solo por lo que vimos. Es que… cuando creé esos cristales débiles ayer, me di cuenta de algo. Mi don funciona mejor cuando estoy equilibrada. Puedo hacer que reflejen lo que está oculto, que muestren verdades que no se ven a simple vista. Ayer estaba demasiado asustada y solo salieron fragmentos inútiles. Eso me frustó más que el miedo mismo.
Owen soltó un bufido suave.
—Ninguno de nosotros estaba en condiciones de hacer nada útil en ese momento. Ni siquiera llegué a activar bien mi campo de fuerza. Solo me quedé allí, paralizado.
La conversación no se quedó atascada en el horror. Dylan cambió el rumbo con naturalidad.
—He estado pensando en las rutas que tomaron las dos. Eleanor iba hacia la zona oeste de The Hollow. Ava salió de la biblioteca y tomó el sendero norte. No es casualidad que ambas estuvieran en áreas con alta energía residual.
Aurora levantó una ceja.
—¿Crees que alguien las eligió por eso?
—Podría ser —respondió Dylan—. O podría ser que sus dones les permitieron notar algo que otros no. Eleanor detectaba residuos emocionales. Ava sentía el ambiente, las corrientes de aire… tal vez percibió una presencia antes de que fuera tarde.
Nadie añadió más teorías. Era demasiado pronto y todos lo sabíamos.
Después del desayuno, la asamblea de la directora fue corta y cortante: toque de queda más temprano, prácticas supervisadas y la advertencia clara de no moverse solos por el campus. Cuando salimos del auditorio, Nolan pasó cerca de nuestro grupo. Me miró un instante, con esa expresión preocupada que ya conocía de memoria, pero siguió caminando sin detenerse. Sentí un pequeño alivio y, al mismo tiempo, esa vieja punzada incómoda en el pecho.
***
Por la tarde, en Combate Físico, el profesor Harlan nos hizo practicar en parejas rotativas. Me tocó primero con Owen. Sus escudos eran sólidos y absorbían mis fragmentos cristalinos sin problema, devolviéndolos después como ondas suaves. Era reconfortante entrenar con alguien tan estable.
Cuando terminamos la clase, los cuatro nos quedamos un rato más en el gimnasio, sentados en el suelo con las espaldas contra la pared. El sudor aún nos corría por la nuca.
Owen rompió el silencio con un tono más ligero:
—Al menos hoy hemos sudado por algo útil. Si esto sigue así, voy a terminar con los mejores escudos de todo el curso.
Aurora sonrió de medio lado.
—Mientras no termines absorbiendo un golpe de verdad y acabes tirado en el suelo como la última vez.
Dylan soltó una risa baja.
—Fue increíble. Todavía recuerdo tu cara cuando rebotaste contra tu propio campo de fuerza.
Me reí también, agradeciendo el cambio de tema. Por unos minutos hablamos de anécdotas tontas de clases pasadas: la vez que Aurora proyectó tanto miedo en un ejercicio que medio grupo salió corriendo, o cuando yo creé un cristal tan grande que bloqueó toda la visión del profesor.
Pero el momento ligero no duró eternamente.
—Sea como sea —dijo Owen más serio—, tenemos que estar atentos. No podemos fingir que no está pasando nada.
Asentí.
—Lo sé. Pero tampoco podemos volvernos locos. Si empezamos a sospechar de todo el mundo, vamos a terminar aislándonos unos de otros.
Dylan me miró un segundo.
—Nadie está diciendo eso. Solo… mantened los ojos abiertos.
El silencio que siguió fue más cómodo que tenso. Estábamos juntos. Eso, por ahora, era suficiente.
Cuando llegó la hora de volver a las residencias, nos separamos en la entrada principal como siempre. Dylan me dedicó una mirada breve antes de irse hacia el ala oeste.
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Editado: 12.07.2026