El eco de un nombre

Capítulo 6

Amber

La tarde siguiente se sintió cargada desde el principio.

Después de las clases nos reunimos los cuatro en el estrecho pasillo de servicio que Owen conocía. Las luces parpadeaban débilmente y el aire olía a humedad y metal viejo.

Owen iba primero, comprobando cada esquina.

—Está despejado —susurró—. La sala de archivos está al final. La cerradura es vieja, debería poder abrirla.

Aurora cerró los ojos un segundo y proyectó una ola suave de calma sobre nosotros. No era intensa, solo lo suficiente para que nuestras manos dejaran de temblar tanto.

Owen tardó menos de un minuto en abrir la puerta. Entramos rápido y cerramos detrás de nosotros.

La sala era grande y estaba llena de estanterías que llegaban hasta el techo. Carpetas marrones, cajas etiquetadas por año y un escritorio viejo en el centro. El silencio era tan denso que parecía que las paredes nos escuchaban.

—Dividámonos —dijo Dylan en voz baja—. Buscad cualquier cosa relacionada con Eleanor o Ava. También informes sobre… dones que puedan volverse inestables.

Nos repartimos sin hacer ruido. Yo me puse en una estantería marcada como “Dones Mentales – Observaciones y Riesgos”.

Mis dedos recorrían las carpetas cuando me detuve en una más gruesa. La saqué y la abrí sobre una mesa baja.

Lo que leí me dejó helada.

Era un informe interno, escrito con letra apretada y varias partes subrayadas en rojo:

“Los dones centrados en la manipulación emocional y de recuerdos presentan un riesgo elevado cuando se desarrollan o intensifican tras un trauma emocional profundo. El vacío generado por el rechazo, la pérdida o la sensación de abandono puede empujar al sujeto a compensar ese vacío extrayendo energía vital de otros.

Inicialmente se manifiesta como alteración sutil de emociones ajenas para recuperar control. Con el tiempo, si no se interviene, puede evolucionar hacia una forma más peligrosa: drenaje progresivo de la vitalidad del objetivo, dejando solo un cascarón vacío.

Los sujetos con este perfil suelen justificar sus acciones como ‘necesidad de equilibrio’ o ‘protección de seres queridos’. Se recomienda vigilancia estricta.”

Cerré la carpeta lentamente. Las manos me temblaban.

—Chicos… —dije con voz ronca—. Creo que he encontrado algo.

Se acercaron los tres. Les pasé la carpeta abierta por la página clave. Mientras leían, el silencio se volvió casi insoportable.

Owen fue el primero en hablar, pero lo hizo con cuidado, eligiendo las palabras:

—Esto… explica por qué Ava parecía tan… vacía. No fue solo un ataque. Fue como si le hubiera quitado algo más que la vida.

Aurora tragó saliva y miró hacia otro lado.

—Y dice que suele empezar después de un trauma fuerte. Rechazo, pérdida… cosas así.

Dylan no dijo nada al principio. Solo seguía leyendo el párrafo, con la mandíbula tensa y los dedos apretando el borde de la carpeta. Su mirada era oscura.

Ninguno mencionó el nombre que todos teníamos en la cabeza. Nadie se atrevió. El silencio era tan pesado que casi se podía tocar.

Owen cerró la carpeta con mucho cuidado y la devolvió exactamente a su sitio.

—Esto cambia las cosas —murmuró—. Si alguien con ese tipo de don está… inestable, entonces las víctimas con dones perceptivos serían las primeras en notar algo raro. Y eso las convertiría en un objetivo.

Aurora se pasó una mano por el pelo violeta.

—Tenemos que salir de aquí. Ya hemos visto suficiente.

Salimos uno a uno, asegurándonos de no dejar nada fuera de lugar. Cuando volvimos al pasillo principal, el aire fresco del instituto me golpeó como una bofetada. Ninguno hablaba. Caminábamos en un silencio incómodo, cargado de cosas que nadie quería decir en voz alta.

Cuando llegamos a la sala común, Dylan se quedó un poco atrás conmigo mientras Owen y Aurora seguían hacia su ala.

—Amber… —empezó en voz baja.

—No —lo corté suavemente, aunque me temblaba la voz—. Ahora no. Por favor.

Él apretó los labios y asintió. Pero vi en sus ojos que estaba preocupado. Muy preocupado.

Aurora y Owen se despidieron de nosotros con miradas significativas y se fueron juntos. Yo empecé a caminar hacia el ala este. Dylan me siguió unos pasos y luego me detuvo suavemente tocándome el brazo.

—Espera —dijo. Su voz sonó más baja de lo normal—. Si… si no quieres estar sola esta noche… puedo quedarme contigo. Dormir en tu habitación. O tú en la mía. Lo que prefieras. Solo para que no estés sola con todo esto.

Me quedé mirándolo. Por un segundo, la propuesta quedó flotando entre nosotros.

Dylan se dio cuenta casi al instante de cómo había sonado. Sus ojos se abrieron un poco más y se pasó una mano por el pelo rebelde, claramente avergonzado.




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