Amber
Salí del comedor casi corriendo, con la mejilla de Dylan aún ardiendo en la palma de mi mano y el corazón latiéndome tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.
No podía creer lo que acababa de pasar.
Las lágrimas me nublaban la vista mientras atravesaba el pasillo principal hacia el ala este. Sentía las miradas de algunos estudiantes clavadas en mí, pero ni siquiera me importaba. Solo quería alejarme. Alejarme de Dylan, de sus gritos, de esa frustración que había soltado contra mí como si yo fuera el enemigo.
¿Cómo había podido hablarme así?
Dylan. El mismo Dylan que siempre me escuchaba, que se sentaba conmigo en el patio a mirar las estrellas, que me llamaba por mi nombre con esa voz tranquila que me hacía sentir segura o, en privado, me llamaba de una manera exclusiva. El que parecía entenderme mejor que nadie en este sitio.
Y de repente me había llamado “princesita”, me había gritado que todos teníamos problemas pero que yo no quería ver la realidad, como si fuera una niña caprichosa que solo piensa en sí misma.
Me dolía. Me dolía mucho más de lo que quería admitir.
Llegué al pequeño jardín lateral que había entre el ala este y el edificio de Control Energético. Era un rincón tranquilo, con un banco de piedra medio escondido entre arbustos. Me dejé caer allí, con las rodillas temblando, y me tapé la cara con las manos. Las lágrimas empezaron a caer sin control.
¿Por qué me había hablado así?
Yo no estaba defendiendo a Nolan. Ni siquiera había mencionado su nombre. Solo le había dicho que no tenía derecho a meterse en mi relación pasada y a gritarme como si yo fuera la culpable de todo. Y él… él había explotado. Como si toda su rabia acumulada fuera por mi culpa.
Me sentía traicionada.
Dylan era una de las pocas personas que realmente me hacía sentir vista. No como una ex de Nolan, no como la chica que había roto con alguien “difícil”, sino como Amber. Y ahora… ahora me había hablado como si yo fuera el problema. Como si mi culpa, mis inseguridades, mi miedo a enfrentarme del todo a Nolan fueran solo una molestia para los demás.
Estaba tan perdida en mis pensamientos que no lo escuché llegar hasta que estuvo casi delante de mí.
—Amber…
Su voz sonaba ronca, rota. Levanté la mirada. Dylan estaba allí, con el pelo todavía revuelto de la pelea, la mejilla izquierda roja donde le había dado la bofetada, y una expresión de puro arrepentimiento.
Me levanté rápidamente, limpiándome las lágrimas con el dorso de la mano.
—No quiero hablar ahora —dije, intentando que mi voz sonara firme, pero salió temblorosa.
—Por favor —pidió él, dando un paso más cerca—. Solo… déjame explicarme. Por favor.
Me quedé quieta. Una parte de mí quería seguir andando y dejarlo allí. Otra parte, la más grande, necesitaba escuchar qué tenía que decir.
Dylan se acercó despacio, como si temiera que fuera a salir corriendo otra vez. Cuando estuvo frente a mí, levantó la mano con mucho cuidado y rozó suavemente con los dedos la piel debajo de mi ojo, limpiando una lágrima que todavía caía.
—Lo siento —susurró—. Lo siento muchísimo, Amber. No tenía derecho a hablarte así. Estaba furioso con Nolan y… lo pagué contigo. Eso fue injusto. Muy injusto.
Su toque era suave, cálido. Sentí un nudo en la garganta que no me dejaba hablar.
Él dio otro paso y, sin pedir permiso, me envolvió en un abrazo lento y fuerte. Al principio me quedé rígida, pero su olor familiar (a pino y a algo fresco) y el calor de su cuerpo hicieron que poco a poco me relajara. Apoyé la frente contra su pecho y cerré los ojos.
—No quería hacerte daño —continuó, con la voz baja contra mi pelo—. Llevo toda la noche sin dormir pensando en lo que escuché ayer en los baños. En cómo habla de ti. En lo que leímos en los archivos… y todo se me acumuló. Cuando te vi esta mañana y me preguntaste qué me pasaba… exploté. Pero no era contra ti. Nunca es contra ti.
Me separé un poco del abrazo para mirarlo a los ojos. Todavía tenía lágrimas en las mejillas.
—Pues lo pareció —dije, con la voz quebrada—. Me llamaste “princesita”. Me gritaste que todos tenemos problemas pero que yo no quiero ver la realidad. Como si fuese mi culpa, como si todo lo que todavía siento por esa relación fuera solo una molestia para vosotros.
Dylan cerró los ojos un segundo, como si le doliera escucharlo.
—Sé que sonó así. Y lo odio. Porque no es verdad. Tú no eres una molestia. Eres… eres una de las personas más fuertes que conozco. Sé lo duro que ha sido para ti salir de esa relación. Lo que Nolan te hizo… las inseguridades que te dejó. Y yo, en vez de apoyarte, te grité.
Volvió a acercar la mano y esta vez me acarició suavemente la mejilla donde todavía sentía el calor de la discusión. Su pulgar rozó mi piel con tanta ternura que se me escapó otro sollozo.
—Cristal… mírame —pidió en voz baja.
Lo miré. Sus ojos verdes estaban llenos de arrepentimiento sincero.
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Editado: 20.07.2026