Todavía sentía el cosquilleo de la mejilla de Dylan en la palma de mi mano cuando entramos juntos en el aula de Dominio de Proyección Mental. Era una clase avanzada, solo para aquellos cuyos dones tenían componente mental o perceptivo. Hoy éramos pocos: Dylan, yo, dos chicos de tercero y una chica de segundo que apenas hablaba.
La profesora ya estaba escribiendo en la pizarra con letra elegante: Proyección compartida y anclaje emocional.
Me senté en la segunda fila. Dylan se sentó a mi lado, más cerca de lo habitual. Ninguno de los dos había hablado mucho desde la discusión de esta mañana y la reconciliación en el jardín, pero el aire entre nosotros se sentía diferente. Más cargado. Más consciente.
—Hoy vamos a practicar algo complicado —anunció la profesora—. Vamos a intentar que un don perceptivo (en este caso, las visiones fragmentadas) pueda ser proyectado y compartido de forma controlada con otra persona. Ámber, Dylan, ustedes serán la pareja principal del ejercicio. Dylan forzará una visión. Ámber intentará anclarla y proyectarla usando su energía cristalina como puente.
Sentí que se me aceleraba el pulso. Dylan me miró de reojo y me dedicó una pequeña sonrisa nerviosa.
—Genial… —murmuró solo para mí—. Sin presión.
La profesora nos hizo pasar al centro del círculo de contención. Los demás alumnos se sentaron alrededor para observar.
—Dylan, quiero que intentes tener una visión reciente. No fuerces demasiado al principio. Ámber, tú crearás un cristal pequeño y tratarás de usarlo como ancla para que la visión no se disperse. ¿Listos?
Asentimos.
Dylan cerró los ojos. Yo extendí la mano y convoqué un pequeño cristal translúcido que flotó entre nosotros, brillando con luz suave. Intenté concentrarme en la calma, en el equilibrio emocional que tanto me costaba mantener últimamente.
Pasaron varios minutos. Dylan fruncía el ceño, respiraba con dificultad. Pequeños destellos aparecían dentro del cristal, pero se desvanecían casi al instante.
—No sale… —susurró él, frustrado—. Es como si se me escapara.
—Inténtalo otra vez —dije en voz baja—. Yo estoy aquí.
Volvió a intentarlo. Esta vez sentí un tirón dentro de mi don. El cristal vibró con más fuerza. Imágenes borrosas empezaron a formarse: ramas moviéndose, una linterna parpadeando, una sombra…
—Ahí está… —murmuré.
De repente, la visión se estabilizó. Dentro del cristal apareció una imagen clara aunque temblorosa: el bosque de The Hollow de noche, alguien corriendo, una presencia oscura siguiéndolo. No era completa, pero era mucho más nítida que cualquier visión que Dylan hubiera compartido antes.
—¡Lo tenemos! —exclamé.
Dylan abrió los ojos de golpe. Los dos nos miramos al mismo tiempo, con una sonrisa enorme y triunfante. La adrenalina del momento nos hizo acercarnos sin pensarlo. Nuestras frentes casi se tocaron y nuestras manos estaban unidas. Por un segundo, el mundo desapareció. Solo estábamos él y yo, el cristal brillando entre nosotros y esa energía nueva que parecía tirar de nosotros.
Sus labios estaban muy cerca de los míos. Sentí su respiración acelerada. Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía oírlo.
Estábamos a punto de…
—¡Excelente! —la voz de la profesora Elara rompió el momento—. Muy buen trabajo. Han conseguido un anclaje parcial muy estable. Pueden volver a sus sitios.
Nos separamos rápidamente, los dos con las mejillas sonrojadas. Dylan se pasó una mano por el pelo, avergonzado. Yo me mordí el labio y volví a mi asiento sin mirarlo directamente.
El resto de la clase continuó con explicaciones teóricas sobre límites de proyección y riesgos de saturación mental. Yo tomaba notas de forma mecánica, pero mi mente seguía en ese casi beso que casi había ocurrido.
Cuando terminó la clase, Dylan y yo salimos juntos en silencio. Ninguno mencionó lo que había estado a punto de pasar, pero la tensión entre nosotros era palpable.
El resto de la mañana pasó entre clases normales. A la hora de la comida nos reunimos con Aurora y Owen en nuestra mesa habitual del comedor.
En cuanto nos sentamos, Aurora sonrió con picardía.
—Os hemos estado esperando. Tenemos novedades.
Owen dejó sobre la mesa un par de hojas dobladas que parecían copias de documentos antiguos.
—Nos hemos saltado las clases —dijo en voz baja—. Y fuimos a la biblioteca restringida. Conseguimos acceder a algunos registros viejos de incidentes en The Hollow.
Dylan se inclinó hacia delante, interesado.
—¿Y qué habéis encontrado?
Aurora miró alrededor antes de hablar.
—Hay varios casos documentados de alumnos que desaparecieron o aparecieron “vacíos” hace años. Todos tenían dones perceptivos o mentales. Y en casi todos los informes aparece la misma anotación: “Posible interferencia de don mental de alto riesgo”. No dan nombres, pero sí describen el patrón: manipulación emocional que deriva en drenaje energético.
Owen añadió:
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Editado: 20.07.2026