El Eco del Alma

El Precio del Destino

“El alma puede despertar en el caos,

pero es en el orden donde aprende a obedecer.”

Fragmento de los archivos del Primer Director, año 209 del Triflujo.

El traqueteo del carruaje y el golpe de las puertas fue lo primero que escuchó.

Aldric abrió los ojos con dificultad; la cabeza le pesaba, la garganta estaba seca. El aire olía a hierro y madera húmeda, y la luz que se filtraba por la ventana era pálida, como si el mundo entero estuviera envuelto en neblina.

—¿Dónde... estamos? —murmuró.

Nera alzó la vista. Tenía el rostro cansado, los ojos enrojecidos, pero al verlo despertar sonrió con alivio.

—Hola, bobo. Tranquilo, estás bien. Descansa.

Él intentó incorporarse, pero el cuerpo le pesaba demasiado.

—¿Mamá? —preguntó, con la voz apenas audible.

Nera bajó la mirada. Las palabras no le salieron. El

silencio bastó para que Aldric entendiera. Sus manos temblaron.

Kael, frente a ellos, observaba la escena con el ceño fruncido. No había dormido. Su rostro mostraba la fatiga de quien no quiere pensar, pero lo hace igual.

—¿Qué hiciste? —la voz de Aldric cortó el silencio—. ¡Nos trajiste aquí! ¡Por tu culpa ella...! ¡Por qué no nos ayudaste antes!

—Aldric, basta —intervino Nera, sujetándolo por los hombros—. No fue su culpa.

—¿Cómo no? —gruñó, soltándose—. ¡Él se ofreció! ¡Sabía lo que iba a pasar!

Kael apretó la venda de su mano y desvió la mirada hacia la ventana.

—Hice todo lo que pude... espero que algún día lo entiendas —dijo en voz baja.

Aldric no respondió, pero su respiración seguía agitada; su cuerpo ardía, y su mano también. Nera lo abrazó con fuerza, y por un instante, el carruaje se calmó.

Cuando el movimiento se detuvo, Malik abrió la puerta.

Su capa blanca, manchada de barro, contrastaba con el brillo metálico del emblema del Triflujo sobre su pecho. Su mirada era tan severa que, aun sin gritar, parecía dar órdenes solo con la forma en que respiraba.

—Llegamos —anunció, con su tono seguro y cortante—. Bienvenidos a la Gran Academia Trison.

El aire exterior era frío, denso, y olía a piedra mojada. Los tres bajaron en silencio, y lo que vieron los dejó sin habla.

Kael fue el primero en salir. No era la primera vez que pisaba la academia, aunque esta vez el contexto lo enfermaba. Apretó las manos y ayudó a Nera a bajar. Quiso ofrecer la suya a Aldric, pero este apartó la mirada y saltó solo.

Ante ellos, las torres de Trison se alzaban como columnas del cielo. Tres gigantes de piedra negra y cristal azul, unidos por puentes suspendidos que brillaban como ríos de luz. En la base, una vasta explanada se extendía hasta donde la niebla lo permitía. Cientos de aprendices, instructores y guardias se movían entre los caminos como un enjambre ordenado.

Malik se giró hacia ellos.

—La academia es el corazón del Triflujo —dijo con orgullo—. Aquí se entrenan los ecos, se estudia la naturaleza del alma... y se decide el futuro de cada uno.

Aldric lo miraba con una mezcla confusa de asombro, miedo y, en el fondo, una emoción contenida: era la academia con la que siempre había soñado, pero no así, no de esta forma.

—¿Y si queremos irnos a casa? —preguntó.

Malik arqueó una ceja, sin molestarse.

—Entonces el Triflujo te devolverá al polvo. No todos los ecos sobreviven sin guía. Dale tiempo.

Nera se interpuso antes de que Aldric respondiera.

—¿Y mamá? —preguntó, conteniendo el temblor en la voz—. ¿Podremos escribirle? ¿Traerla aquí para que la revisen?

Malik la observó por un momento. No fue cruel, pero tampoco compasivo.

—Todo a su tiempo. Primero, el Director debe evaluarlos. Después... se verá.

Caminaron detrás de él por los pasillos empedrados. Las paredes imponían una calma solemne, como si estuvieran hechas no solo de piedra, sino de historia. A lo lejos, otros carruajes descargaban a más niños: algunos tan asustados como Aldric, otros envueltos en silencio, y algunos con un aire arrogante que delataba linajes importantes.

—Esos son los nuevos —dijo Malik sin girarse—. Reclutados en los últimos meses. Todos con dones inestables. Aprenderán juntos... si sobreviven a la primera prueba.

Kael tensó la mandíbula.

—Siempre tan amable, Malik. No has cambiado nada.

El reclutador sonrió apenas.

—Prefiero la verdad al consuelo.

Subieron una escalinata flanqueada por estatuas de piedra blanca: antiguas figuras con los ojos cubiertos, cada una sosteniendo una esfera de cristal que aún emitía un tenue resplandor.

—Los Ojos del Alma —explicó Malik—. Se dice que pueden ver la pureza del eco en quien los mira.

Aldric se estremeció.

—¿Y para qué sirve la pureza en un eco?

—Todo a su tiempo —susurró Malik, con una sonrisa apenas visible.

Atravesaron un arco inmenso. Detrás, un salón luminoso se abría como un templo. El techo estaba cubierto de grabados que narraban las Guerras del Despertar; las llamas y los rayos parecían moverse con la luz que se filtraba desde arriba.

Al fondo, un hombre los esperaba sentado frente a un escritorio de mármol blanco. No era lo que imaginaban.

No tenía barba ni armadura, ni el aire severo de un general. Era joven, de ojos tranquilos y cabello plateado, vestido con una túnica azul oscuro. En cualquier otro lugar, podrían haberlo confundido con un estudiante.

Cuando habló, su voz fue serena, pero llenó toda la sala.

—Bienvenidos a Trison. Soy Arven, el actual director.

Malik inclinó la cabeza con respeto.

—Los tres provienen de Liria. Dos ecos confirmados. Uno... inestable.

—Ya veo —dijo Arven, levantándose.

Su mirada se detuvo primero en Nera, luego en Kael, y por último en Aldric.

—Dos almas que gritan, y una que aún no comprende por qué —murmuró—. Esa cara... a ti te conozco.



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En el texto hay: fantasia, magia, academia

Editado: 02.01.2026

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