El Eco del Alma

Herencia Ígnea

“El fuego no se transmite por la sangre, sino por la culpa.

Cada llama nueva lleva el recuerdo de quien ardió antes.”

— Crónicas del Triflujo, Vol. IV

El silencio era espeso como el humo.

Malik alzó la vista del pergamino, y el sonido de su voz pareció atravesar la sala.

—La siguiente es Nera Ross. Veamos si tienes algo de tu padre.

El murmullo que recorrió las filas fue distinto al de antes. No había burla ni expectación, sino algo más profundo: curiosidad y miedo mezclados.

Aldric frunció el ceño, confundido.

—¿Qué dijo? —preguntó en voz alta—. ¿Nuestro padre? ¿Lo conoces?

Malik arqueó una ceja, sin dejar de sonreír.

—Tal vez lo conocí, tal vez no. El apellido Ross no es común y deja huella, incluso en lugares donde no debería.

Nera dio un paso al frente, el corazón latiendo con fuerza.

—¿Qué sabe de él? —preguntó, sin poder contenerse—. ¿Sabe dónde está?

Malik giró su bastón entre los dedos con aire distraído.

—Relájate, pequeña. No todo lo que se dice en Trison merece una respuesta. —Sonrió de lado—. Pero si tu padre fue quien creo… supongo que el fuego corre en la familia.

Aldric dio un paso adelante, furioso.

—¡Responda!

—Tranquilo, niño. Guarda fuerzas para algo útil —replicó Malik sin siquiera mirarlo—. No querrás quedar en ridículo antes de tu turno.

Los dos hermanos se quedaron helados, sin saber si hablaba en serio o si solo disfrutaba torturarlos.

Nera sintió el pulso en su pecho acelerarse, mezclando rabia y miedo.

La mención de su padre había abierto una herida que no sabía que seguía viva.

¿Era solo una provocación o Malik realmente sabía algo?

El reclutador bajó el bastón y clavó la mirada en ella.

—Al círculo, Ross. —Su tono era suave, pero no admitía réplica—. Veamos si heredas su fuego o su cobardía.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Aldric intentó sujetarla por el brazo.

—Nera, no tienes que hacerlo si no quieres —susurró.

Ella lo miró, temblando, pero con una determinación que él reconoció al instante.

—Tengo que hacerlo —dijo, y dio el primer paso.

El suelo parecía respirar bajo sus pies. Cada símbolo del círculo pulsaba con una luz azul pálido, como si esperara su presencia. Nera se detuvo al borde, los guantes empapados en sudor. El recuerdo de su casa, del incendio, de su madre cayendo al suelo, de la cicatriz de Aldric, cruzó su mente como un rayo. El miedo la empujaba hacia atrás, pero algo dentro de ella —una chispa vieja, una voz enterrada— la obligó a avanzar.

Entró.

El aire cambió.

El sonido de las antorchas flotantes se desvaneció.

La luz del círculo se volvió rojiza, palpitante.

Nera sintió cómo su corazón latía al mismo ritmo que el resplandor bajo sus pies. Malik observaba, serio por segunda vez en toda la mañana.

—Tranquila, Ross. No peleas contra nadie. Solo contra ti misma —dijo, activando el bastón.

El círculo se encendió. El calor golpeó el aire como una ola.

Nera cerró los ojos.

Y el fuego respondió.

Una llamarada brotó de sus manos antes de que pudiera respirar. La energía corrió por su cuerpo como un torrente vivo, imposible de contener. Las llamas no la quemaban, pero todo a su alrededor temblaba. Las líneas del suelo se encendieron con un brillo carmesí, y el aire se llenó de cenizas luminosas. Los demás retrocedieron instintivamente.

Aldric gritó su nombre, pero la voz no le llegó.

Dentro del círculo, Nera sentía que algo la llamaba desde dentro del fuego.

Era una voz suave, familiar, casi humana.

“No temas. Úsame, sé como él.”

Nera abrió los ojos y vio una estela de luz que se movía a toda velocidad. No podía verla del todo, solo el rastro brillante que dejaba. Se sentía segura… hasta que el calor subió de golpe. La luz la golpeó en el brazo; no la quemó, pero dolió.

—¡Nera! —gritó Kael, pero ella no lo escuchó.

El aire vibró.

La estela comenzó a acelerar, girando a su alrededor. Cuando tocaba el suelo, dejaba grietas ardientes. Los reclutas observaban con miedo y asombro.

—Al parecer heredaste ambas, Ross. El fuego silente… inestable, pero poderoso —dijo Malik anotando en su pergamino—. Ya apágalo, con eso fue suficiente.

Cuando intentó hacerlo, una llamarada salió de sus dedos. El fuego se elevó aún más, formando espirales que rozaban el techo.

Malik apretó el bastón.

—¡Contrólalo, Ross! O te consumirá a ti también.

Las estelas parecían bailar alrededor de ella, hermosas y letales. Una golpeó a Malik en el brazo; este logró bloquearla con su armadura, pero la furia se reflejó en su rostro. Giró el bastón, su marca brilló y el aire comenzó a arder sin oxígeno.

Nera gritó. Las llamas la envolvieron por completo.

Por un instante, todo fue luz.

El fuego se elevó como una columna viva, y del centro de ella, una explosión de calor barrió el círculo.

Cuando el resplandor se disipó, el suelo estaba agrietado.

Nera permanecía en pie, los brazos temblorosos, la mirada perdida.

A sus pies, el fuego se apagaba lentamente, dejando un brillo anaranjado en las marcas del suelo.

Malik bajó el bastón, serio.

—Prueba… aprobada —dijo al fin.

—Abajo, Ross. Tenemos que cambiar de círculo. Si es que puedes sola.

Nera cayó de rodillas, jadeando. Aldric corrió hacia ella, pero dos guardias lo detuvieron. Kael observaba en silencio, los puños cerrados. El fuego había respondido. Pero la voz del eco aún resonaba en su cabeza.

“Úsame…”

Cuando intentó ponerse de pie, un chico la sostuvo antes de que cayera.

—Eso fue increíble. Incluso golpeaste a Malik —dijo sonriendo.

Era mayor, de sonrisa cálida.

—Silencio, chico, si no quieres que te golpee yo —gruñó Malik—. Tú eres el siguiente, Paul. A ver si sigues sonriendo.



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En el texto hay: fantasia, magia, academia

Editado: 29.01.2026

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