El Eco del Tumi

“Zorro, Puma y una Mentira Sagrada”

Lugar: Ruinas de Kuelap → Visión onírica de Ukumari → Camino al aeropuerto de Chachapoyas

*****

El sol apenas asomaba sobre las murallas de Kuelap cuando Illari sintió que no estaban solos.

Killa lo notó al mismo tiempo. Se puso de pie de un salto, ojos dorados alerta.

—Alguien viene —dijo.

—¿Más sombras?
—No. Son… nuestros.

Antes de que Illari pudiera preguntar, una voz femenina, afilada como cuchillo de obsidiana, sonó desde lo alto de una torre:

—¡Vaya, vaya! El gran Killa, protector de los Pachas… reducido a niñera de humana.

Una figura ágil descendió de la muralla con la gracia de una sombra. Piel cobriza, cabello corto y despeinado, ojos verdes que brillaban con malicia. Vestía un abrigo andino desgastado, botas de montaña y un collar con un diente de zorro.

—Yana —dijo Killa, sin sorpresa, pero con fastidio—. ¿Viniste a robar algo o solo a molestar?

—Ambas —respondió ella, aterrizando con un giro—. Pero primero, necesito café. ¿Tienen café en este museo al aire libre?

Detrás de ella, una figura más imponente emergió de la niebla. Alto, complexión de guerrero, mirada seria. Pelo negro recogido, túnica oscura con bordes de piel de puma. Sus ojos, ámbar intenso, evaluaron a Illari como si midieran su valor.

—Rumi —dijo Killa, asintiendo con respeto—. Los Ancianos los enviaron rápido.

—Demasiado rápido —gruñó Rumi—. Porque tú fallaste.

Illari dio un paso al frente.
—Oye, él no falló. Cerramos el portal.
—Cerraron uno —corrigió Yana, sacando una termo de su mochila—. Pero se abrieron tres más. En el Titicaca, en Nazca… y en el corazón de Lima.
—¿Lima?
—Sí. Tu amiga Luz está en problemas —dijo Rumi, serio—. Nexus hackeó su sistema. Buscan la Segunda Reliquia: el Espejo de los Orígenes, escondido bajo las islas flotantes de los Uros.

Illari palideció.
—¿Luz está en peligro?

—Por ahora, solo está furiosa —dijo Yana, sirviéndose café—. Pero si Nexus llega al Espejo antes que nosotros, podrán ver el pasado de cualquier persona… y borrarlo.

Killa miró a Illari.
—El Espejo también puede mostrar verdades ocultas.
—Como… quién atrapó a mi padre.

Yana los miró a ambos, arqueando una ceja.
—Ah, sí. El papá desaparecido. Qué tierno. Mientras tanto, el mundo se deshace. Pero claro, el drama humano primero.

—No es drama —dijo Illari, con fuego en la voz—. Es mi vida.
—Y ahora es la nuestra —añadió Killa.

Rumi asintió, aunque su expresión seguía dura.
—Tenemos un avión privado esperando en Chachapoyas. Sale en dos horas.
—¿Avión privado? —preguntó Illari.
—Los Ancianos tienen contactos —dijo Yana, guiñando un ojo—. Incluso en Aerolíneas Andinas.

—No confío en ti —dijo Rumi, mirando a Illari—. Los humanos rompen lo que tocan.
—Y yo no confío en los pumas gruñones que juzgan sin conocer —respondió ella.

Un tenso silencio. Hasta que Yana soltó una carcajada.

—¡Me caes bien! —dijo, dándole un golpe amistoso en el hombro—. Eres la primera que le cierra la boca a Rumi sin usar magia.

Rumi gruñó.

Rumi gruñó… pero sus ojos se desviaron hacia Anahí, que acababa de aparecer entre los árboles, con hojas en el pelo y una sonrisa traviesa.

—¿Ya empezaron sin mí? —dijo Anahí, acercándose a Rumi—. Qué groseros.

Rumi cruzó los brazos, pero no se alejó.

—Estabas jugando con raíces otra vez.

—Eran raíces estratégicas —respondió Anahí, rozando su brazo—. Además, tenía que asegurarme de que no te comieras a nadie.

—No como humanos —dijo Rumi, con sequedad… pero sus mejillas se tiñeron levemente.

Yana soltó un silbido exagerado.

—¡Uy! ¡El puma tiene corazón!

—Cállate, zorra —gruñó Rumi.

—Vámonos. El tiempo no espera.

Estaba claro que Anahí ya conocia a Rumi, aunque aun tenia muchas preguntas y todo pasaba muy rapido, Yana era una shifter zorro, podia tranformarse en uno, pero la diferencia era que mas grande y sus poderes eran superiores, al igual que Rumi, solo que él era un Puma gigante, contrario a Killa, un dragon. Ademas Anahí Rojas era una conocida botanica y biologa, pero que preferia vivir con tranquilidad, ademas sus dones que venian de antecesores, tenia conexion con la naturaleza y era muy divertida, me hizo recordar a Luz, esperaba que ella estubiera bien.

*****

Mientras tanto, en Lima…

Luis se deslizaba por los pasillos del edificio corporativo de Nexus disfrazado de técnico de redes, con una gorra demasiado grande y un maletín lleno de cachivaches hechos con chips de viejos celulares y cables de auriculares.

—Solo necesito cinco minutos… —murmuró, conectando un pequeño dispositivo a un puerto USB en la sala de servidores.

En la pantalla parpadeante, apareció el rostro de Luz, grabado en bucle: “Si ves esto, Illari, no vengas sola. Nexus tiene un laboratorio subterráneo. Tienen a… a alguien. Algo que brilla en la oscuridad.”

La grabación se cortó.

Luis tragó saliva. Sabía que no podía rescatarla él solo. Pero sí podía enviar una señal.

Con dedos temblorosos, activó su último invento: el “Chasqui Cósmico”, un transmisor que usaba frecuencias ancestrales mezcladas con Wi-Fi cuántico (o eso decía su cuaderno).

—Que llegue a alguien que no sea de aquí… —susurró.

El dispositivo emitió un destello dorado… y se apagó.

En algún lugar de los Andes, un hombre de cabello plateado y ojos violeta sintió un cosquilleo en su muñeca. Miró su reloj antiguo, que no marcaba horas, sino estrellas.

—Alguien llama desde el Kay Pacha —dijo, sonriendo—. Parece que la fiesta comenzó.

Miro hacia su hija, lo que destacaban de ellos eran su cabello blanco y ojos violetas.

*****

De vuelta en Kuelap…




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