La madre de Aberts no podía explicarlo.
Pero lo sentía.
Desde que bajo las escaleras… algo no estaba bien.
No era lo que decía.
No era lo que hacía.
Era… como lo hacía.
Demasiado perfecto.
Demasiado vacío.
Lo observo en silencio mientras desayunaba.
Cada movimiento…. Calculado.
Cada gesto… aprendido.
Como si alguien estuviera imitando a su hijo.
-Alberts dijo… suavemente.
El levanto la mirada.
Lento.
-Si…
Otra vez esa voz.
Correcta…. Pero sin vida.
Ella dudo.
- ¿Recuerdas lo que paso anoche?
Silencio
Un segundo
Dos
Tres
-No
Demasiado rápido.
Demasiado directo.
La madre apretó las manos.
-Te escuche hablar solo…-dijo- Decias cosas… raras.
Alberts inclino la cabeza.
Como si analizara la información.
- ¿Qué cosas?
Eso fue suficiente.
Un escalofrió le recorrió todo el cuerpo.
Por que esa no era una respuesta normal.
Eso no lo diría su hijo.
Eso lo diría alguien…. Que necesita aprender.
-Nada importante… -respondió ella, intentando mantener la calma.
Pero ya era tarde.
Ella lo sabía.
Ese…
No era su hijo.
Mientras tanto…. en el otro lado.
Alberts dejo de golpear.
No por que quisiera.
Porque ya no tenía fuerzas.
Cayo de rodillas.
Respirando con dificultad.
El aire… cada vez más pesado.
Y entonces…
Lo escucho.
Un susurro.
Pero no era la misma voz de antes.
Era más diferente.
Mas profunda.
Mas… antigua.
-No eres el primero…
Alberts levanto la mirada, con miedo.
- ¿Quién está ahí…?
Silencio.
Luego.
Sombras.
Formas humanas… o lo que quedaba de ellas.
Apareciendo lentamente en la oscuridad.
Una de las figuras se acercó.
Su rostro deformado.
Vacio.
—Un lugar… donde terminan los olvidados…
El corazón de Alberts se hundió.
—No… yo no pertenezco aquí…
La figura inclinó la cabeza.
Y entonces dijo algo que lo destruyó por dentro:
—Todos dijimos lo mismo…
Editado: 24.03.2026