El Eco En La Oscuridad

CAPITULO 9: HAMBRE.

La madre de Alberts no podía moverse.

El miedo la había congelado.

Pero no era solo miedo…

Era instinto.

Algo dentro de ella gritaba que corriera… que huyera… que ese no era su hijo.

Pero sus piernas no respondían.

La cosa dio otro paso.

Lento.

Seguro.

Observándola como si no fuera una persona…

sino algo más simple.

Algo… comestible.

—¿Qué quieres…? —susurró ella, con la voz rota.

Silencio.

Y entonces…

—Recordar.

La respuesta no tenía sentido.

Pero su tono…

Sí.

La cosa levantó la cabeza, como si oliera el aire.

—El miedo… —dijo—. Es lo que más los acerca a nosotros…

La madre comenzó a llorar.

—Por favor… déjalo… déjalo volver…

La cosa sonrió.

Pero esta vez…

No fue una sonrisa humana.

Fue algo más amplio.

Más… antinatural.

—Él está aquí…

Se llevó la mano al pecho.

—Solo que ya no manda.

Un paso más

Demasiado cerca.

—¿Sabes qué es lo peor…?

Ella negó con la cabeza, temblando.

La cosa susurró:

—Que todavía puede sentirlo todo.

El mundo se le rompió.

—No…

Y entonces—

La luz se apagó.

Todo quedó en oscuridad.

Y en el silencio…

Se escuchó un grito.

EN EL OTRO LADO

Alberts levantó la cabeza de golpe.

—¡MAMÁ!

Lo sintió.

No lo vio.

No lo escuchó claramente.

Pero lo sintió.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Se levantó, desesperado.

—¡TENGO QUE SALIR!

Las sombras no se movieron.

Solo observaban.

—¡DÍGANME CÓMO!

Silencio.

Luego…

Una de ellas habló:

—No se trata de salir…

Alberts apretó los puños.

—¡ENTONCES QUÉ!

La figura señaló la puerta.

—Se trata de enfrentarlo.

El corazón de Alberts latía con fuerza.

—¿A qué…?

Silencio.

Pesado.

Y entonces…

La respuesta:

—A lo que dejaste entrar.

Alberts miró la puerta.

La sangre.

La oscuridad.

Su pasado.

Y entendió.

Esa cosa no era solo un monstruo.

Era algo más.

Algo que había crecido con él.

Algo que conocía todo de él.

Sus miedos.

Sus errores.

Sus debilidades.

—Si entro ahí… —susurró— ¿puedo recuperarlo todo?

Las sombras no respondieron.

Pero una de ellas dijo algo que lo heló por dentro:

—Si entras…

Puede que no quede nada que recuperar.



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En el texto hay: miedo, mente, terro

Editado: 24.03.2026

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