El pasillo parecía más largo que antes.
O tal vez…
Era Alberts quien estaba cambiando.
Cada paso hacia la puerta hacía que algo dentro de él se retorciera.
Como si su propio cuerpo intentara detenerlo.
Pero ya no había opción.
No después de lo que sintió.
No después de ese grito.
—Mamá… —susurró, con la voz quebrada.
La puerta estaba frente a él.
Más viva que nunca.
La sangre… ya no parecía sangre.
Se movía.
Respiraba.
Como si estuviera esperando.
Alberts cerró los ojos por un segundo.
Recordó todo.
El miedo de niño.
La voz detrás de la puerta.
El momento en que dudó…
Y abrió.
—Yo te dejé entrar… —dijo, temblando.
Silencio.
Profundo.
Y entonces—
Empujó la puerta.
DENTRO
No había habitación.
No había suelo.
No había cielo.
Solo oscuridad.
Infinita.
Y en medio de esa nada…
Algo respiraba.
Alberts dio un paso.
—Ya no voy a huir…
Su voz se perdió en el vacío.
Y entonces…
Se escuchó.
Una risa.
Lenta.
Grave.
Antigua
—Siempre dices lo mismo…
La oscuridad comenzó a moverse.
No como una sombra…
Como algo con voluntad.
Como algo… vivo.
Y poco a poco…
Tomó forma.
No era humano.
Pero tampoco era completamente informe.
Era una mezcla de todo lo que Alberts temía.
Sus peores recuerdos.
Sus miedos.
Sus culpas.
Todo… junto.
Mirándolo.
—Tú no eres real… —dijo Alberts, tratando de mantenerse firme.
La cosa sonrió.
—Yo soy lo más real que tienes…
Un silencio pesado cayó.
—Yo estaba contigo… cuando dudaste.
Otro paso hacia él.
—Cuando tuviste miedo.
Más cerca.
—Cuando abriste la puerta.
Alberts apretó los puños.
—Yo era un niño…
—No.
La voz cambió.
Se volvió más fuerte.
Más dominante.
—Tú elegiste.
El mundo tembló.
Imágenes comenzaron a aparecer alrededor.
Recuerdos.
Fragmentos.
El niño Alberts…
La puerta…
Su mano temblando…
Y abriéndola.
—¡NO! —gritó— ¡NO SABÍA!
La cosa se detuvo frente a él.
Y por primera vez…
Se inclinó.
Como si lo mirara desde arriba.
—Y aún así…
Su voz bajó a un susurro.
—Me dejaste entrar.
LA VERDAD
El aire desapareció.
Alberts cayó de rodillas.
—¿Qué eres…? —preguntó, sin fuerzas.
Silencio.
Y luego…
La respuesta:
—Soy lo que queda… cuando el miedo gana.
Todo se detuvo.
—Soy la puerta que abriste.
—Soy la voz que escuchaste.
—Soy lo que crece… cuando decides no enfrentarlo.
La cosa extendió la mano.
Negra.
Infinita.
—Y ahora…
La sonrisa volvió.
—Soy tú.
El corazón de Alberts se rompió.
—No…
Las sombras alrededor comenzaron a acercarse.
Más figuras.
Más “personas”.
Todos… mirando.
Todos… iguales.
—Todos aquí… hicieron lo mismo —dijo la cosa—. Todos abrieron su puerta.
Alberts miró a su alrededor.
Desesperado.
Perdido.
—¿Entonces no hay salida…?
Silencio.
Largo.
Y entonces…
Por primera vez…
La cosa dudó.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
Porque Alberts lo vio.
—Tú… no quieres que salga…
La cosa no respondió.
Alberts se levantó lentamente.
—Porque si salgo…
Dio un paso hacia adelante.
—Te pierdo.
El aire cambió.
—Y tú…
Otro paso.
—No existes sin mí.
La sonrisa desapareció.
Por completo.
—Cállate.
Alberts sintió algo nuevo.
No miedo.
No desesperación.
Algo más.
Fuerza.
—Tú no eres yo.
Otro paso.
—Eres lo que dejé crecer.
Otro.
—Pero yo…
Su voz se quebró… pero no se detuvo.
—Yo todavía estoy aquí.
El ENFRENTAMIENTO
La oscuridad explotó.
La cosa gritó.
Una mezcla de miles de voces.
—¡TÚ NO PUEDES DESHACERTE DE MÍ!
Se lanzó hacia Alberts.
Rápida.
Violenta.
Pero esta vez…
Alberts no retrocedió.
Cerró los ojos.
Y en lugar de huir…
Avanzó.
El impacto fue brutal.
Oscuridad contra voluntad.
Miedo contra decisión.
Todo se rompió.
Recuerdos.
Voces.
Dolor.
Culpa.
Todo mezclándose.
Todo ardiendo.
Alberts gritó.
Pero no de miedo.
De lucha.
—¡YA NO!
La luz apareció.
Pequeña.
Débil.
Pero real.
Y comenzó a crecer.
La cosa gritó.
—¡NO! ¡SIN MÍ NO ERES NADA!
Alberts abrió los ojos.
Y por primera vez…
No vio oscuridad.
Vio claridad.
—Prefiero ser nada…
Un segundo.
Silencio.
Y entonces—
—A seguir siendo esto.
El FINAL
La luz lo consumió todo.
El grito se apagó.
Las sombras desaparecieron.
El pasillo…
La puerta…
Todo…
Se rompió.
DESPUES
Alberts abrió los ojos.
Estaba en el suelo.
En su cuarto.
Respirando.
Temblando.
Pero vivo.
La luz del amanecer entraba por la ventana.
Todo… parecía normal.
Se levantó lentamente.
Miró alrededor.
Silencio
Caminó hacia la puerta.
La abrió.
—¿Mamá…?
Su voz temblaba.
Pero era suya.
Real.
Y entonces…
Desde el fondo de la casa…
Una voz respondió.
Débil
Pero viva.
—Alberts…
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Respiró sin miedo.
PERO…
En el espejo…
muy en el fondo…
por un segundo…
Editado: 24.03.2026