El Eco Verde

Capítulo 3: Nombres que no deberían aparecer.

“Hay nombres que no deberían aparecer en tu pantalla.
Hay mensajes que llegan cuando ya es demasiado tarde.
Y hay persona que, aunque no conoces... parecen conocerte desde siempre.”

Aquel mensaje me dejó en vela:

“No es casualidad, Naira.
Si quieres entenderlo, busca a Sam.”

No tenía apellido.
No tenía contexto.
Solo un nombre.
Y sin embargo, algo en mí reaccionó.
No con miedo.
Ni con certeza.
Fue más como una sacudida interna.
Como si ese nombre hubiera estado escondido entre mis huesos, esperando a ser pronunciado.

Me pasé la madrugada buscando.
Redes sociales, foros sobre crímenes, bases de datos de la universidad, listados de asociaciones de víctimas, publicaciones...

Cada clic era una grieta más en la idea de que todo esto era simplemente raro, pero no peligroso.
Nada.
Nada durante horas.

Pero a las cinco de la mañana, encontré un perfil en Instagram: “Samvigilante99”.

No tenía nombre completo ni biografía.
Solo un ojo dibujado a mano como foto de perfil.

Su feed era un mosaico de fragmentos.
Fotos borrosas de símbolos, pantallas partidas, lugares vacíos, titulares sobre desapariciones en Madrid, capturas de artículos que parecían demasiado viejos.
Una publicación reciente (subida hace apenas unas horas) destacaba entre todas.

Una espiral verde.
Pintada con lo que parecía spray, en la pared desconchada de una estación de metro.
“Han vuelto a aparecer. No estamos a salvo.”

Sin pensar mucho, la escribí.
Solo un mensaje.
Sin introducción.

“¿Quién eres?”

Y luego, antes de que pudiera arrepentirme.

“¿Qué sabes de Gema?”

Pasaron varios minutos en los que solo se oía mi propia respiración.
Hasta que llegó su respuesta.

“Nos vemos mañana, Parque Conde Duque. 12:00”

No pregunté más.

............

Fui con cautela.
Llevé gas pimienta en el bolsillo izquierdo de la chaqueta y le pedí a Nuria que me escribiera a los 30 minutos.
La dije que si no contestaba en cinco, llamara a alguien.
A quien fuera.

Sam llegó puntual.
Chaqueta de cuero, botas gastadas, pelo recogido y unos ojos que parecían haber dormido muy poco durante los últimos años.

-¿Naira?- preguntó sin rodeos.
-Sí.
-No esperaba que vinieras.
-Yo tampoco.

Nos sentamos en un banco.
Parecía nerviosa, pero no me quitaba la vista de encima.
Me miraba como si ya supiera algo de mí que yo aún no había descubierto.

-Sé que estás en contacto con Danna.

Me tensé.

-¿La conoces?
-Digamos... que llevo tiempo siguiéndole la pista.

Mi cuerpo se encogió un poco.
Sam levantó las manos, como pidiendo que no sacara conclusiones.

-No es lo que piensas, no soy una acosadora. Pero Danna... no es una persona cualquiera. ¿No lo has notado?

Quise decir que no.
Negarlo.
Apretar los dientes y largarme.
Pero las palabras se me trabaron.

-Tú has sentido cosas raras, ¿verdad?- continuó. -Como si el mundo se doblara un poco cuando ella está cerca. Como si sus silencios pesaran más que los ruidos. Como si el aire cambiara de densidad cuando te mira.

No respondí.
No hacía falta

-Y la chica de Lavapiés...- añadió. -¿De verdad crees que fue una coincidencia?

Sam me enseñó una carpeta.
Desordenada, con esquinas dobladas y hojas que olían a humedad.
Fotos, artículos recortados, informes viejos.
Mapas marcados con círculos rojos.

En todas las escenas de crímenes... una espiral verde.
Siempre verde.

-Danna aparece, directa o indirectamente, en todos los casos. A veces como testigo. O como amiga de una víctima. O como una desconocida que solo pasaba por ahí.
-Eso es imposible- dije.
-¿Es imposible... o simplemente no quieres creerlo?

Se levantó.
Parecía impaciente por marcharse.
Como si haberme contado eso ya hubiera alterado algo.

-Mira en su cuaderno, pero hazlo sin que se dé cuenta. Si ves una espiral doble... entonces sígueme escribiendo. Si no... puedes olvidarte de todo esto.

Y antes de irse, sin dramatismo, dijo.

-Nadie que haya estado cerca de Danna ha salido ileso del todo.

Volví a casa sin saber qué creer.
Me duché con agua demasiado caliente.
Como si el vapor pudiera borrar algo.

Me hice un café y lo dejé enfriar en la mesa.
Miré mi móvil.
Pensé en Danna.
En su libreta.
En el temblor leve que sentía cuando me rozaba.
Y al final, sin aguantar más, escribí a Astrid.

Naira: Necesito verte. Urgente.
Astrid: ¿Ha pasado algo con Danna?
Naira: No. O sí. No lo sé. Nos vemos en el Retiro en 20.”

.........

Nos sentamos bajo un árbol, como en los viejos tiempos.
Ese árbol donde habíamos llorado por tonterías del instituto.
Donde nos habíamos prometido no crecer tan rápido.

Astrid me miraba con una mezcla de preocupación y ternura.

-¿Me estás diciendo que tu... novia, o lo que sea que es, está relacionada con asesinatos rituales?
-Sé cómo suena, pero... hay cosas que no encajan. Coincidencias demasiado precisas.

Le hablé de Sam.
De la carpeta, de las espirales, de los escalofríos, del vértigo, de las noches sin dormir.

-¿Y si esa Sam... te está manipulando?
-No lo descarto. Pero hay algo más.

Le hablé de los dibujos, del mensaje, de los asesinatos.

-Naira... si de verdad crees que estás en peligro, tienes que alejarte.
-¿Y si no es peligro? ¿Y si es algo que necesita ser entendido?
-No conviertas un enigma en una excusa para seguir colgada de alguien que no conoces del todo.

Me quedé mirando al cielo, estaba nublado otra vez.
Madrid no recordaba lo que era la luz.



#1237 en Fantasía
#600 en Thriller
#285 en Misterio

En el texto hay: romance, drama accion, novela lésbica

Editado: 29.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.