Me levanté por la mañana; la habitación seguía acomodada igual. Me enderecé en mi cama mirando hacia el buró que estaba al lado de mi cama; sobre él había un bote de pastilla gris y sin etiqueta. Lo tomé entre mis manos y saqué una de las píldoras negras con blanco y la miré entre mis dedos por un momento
-No... No lo haré...
Aplaste la píldora tirándola a la basura. Me dirigí a la mesa del comedor donde había dejado el día anterior un afiche donde buscaban trabajadores. Me vestí con ropa algo sencilla, unos jeans, sudadera y camiseta blanca. Salí de mi departamento y bajé las escaleras; a pesar de ser de día, las luces de las calles iluminaban el lugar. La fábrica del afiche no estaba muy lejos de donde me encontraba. Crucé algunas calles hasta llegar a la dichosa fábrica; era grande y podía oler ceniza en el lugar; de igual forma, veía columnas de humo negro que salían de lo más alto de la misma. Entré sin más y allí estaba un señor grande, de cabello canoso, pero no se veía muy viejo; tenía un cuerpo que mostraba que hacía ejercicio, tenía una barba cuadrada y una pequeña cicatriz en la mejilla, y parecía darle indicaciones a uno de los trabajadores; en cuanto me vio con el afiche en la mano, se acercó a mí con una carcajada
-¿Buscas trabajo, muchacho? -preguntó dándome una palmada en la espalda
-Sí... ayer vi el afiche y el dinero no cae del cielo
-Sígueme, revisaré tu currículum en mi oficina
Las tuberías estaban oxidadas y de algunas salía vapor. Algunas veces, podía ver a los trabajadores haciendo diversas cosas: mover carbón, arreglar tuberías y muchas cosas más.
-El día está despejado, ¿no lo crees?
Miré al señor pensando que era algún tipo de broma, pero él seguía caminando
-¿Despejado? El smog cubre el cielo; uno pensaría que es de noche
-¿No eres muy alegre, cierto?
-Lo dices como si el gobierno lo permitiese
El señor guardó silencio tras escuchar mi comentario. Al final de uno de los pasillos estaba la oficina del señor; estaba algo más limpia. Papeles sobre el escritorio, un foco amarillo que iluminaba la habitación. Él se sentó colocando sus zapatos sobre el escritorio y tomando mi currículum
-Veamos... así que Aidan... graduado de la universidad "Tierra Nueva" con un promedio... -Vaya, hacía tiempo que no veía tan buenas calificaciones de un egresado de mi misma universidad. -Él se enderezó y estiró su mano para hacer un apretón de manos. -No hay más candidatos, así que el trabajo es tuyo. -Algunos días harás unas cosas y otro día otras; serás un "todólogo" en términos simples -dijo con una risa, a la que respondí mirándolo fijamente. El señor no se detuvo; en cuanto se calmó, me entregó unos guantes y mencionó que ese día ayudaría a mover carbón. El día pasó realmente lento; mi jornada terminó unas horas antes de que anocheciera
-¡Oye! Tú eres el nuevo, ¿verdad? Ven a beber con nosotros, será algo así como tu bienvenida.
Gritó uno de los trabajadores que iban saliendo; los demás también voltearon a verme. Yo tomé mi sudadera tratando de mancharla lo menos posible
-Gracias, pero tengo cosas que hacer, la próxima tal vez...
Pasé entre ellos saliendo de la fábrica mientras podía observar de reojo cómo se miraban entre ellos y uno se encogía de hombros. Mientras caminaba de regreso a mi departamento, me detuve un momento; una tienda había llamado mi atención. Era una tienda de androides; no la había visto antes o tal vez simplemente no le presté atención. Entré y, recibiéndome, había una androide femenina; por un momento pensé que era una persona hasta que vi una especie de tatuaje en su mejilla como si fuera una etiqueta y uno de sus ojos era verde
-Hola, señor, ¿buscaba algo en especial?
Miré a la androide y pasé de largo de ella. Exhibida había una androide sentada; al igual que quien me recibió, no había mucha diferencia visual con un humano.
-Ella es el producto más reciente. Es el modelo MQR-354, tiene distintas funciones, aunque los clientes suelen comprarla para tareas domésticas. Su costo es de 25 mil Qis
-¿25 mil?
-Es un modelo de alta gama, señor, esa es la razón de su precio
Solté un suspiro y salí, volviendo a caminar hacia mi departamento. Al llegar, saqué mis llaves y abrí la puerta, coloqué una tetera a hervir y saqué unos fideos instantáneos de la alacena.
-Tareas domésticas... realmente no tengo tiempo ni las ganas de barrer... supongo que no estaría mal...
Coloqué el agua caliente en los fideos dejando que se cocieran, abrí el segundo cajón del buró y saqué un sobre amarillo. Me senté a comer mis fideos mientras contaba el dinero del sobre
-19 mil... Si trabajo algunas horas extras, tal vez no tarde más de unas 2 o 3 semanas en tener 25 mil...
Me acosté a dormir... Las siguientes semanas no fueron muy diferentes; el tic-tac del reloj sonando sin parar me despertaba a la misma hora y hacía trabajo de turno completo, saliendo hasta la noche.
Después de ser rechazados múltiples veces, los trabajadores dejaron de invitarme a beber o de preguntar la razón de mis horas extras.
Logré juntar los 25 mil Qis y un poco más para no quedarme en bancarrota; sería lo menos que quisiera en este momento. Aprovechando que era sábado por la tarde, salí yendo a la tienda de androides, pero mi sorpresa fue grande cuando la androide ya no estaba en exhibición, y por ende, en venta. Salí y me recargué sobre el barandal que divide la calle y la banqueta mientras miraba los coches pasar
-Supongo que al menos aumente mis ahorros...
-¿Te robaron tu producto? Bueno, técnicamente no era tuyo, no habías pagado por él aún -dijo un señor desconocido a mi lado. Lo miré brevemente, volteando a verlo con mis ojos; tenía unas gafas cuadradas y pelo castaño que parecía no haber conocido los peines nunca y usaba ropa cómoda y sobre ella una bata de médico... Si me pidieran pensar en un científico loco, definitivamente imaginaría algo parecido a él. Me volteé a ver nuevamente los coches pasar, ignorándolo por completo