El Efecto Haylee x Baylee

La doble vida de Hernan Ravenson

Diciembre 14, 2001

Pensilvania, Estados Unidos

Hernan Ravenson había terminado sus estudios en la licenciatura en medicina; y apenas hizo esto decidió comenzar con su especialidad; cardiología, siendo siempre el mejor de su clase, así como cuando estaba en la licenciatura; esto le llevó a ser uno de los mejores cardiólogos en Estados Unidos, ganándose mucho reconocimiento a lo largo de los años; y es que no era para menos, Hernan había sido educado dentro de una familia con valores, que le habían enseñado el valor del compromiso, de la responsabilidad y de la honestidad, así como el de la perseverancia; Hernan sabía que para conseguir lo que quería debía de esforzarse, porque las cosas no llegan solas a tus manos.

Y en esto, no solo había apoyado su familia; claro que sus padres habían hecho la mayor parte, con la educación que le brindaron a su hijo él había conseguido llegar muy lejos; pero también era importante reconocer el esfuerzo que le había ofrecido su esposa; la bella Elizabeth Oxford, que pasó a llamarse Elizabeth Ravenson apenas contrajo nupcias con Hernan.

Elizabeth Oxford era una chica proveniente de Pensilvania, Estados Unidos de América, específicamente del condado de Allentown. Había conocido a Hernan cuando ingresó a la academia de música, en la misma calle en la que se encontraba la preparatoria de Hernan, ella estaba en secundaria, pero las coincidencias entre la academia y la preparatoria de Hernan hicieron de las suyas.

Pronto Hernan quedó tan deslumbrado por la belleza y talento de Elizabeth que decidió serían novios y que nunca nada, ni nadie los separaría. Fue así que Hernan y Elizabeth decidieron pasar el resto de sus días juntos; Hernan le propuso matrimonio, y Elizabeth aceptó, así que apenas ella terminó la carrera de música la pareja organizó la boda, una muy pequeña; solo con la familia de ambos; y fue precisamente la familia de Elizabeth los que hicieron que pareciera que había mucha gente; era una familia numerosa; por parte de Hernan solo eran sus padres y su hermano mayor quien estaba casado y con un solo hijo, así que no era tan numerosa en comparación de la familia Oxford.

Pero la felicidad no duró por mucho tiempo; Hernan tenía que continuar con el último año que le faltaba cursar para terminar con su especialidad.

Apenas regresó para las vacaciones de primavera junto a su ahora esposa, recibió la noticia de que serían padres, pero eso no ayudó a que su matrimonio fuera mejor; Hernan tenía algo diferente, algo que Elizabeth no notaba, pero que para las demás personas era muy notable; estaba más distante, aun teniendo presente el embarazo las actitudes con su esposa eran diferentes y de eso la familia era consciente, pero Elizabeth estaba enamorada de su embarazo, y aunque no quisieran admitirlo, las mujeres de su familia esperaban que la llegada de ese bebé fuera beneficioso para el matrimonio.

Por otro lado, Hernan estaba emocionado, si, con la llegada de ese bebé, aunque no lo pareciera; el embarazo de Elizabeth le hacía creer que aún quedaba un atisbo de esperanza en su voz; una esperanza de que podía recuperar el amor que tenía sobre su esposa, antes de que fueran marido y mujer.

Durante los siguientes años, Haylee fue el único motivo que unía a Hernan y a Elizabeth. Ella y la imagen que debía de seguir sosteniendo Hernan sobre los demás, para el mundo Hernan era no solo el mejor cardiólogo que podía existir, sino también un padre de familia ejemplar.

Durante el tiempo en que Haylee asistía al preescolar, Hernan no dejaba de esforzarse, en volver a ser ese matrimonio ejemplar; hasta que lo consiguieron, ninguno supo cuándo, ni cómo, solo que estaba ahí el sentimiento de amor que había florecido años atrás y que pensaron se había marchitado.

—Papá, ¿si nos llevarás a casa de los abuelos? —Haylee era una chica muy inquieta que corriera por toda la casa; se habían tenido que mudar a una mucho más grande y espaciosa, debido a que Haylee, la pequeña Haylee que acababa de cumplir cuatro años, estaba de un lado para otro y necesitaba un lugar más espacioso para poder jugar y correr.

—¿Crees que podamos dejarlo para el siguiente año? —Hernan cargó en brazos a Haylee y la llevó consigo a su despacho, el único lugar donde ella estaba tranquila.

—Ahm, no creo que pueda esperar, además, también se lo has prometido a mamá; queremos conocer el pueblo donde naciste y creciste. Y quiero ver a los abuelos. —Haylee era una chica demasiado lista, y sabía muy bien cómo controlar a su padre; pero lo que ella no sabía es que su padre también tenía ciertos trucos bajo la manga que le ayudaban a obtener lo que él quisiera, cuando y del modo que él quería.

—Pero, podemos ir el siguiente año y quizás ahora si puedas ir con el tío Greg a andar en esquí. —Haylee amaba la nieve, y desde que vio una foto del tío Greg en el estudio de su padre, quiso intentar eso; era muy pequeña eso era obvio, pero una niña pequeña muy insistente.

—Tendré cinco para entonces y verás que seré la mejor. —Hernan asintió sonriendo de oreja a oreja mientras veía orgulloso a su hija

—Pero entonces, ¿estarás con nosotros para navidad? —El rostro de Hernan palideció mientras intentaba dar una respuesta correcta, gracias al cielo de que Elizabeth había entrado a salvarlo;

—Mi vida, tenemos que ir a dormir, papá necesita descansar, igual que tú. —Y sin más, Haylee se despidió de su hija, y prometió a Elizabeth alcanzarla en la habitación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.