Otoño comenzaba a hacer acto de presencia en Drinary. Las hojas de los árboles caían dejando un panorama algo triste y desolado. Aunque los presidentes de la ciudad no iban a dejar que Drinary se sumiera en una tristeza. Por eso, faltando una semana para la fiesta de la fundación de Elementus, todos en la ciudad estaban preparándose para la gran fiesta. Todos menos Aura. Aunque fuera también su cumpleaños, sentía que cada vez estaba más asfixiada de estar en esa ciudad. Ella siempre se sintió fuera de lugar, aunque según sus padres nació en esa ciudad. Necesitaba ver mundo, pero realmente lo que quería era huir de Izan, su amor oculto, aunque de niños fue su mejor amigo.
Pero al ser de elementos diferentes, desde los diez años ya no se hablaban. Y no era porque estuviera prohibido relacionarse con personas de otros elementos, ya que Aura tenía varios amigos de otros elementos, sino porque Izan decidió él solo alejarse de ella. Aura le preguntó, pero él no le contestó, la empujó en medio del patio de la escuela, delante de todo el mundo, y se fue riéndose con sus nuevos amigos. Ese episodio hizo que ella fuera una apestada social durante los próximos años. En cambio, Izan era el popular de su generación. Todos sus amigos eran del mismo elemento que él: **yanidin**. Aura seguía siendo amiga de los suyos desde niña. Para todos eran el grupo de los marginados. Pero ellos eran felices siendo amigos.
—¡Aura, cielo, vas a llegar tarde a la escuela! —le gritó su madre desde la cocina.
Hacía dos semanas que había iniciado el curso y para ella era como ir a la cárcel. Odiaba todo y no podía gritarlo. Se recogió en un moño mal hecho el cabello dorado y ondulado, dejando ver la marca de **Vana** en la parte de atrás del cuello. La del signo del zodiaco la tenía en la parte derecha de la zona baja del estómago. Se miró por última vez en el espejo y suspiró. Odiaba también el uniforme. El traje era negro, con camisa blanca y falda de cuadros negros y blancos. En la parte del pecho izquierdo estaba el símbolo de **Vana**.
Aura bajó las escaleras de su bonita casa. En Drinary todas las casas eran iguales, menos las de los presidentes. Solo había un edificio alto y era el ayuntamiento, hecho de cristal. Las casas eran de dos plantas, tejado de tejas de pizarra y fachada blanca. La distribución por dentro era amplia, con dos cuartos de baño y tres habitaciones.
—Buenos días, mamá —Aura besó en la mejilla a su madre mientras cogía una manzana.
—¿No vas a desayunar? —Mia estaba preparando huevos revueltos, pero Aura negó con la cabeza.
—¿Papá sigue de guardia? —Aura miró la hora en el reloj de pared de la cocina.
—Ya habrá terminado, seguro que está al llegar.
Justo la puerta se abrió, pero no era Mateo, sino Sabrina, la mejor amiga de Aura.
Sabrina era también **vanadin** como ella. Las dos eran las del mismo elemento en su grupo de amigos. Ella tenía sus marcas en el mismo brazo izquierdo, en la parte de atrás, una encima de la otra. Sabrina estaba locamente enamorada de uno de los amigos de Izan y no se cortaba ni un pelo en demostrarlo. Pero Julen la ignoraba; así era la actitud de los **yanidin**. Se creían superiores a los demás elementos, pero para Aura todos los elementos eran importantes.
—Buenos días —entró como siempre saltando, haciendo que su cabello rizado de color rojizo se moviera al compás de sus movimientos.
Aura envidiaba la luz que tenía su mejor amiga. No le importaba lo que la gente opinara sobre ella, solo seguía su instinto o, como Sabrina decía, seguía a su corazón.
—Nos vemos luego, mamá.
Las dos amigas salieron de la casa de Aura, donde afuera les esperaba Lucas.
Lucas Olso era uno de los chicos más inteligentes que Aura había conocido. Él era **primidin** y sus padres dirigían el cobertizo de la ciudad, donde crecían los vegetales y frutas que los alimentaban. Pero él no quería eso para su futuro. Al igual que Aura quería viajar y ver mundo. Lucas tenía su marca de **Primi** en el pecho, donde está el corazón, y la del signo del zodiaco en el hombro derecho.
—Buenos días, guapo —Sabrina se colgó del cuello de Lucas, haciendo que este diera la vuelta a sus preciosos ojos azules.
—Hola —le saludó Aura sonriendo.
—Hola —le contestó él, también sonriéndole y tirando su cabello castaño hacia atrás.
—En serio, chicos, dais ganas de vomitar —se quejó Sabrina mientras se apartaba de Lucas.
Los tres se echaron a reír y comenzaron a caminar hacia la escuela, un edificio también de cristal como el ayuntamiento. El edificio era de cinco plantas que ocupaba una calle entera. En la entrada les esperaba Anna, la cuarta y última del grupo de amigos. Anna era de color, la única de toda la escuela, y sus padres los únicos de color de toda Drinary. Todos se burlaban de ella por el color de su piel y su cabello negro rizado. Anna era **apladin**, que para Aura era el mejor elemento y más completo. Sin ese elemento no hubieran superado la sequía de hacía cuarenta años. Pero todos idolatraban al elemento **Yani**. Ella tenía su marca de **Apla** en la zona lumbar y la del signo del zodiaco en el tobillo izquierdo.
—¡Chicos! —Anna vio a sus amigos e iba a saludarlos cuando Cristal le puso el pie para que tropezara y cayera de rodillas delante de todos.
Pero Aura lo vio y con su poder de **Vana** consiguió evitar que su amiga cayera. Cristal miró mal a Aura, pero esta no se achantó. Las dos mantuvieron las miradas. Incluso Cristal tenía una bola pequeña de **Yani** en la mano, dispuesta a lanzársela a Aura. Pero en ese momento apareció Izan con sus dos amigos detrás. Cristal se colocó bien su diadema dorada y retiró uno de sus mechones rubios lisos hacia atrás.
Izan miró a Aura y apartó la mirada rápidamente. Ella muchas veces miraba fotos de cuando era pequeña, donde él aparecía. Ya que apenas recordaba esa mirada verde, con un toque de miel, que la miraba y sonreía.
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Editado: 23.04.2026