La mañana hizo acto de presencia y los padres de los dos muchachos asesinados esa noche estaban preocupados por no saber nada de sus hijos. Fueron a denunciar su desaparición, ya que la hora de ir a la escuela había llegado y aún seguían sin saber de sus hijos. Las dos familias se encontraron en la entrada del edificio del ayuntamiento. Los agentes tomaron nota y avisaron a los Praesidio y comenzaron la investigación. Primero fueron a la escuela, pero nadie sabía nada de ellos, preguntaron a amigos suyos y gente cercana, segundo fueron al vecindario de cada chico a preguntar y obtuvieron la misma respuesta. Nadie los había visto desde el día anterior. Tercero buscaron por cada rincón de Drinary, sin tener suerte. La noche llegó y las dos familias estaban desesperadas.
—Señor, tenemos la información de un chico del elemento Apla, es amigo de los dos chicos desaparecidos —dijo Justeo, un Praesidio novato, a Clemente, que estaba en su oficina hablando con Mateo.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó Clemente sentado en su silla de madera del escritorio de metal.
Mateo estaba sentado en otra silla de madera enfrente de Clemente. El despacho era pequeño, pero tenía lo suficiente para el padre de Izan. Las paredes eran de color verde pastel y tenía una estantería con libros desordenados en ella. Fotos de su familia y logros obtenidos adornaban las paredes y el escritorio, que también estaba repleto de papeles y un ordenador. Había un pequeño sofá de dos plazas a un lado de la habitación de color crema, con varios cojines en él.
—Ayer hicieron una fiesta en el bosque, pero no muy lejos de la ciudad. Los chicos desaparecidos iban a ir, pero nunca se hicieron presentes en la fiesta.
Los dos mayores de la habitación se levantaron de golpe.
—Reúne a todos los hombres en la sala en llamas —llamaban así a la sala porque en el suelo, en medio de la sala, había un dibujo de una llama de fuego. Ya que su elemento era el Yani.
Clemente dio la orden al muchacho y en un momento todos estaban reunidos en la sala. Se dieron todas las indicaciones y salieron en busca de los chicos, rezando para encontrarlos con vida. Buscaron por la zona donde habían hecho la fiesta, pero no los encontraron, fueron más allá del perímetro de la ciudad y tampoco hubo éxito. Hasta que escucharon el grito de una mujer. Todos los Praesidio corrieron hasta donde había sido el grito y se encontraron con una imagen escalofriante. Una mujer había sido brutalmente asesinada, con varias ramas traspasadas por todo su cuerpo, incluyendo boca, orejas y ojos. Era una imagen impactante.
—¡Señor! —gritó uno de los soldados mientras corría hasta Clemente, Mateo y varios de los soldados de la guardia.
El soldado cuando vio a la mujer asesinada de esa forma se tapó la boca para no vomitar.
—¿Qué ocurre? —se acercó al soldado.
—Hemos encontrado a los dos chicos y no le va a gustar lo que va a ver.
—Intenten sacar todas las ramas y llévenla a la ciudad, nos veremos allá —le dijo al escuadrón que había estado con él y con Mateo.
Fueron guiados los dos hombres por el soldado hasta llegar donde estaban los dos chicos, ya en el suelo del bosque. Tenían el cuerpo hinchado y morado. Los Praesidio que encontraron a la pareja adolescente les desataron de los árboles y los pusieron con cuidado en el frío césped del bosque.
—Los dos chicos eran del elemento Apla y parecen haber sido ahogados —tanto Clemente como Mateo estaban uniendo las piezas de ese puzle que sabían que se les venía encima.
—Llevadlos a la ciudad, ahora tendremos que hablar con los cuatro presidentes y tomar medidas —explicó Clemente a Mateo.
Faltaban cuatro días para el aniversario y Drinary estaba de luto por las cuatro muertes. Clemente habló con los presidentes y tomaron la medida de poner la ciudad en estado de alarma y poner medidas para protegerla. Nadie podía salir ni entrar de la cúpula. Por el informe del forense, cada uno murió por causa de su propio elemento, solo faltaba uno de Vana. Así que todos del elemento Vana estaban siendo protegidos las veinticuatro horas, incluyendo a Aura y Sabrina. Varios chicos del elemento Yani de la escuela se presentaron como voluntarios para ser los protectores de los vanadin de la escuela. Mateo le pidió a Clemente que Izan fuera el protector de Aura. Algo que a Lucas no le sentó nada bien. Pero la ciudad estaba siendo atacada y había muertes de por medio. No era momento de estar celoso ni de encararse contra Izan.
—No puede ser, hay más chicos del elemento Yani —se quejó Aura a su padre, el cual le contestó—: Pero Izan vive cerca y puede acompañarte a casa, aparte es el hijo de mi amigo y un día hace años fue también tu amigo. Si es él quien te cuida, me quedaré más tranquilo.
Aura no pudo decir nada más, ya que sabía que su padre en parte tenía razón. Ella no podría confiar en nadie más que no fuera Izan. Ya que a los demás apenas los conocía o ni lo hacía.
—No me gusta la idea de que Izan sea tu “guardaespaldas” —lo último lo dijo haciendo comillas con los dedos.
Tanto Lucas como Aura estaban tumbados boca arriba en la cama de la última mencionada. Los dos miraban el techo y cada uno pensaba en sus cosas. Pero los dos pensaban en algo en común: Izan. Uno pensaba en que no le gustaba la idea de que él pasara tiempo con Aura y la otra pensaba en cómo iba a hacer para controlar sus emociones con Izan pegado casi todo el día a ella. Se volvería toda una locura y tenía miedo de lo que eso podría encadenar en su futuro. Estos años lo pasó mal, pero podía sobrellevarlo al apenas ver a Izan. Pero ahora sería todo diferente, lo tendría pegado a ella.
—No podemos hacer nada, faltan tres días para el aniversario y mañana es el entierro de los cuatro asesinados. Esto es una locura —Lucas atrajo hacia su cuerpo a Aura y ella puso su brazo en la cintura de él. Lucas apoyó su cabeza en la coronilla de ella.
—Tranquila, sabes que yo siempre estaré a tu lado —él cerró los ojos y sintió el aroma a lavanda de ella.
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Editado: 10.05.2026