El elemento oculto

Cuarto capítulo

En Ciudad Madre había pocas casas, en su mayoría eran edificios altos, donde todos vivían en armonía. En los límites de la ciudad, estaba la mansión dorada del rey. La llamaban así ya que su fachada estaba pintada de oro y el tejado con adornos dorados. Era una mansión que ocupaba la cúpula de la ciudad de una punta a la otra. Con más de veinte habitaciones las cuales cada una tenía su propio baño y las habitaciones de los empleados del hogar. En el centro de la ciudad estaba el principal edificio, donde estaban los presidentes. Allí se celebraban siempre las reuniones y se tomaban las grandes decisiones. En el último piso de cincuenta, estaba la sala de reuniones, dando unas fantásticas vistas al mar. Ciudad Madre estaba cerca del océano, ya a los límites de la frontera. Pasando el océano ya no quedaba nada más. Después de que cayeran varios meteoritos hace cuatrocientos años y acabara con casi todo el planeta. Los lilium son como los primeros humanos en habitar la tierra, pero después de que cayeran esos meteoritos los humanos que sobrevivieron evolucionaron, teniendo poderes según su signo del zodiaco. Pero como en todo, había quienes no les florecía el poder y eso les pasaba a los lilium, la marca de nacimiento a los diez años se les eliminaba y su piel era alérgica a la marca del elemento. Así que esas personas fueron desterradas de la protección de los elementus. Al principio hicieron un tratado de paz y cada uno tendría sus tierras. Pero las tierras que los elementus dieron a los lilium, no eran fértiles y se morían de hambre, entonces llegaron los ocultos, comenzaron una guerra con todos los elementaris, haciendo que los lilium iniciaran la suya propia y comenzaran a crear armas con materiales encontrados en sus tierras. Thomas, el líder de los lilium era un científico y creó armas jamás vistas.

En Ciudad Madre había el triple de vigilancia que en Drinary. La cúpula estaba acompañada por un muro que era igual de alto que un rascacielos. El material del muro era acero de Balseo. Era imposible traspasarlo con nada y cualquiera que se acercara al muro, le soltaba una gran descarga. La ciudad era impenetrable, por eso nunca había sido atacada, era imposible hacerlo. La gente que vivía en la ciudad, era gente de mucho dinero o gente importante. Como actores, cantantes, futbolistas, presentadores de programas o los que se encargaban de dar las noticias.

—¿Qué piensas, Licium? —le preguntó el rey al padre de Cristal.

Los dos caminaban por el largo pasillo del último piso del edificio donde había terminado la reunión. Los dos junto con otros presidentes y la escolta del rey, caminaban hacia el ascensor, después de tener una larga reunión. El rey tenía sus marcas en el medio de cada mano y el padre de Cristal tenía sus marcas las dos en el medio de la espalda, una encima de la otra.

—En que, si es cierta nuestra sospecha y los ocultos han vuelto. Debemos prepararnos para una guerra y los jóvenes de ahora no creo que estén preparados para algo así. La primera vez que los ocultos aparecieron, atacaron las aldeas y las ciudades sin piedad, casi fue el fin de los elementaris.

El rey no había pensado en eso, tenía que pensar en un plan de ataque, ya que los ocultos no negociaban, mataban directamente. En cambio, ninguno estaba pensando que podría ser que los lilium estuvieran aliados con los ocultos ya que desde hace dieciséis años ya no atacaban ninguna aldea ni ciudad. Era algo muy sospechoso, cuando los lilium desde que los ocultos desaparecieron, tomaron ellos el relevo de atacar ciudades y aldeas.

—¿Crees que se han estado preparando para una guerra todos estos años? —el padre de Cristal tenía esa sospecha.

—Sí, pienso que todo este tiempo hemos estado en calma, porque la tempestad está por llegar y el comienzo será en mi ciudad —el rey se tocó la barbilla pensativo.

—No es una teoría desacertada, voy a mandarte Praesidio de mi ciudad, para que te ayuden con la protección de tu ciudad. No podemos permitir que Drinary sea atacada. La ciudad era la que más alimentos creaba de todas las ciudades e incluso aldeas.

—Gracias, señor —se iba a inclinar en forma de agradecimiento, pero el rey lo detuvo.

—No hace falta, ahora ve a tu ciudad y protégela, espero que llegues a tiempo para la celebración —aunque tanto el rey como él sabían que no sería posible eso.

El padre de Cristal junto a los otros presidentes salió de Ciudad Madre y partieron a Drinary. Iban en un aerodeslizador que volaba por encima de los árboles. Uno de los presidentes del elemento Vana dormía plácidamente, mientras el del elemento Primi escribía en su portátil y tanto el padre de Cristal como el presidente del elemento Apla, iban hablando de la reunión con el rey. Había veinte Praesidio sentados en los asientos que había en los laterales del transporte aéreo. Los dos pilotos iban controlando los mandos y el horizonte, cuando no tuvieron tiempo de reacción y una gran bola de Yani los alcanzó. Haciendo que el aerodeslizador explotara en el aire en mil pedazos y sin dejar ni un sobreviviente.

La primera noche, cuando Aura ya tenía dieciséis años, tuvo su primera pesadilla. Ella pensó que sería algo normal, por los nervios de la celebración y de su cumpleaños. Pero lo sintió tan real, que hasta el aroma a canela con la mezcla del olor del bosque pudo sentir o como la brisa otoñal le acariciaba el rostro llegando hasta su cabello suelto, cayendo por su cuerpo. Vestía el vestido blanco de lino, con las mangas largas transparentes con un dibujo en cada lado de un cisne que llegaba hasta los codos. El escote de pico con encaje, el vestido le llegaba hasta las rodillas cayendo con un volante. Ese vestido sería el que llevaría para la celebración de su cumpleaños. Pero tenía pensado hacerse una trenza y ponerse mariposas en cada espacio, en el sueño tenía su cabello dorado y ondulado suelto. Cuando ella nunca lo llevaba suelto.

“Ven conmigo”

Le decía un hombre que no conseguía distinguir en el sueño. Solo podía distinguir que iba vestido todo de negro. La mano del desconocido la tenía extendida. Ella estaba en medio de un claro, al lado de una montaña que nunca había visto, el cielo estaba despejado y tanto la luna como las estrellas brillaban más que nunca, solo sentía una cálida brisa recorrer todo su cuerpo, era algo familiar. Aun estando en medio de un lugar desconocido y con alguien que no podía distinguir, se sentía a salvo, libre y en paz. Hasta que a lo lejos escuchó unos gritos y como su familia y amigos la llamaban, miró hacia atrás y su ciudad era masacrada por el fuego.




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