Unos pocos sobrevivientes de una de las aldeas cercanas a Drinary iban corriendo por el bosque para encontrar refugio en la ciudad. Su aldea había sido masacrada. Esos aldeanos tenían información que facilitar a los presidentes de la ciudad, aunque no sabían que esos presidentes habían muerto también en el aerodeslizador desde Ciudad Madre a su ciudad. Eran doce personas de las cuales dos eran personas ancianas y un bebé. La única mujer joven llevaba el bebé en sus brazos, no era su hijo, pero lo encontró en el mercado llorando, habían matado a su madre. La mujer anciana se tropezó y cayó al suelo, haciéndose bastante daño. Uno de los chicos jóvenes iba a ir a ayudarla, pero una rama le atravesó el corazón a la mujer, así que el chico intentó seguir corriendo, pero una bala le atravesó el cráneo. Los nueve junto con el bebé que quedaban aún con vida siguieron corriendo, pero el otro anciano no podía seguir el ritmo y se apoyó por un momento en un árbol. Algo que fue un gran error, ya que una bola de Yani le alcanzó de frente, quemándolo vivo. Los demás no se podían permitir el mirar atrás, así que siguieron corriendo sin parar. Pero el bebé comenzó a llorar, había estado durmiendo hasta ese momento. La muchacha no sabía cómo hacerlo callar, así que uno de los muchachos agarró al bebé bruscamente de los brazos de la joven.
—¡¿Qué haces?! —le gritó la joven.
—Nos delata sus lloriqueos y nos están pisando los talones, no podemos llevar al bebé con nosotros, ya dije en la aldea que era una mala idea —la chica miró a los demás, pero nadie hizo nada.
—Me quedo con él —ella sabía que moriría, pero no podía dejar a ese bebé solo.
Él le devolvió al bebé y comenzó a correr con los demás, ella en cambio se quedó sentada en medio del bosque, esperando a su muerte.
Los demás seguían su huida, pero no llegarían muy lejos, ya que fueron masacrados a disparos, muriendo uno a uno, prácticamente a la vez. Luego fueron abrasados por una lluvia de fuego que caía solamente en ese sector del bosque. Era como si alguien hubiera manipulado una nube y de ella cayera fuego en vez de agua. La chica que se quedó con el bebé lo vio todo horrorizada, debía llegar a la ciudad e informar de lo ocurrido y lo que había pasado en su aldea, pero no le dio tiempo ni de dar dos pasos, fue degollada por un machete barong. Cuando iba a caer desplomado su cuerpo, alguien cogió al bebé antes de que se cayera también.
Aura se miraba en el espejo de su habitación y no podía creer que se hubiera dejado convencer por su madre para dejarse el cabello suelto, entonces recordó su sueño, iba igual como se había visto en él. Pero deshizo de ese pensamiento cuando su mejor amiga Sabrina entró en su habitación como siempre parloteando. Ella miró su vestido blanco de lino, con las mangas largas transparentes con un dibujo en cada lado de un cisne que llegaba hasta los codos. El escote de pico con encaje, el vestido le llegaba hasta las rodillas cayendo con un volante. Realmente estaba preciosa y Sabrina no paraba de decírselo. La amiga de Aura llevaba un vestido gris perla hasta las rodillas de hombros caídos. Era liso y la tela era de damasco, con la caída lisa. Sabrina había optado por hacerse una trenza de lado.
—Estás preciosa, a Izan lo vas a volver loco —Aura no pudo evitar sonreír.
Sabía que Izan estaba ya abajo con los demás. Tampoco eran muchos, estaban todos sus amigos, bueno sus dos amigos, ya que Anna no había podido acudir, debía organizar con su familia la fiesta de la celebración del aniversario. Así que en su fiesta estarían Sabrina, Lucas, sus padres y los Park. Algo que hacía años que no ocurría eso. Estos últimos años solo era ella con sus padres y tres amigos. Este año les tocó a los del elemento Apla organizar la fiesta y de ellos siempre había un sorteo de qué cuatro familias lo organizarían. Y justo les tocó a los Ludon, la familia de Anna.
—Espero poder disfrutar —lo decía por estar cerca de Izan, le ponía algo nerviosa.
Estos días atrás había estado prácticamente las veinticuatro horas con Izan, ya que él la iba a buscar todos los días, en la escuela prácticamente vivía pegado a ella y luego la llevaba a casa. También todas las noches cenaban juntos, ya que o los Park cenaban en su casa o viceversa. Algo que le molestaba bastante a Lucas. El cual ya comenzaba a molestarse por la actitud de Izan. Sentía que disfrutaba hacerle sentir inseguro y celoso. Necesitaba confesarse a Aura y lo haría esa misma noche. Ya no podía seguir ocultando sus sentimientos.
Aura fue hasta el salón, donde todos la esperaban, con Sabrina detrás de ella. Los presentes la miraron cuando llegó. Como siempre todos llevaban la ropa según su elemento. La madre de Aura llevaba un vestido azul cobalto de algodón con tirantes de encaje. Se había recogido el cabello en un moño elegante de tiro bajo. En cambio, su padre iba con un esmoquin negro y una camisa rojo crimson. Lucas llevaba una camisa verde pino y unos pantalones de corte inglés color moca. Y por último los Park, el padre de Izan iba también con un esmoquin, pero su camisa era negra también, la madre de Izan iba con un vestido clásico de manga larga y color vino. Su cabello iba peinado como de costumbre. Zara tenía un vestido color marrón pastel de tirantes sencillos y una coleta alta como recogido. Y por último Izan, que llevaba una camisa roja con dibujos raros de color negro y unos pantalones clásicos negros también. La camisa la tenía remangada hasta los codos y varios botones sin abotonar de la camisa. Haciendo que se le viera parte del torso musculado de él. Ella tuvo que dirigir su mirada a otro punto de la casa, ya que le había entrado hasta calor. Pero ella no era la única que se sintió así. Ya que Izan estaba igual, solo con ver a Aura sintió unas terribles ganas de besarla, de darle su primer beso. Ya que sabía a la perfección que nadie nunca la había besado. Y él siempre quiso ser el primero en serlo.
—¡Felicidades! —dijeron todos cuando la vieron.
Todos la abrazaron incluso Izan. El contacto de uno con el otro hizo que a los dos se les erizara la piel. Estaba claro que los dos sentían una gran atracción y eso se notaba también en el ambiente. Cosa que le molestó bastante a Lucas. Por eso antes de comer, Lucas se llevó a Aura al jardín. Los dos se sentaron en un banco que había fuera. Aura no sabía por qué su mejor amigo la había llevado fuera. Pero seguro que era por algo importante, ya que sentía nervioso a su mejor amigo.
—¿Ocurre algo? —en ningún momento él la miró, hasta que ella le hizo esa pregunta.
Lucas cogió aire y valor para confesarse, ya era el momento de que ella supiera sobre sus sentimientos.
—Mira Aura, nos conocemos prácticamente de toda la vida, en todos mis recuerdos estás tú en ellos. Siempre que pienso en mi pasado tú estás en él, pero también quiero que estés en mi futuro, y no como amiga —Aura ya entendió dónde iba esa conversación, pero necesitaba parar a su amigo, no podía escuchar lo que Lucas iba a decirle a continuación, no estaba preparada.
—Espera Lucas, no… —Lucas no la dejó seguir hablando.
Se puso de pie enfrente de ella, que aún seguía sentada. Lo que ninguno sabía era que Izan estaba detrás de ellos dos, escondido, escuchando todo.
—No Aura, necesito decirte esto —se tiró su cabello hacia atrás y la miró fijamente—. Te amo, siempre te he amado y no quiero ser solo tu mejor amigo, quiero ser tu novio, tu prometido y en un futuro tu esposo —Aura se puso de pie y le agarró del brazo con ternura.
—Lucas yo… —le volvió a interrumpir, ya que Lucas había visto a Izan e hizo algo desesperado, besó a Aura en los labios.
Su primer beso, el cual siempre soñó que fuera de Izan, pero no fue así, su primer beso se lo dio Lucas, algo que la dejó confusa, ya que le había gustado. Por eso cerró los ojos y se dejó llevar. Izan nunca la quiso, o eso pensaba ella, era hora de pasar página y Lucas siempre estuvo ahí para ella, nunca se apartó de su lado. Así que tomó la decisión de darle una oportunidad a Lucas, se lo merecía.
Izan se limpió una lágrima que se le escurría por la mejilla derecha y entró en la casa. Caminó hasta la salida sin darle explicaciones a nadie, cerró la puerta de un portazo y se dirigió hasta su casa, ya no tenía ganas de celebrar nada, había llegado demasiado tarde, Aura ya era de otro, ya no sería suya. Eso le dolía en el alma, porque sabía que nunca podría amar a nadie más. Ella fue, es y será su único amor, su primer amor.
Cuando llegó a su casa y fue directo a su habitación se tumbó en la cama y comenzó a llorar desgarrando su alma en ese momento. El padre de Izan quiso ir detrás de su hijo, pero su esposa no lo dejó, ahora debían ir al centro de la ciudad, al edificio de cristal, para la celebración. A ella poco le importaban los sentimientos de su hijo, para ser del elemento Yani, parecía más de hielo. Esa mujer no tenía ni un ápice de sentimientos, llegó a Drinary hace veinte años y Clemente quedó fascinado la primera vez que la vio. Un año después ya estaban casados y ella fue subiendo posiciones en la escuela, hasta ser la directora. Nacieron sus dos hijos, pero nunca tuvo un acto de cariño o amor hacia ellos. Era como si ella nunca hubiera querido ser madre. Aura tenía la sensación de que algo oscuro había en ella. Su mirada era fría y siempre parecía que estuviera tramando el fin del mundo. A Aura siempre le dio miedo. En cambio Clemente era todo dulzura, aunque en el cuartel tenía que ser duro y hacerse respetar, era una buena persona que quería a sus hijos. Por eso él quiso ir en busca de su hijo, para saber lo que le ocurría. Pero lo entendió cuando vio a Aura y Lucas agarrados de la mano, entrando en el salón. Mateo y Mia se miraron algo sorprendidos y Sabrina estaba igual, sin entender nada, por eso agarró la mano de su mejor amiga y la llevó arrastras hasta la habitación de Aura.
—Ya me estás explicando lo que está ocurriendo aquí —sentó a su amiga en el filo de la cama y se puso enfrente de ella con los brazos en jarra.
—Lucas se me ha declarado y me ha besado —Sabrina abrió los ojos como platos.
—¡¿Qué?! —preguntó poniéndose las manos en la cabeza—. Pero amas a Izan, no puedes decirme que ahora amas a Lucas.
Aura sabía que su amiga tenía razón, pero ya había tomado una decisión y estaba segura de que Lucas conseguiría hacerle olvidar a Izan.
—Ya me he cansado de sufrir por alguien que me odia o pasa de mí, estos días han sido una pesadilla estar todo el tiempo con él, sin hablar. Parecía aburrido y obligado a pasar tiempo conmigo —Sabrina se sentó al lado de ella—. Izan será siempre mi primer amor, pero merezco ser feliz. Lucas me ama y yo lo quiero mucho, debo intentarlo.
Sabrina entendía a su amiga, pero no estaba de acuerdo con su decisión, porque a la larga alguien terminaría sufriendo y ella no sabía que ya había alguien sufriendo en su habitación solo. Pero esto era el inicio de lo que estaba por venir. Todo comenzaría esa noche y ya no habría marcha atrás.
—Está bien, no apoyo tu decisión, pero la respeto. Siempre voy a estar de tu lado —las dos amigas se abrazaron.
Una vez fueron hasta el salón. Todos ya estaban preparados para salir. Lucas volvió a agarrar la mano de Aura con la atenta mirada de los padres de ella. Los dos sabían que deberían hablar con su hija cuando estuvieran a solas y ella era consciente de eso.
—¿Todo bien? —le preguntó Lucas.
Ella le sonrió y le dio un pequeño pico en los labios.
—Todo bien.
Aura había estado tan sumergida en su burbuja que no se había dado cuenta que Izan no estaba, cuando salieron de la casa, le quiso preguntar a los padres o hermana de él, pero Lucas estaba aferrado a ella y terminó por tragarse la curiosidad o más bien preocupación. Pero si quería comenzar algo con Lucas debía sacarse de la cabeza a Izan. Porque si no, nunca conseguiría avanzar y ella quería hacerlo.
En Drinary se notaba que ya era otoño, el frío se hacía presente y las nubes habían llegado para quedarse. Izan salió de su casa y caminó hasta el prado, donde siempre iba con su familia y los Riga, a hacer un picnic. Cuando llegó se tumbó en el frío suelo y miró el cielo. Las nubes ocultaban las estrellas, que Izan sabía que estaban ahí. Cerró los ojos y dejó que las lágrimas acariciaran sus mejillas. Sabía que se merecía lo que le estaba ocurriendo, él hizo mucho daño durante estos años a Aura. Se había comportado como un total capullo con ella, solo para mantenerla alejada de él. Pero nunca se imaginó que le doliera tanto el verla en brazos de otro, y menos aún en brazos de Lucas.
Izan sabía de los sentimientos del que fue su mejor amigo hacia Aura, pero nunca se le pasó por la cabeza que Aura le correspondiera y ahora él por egoísta había perdido el amor de su vida en brazos de otro.
—¿No vas a la celebración? —Izan se incorporó de golpe, quedando sentado.
Una mujer de unos veinte años estaba de pie al lado de Izan. Su cabello negro como el carbón se movía con el viento. Sus grandes ojos negros miraban fijamente al muchacho que estaba sentado a su lado. Izan nunca la había visto en la ciudad, si lo hubiera hecho seguro se acordaría, era realmente hermosa y a la vez misteriosa. Vestida toda de negro, algo que si fuera de la ciudad llevaría algún tono de su elemento.
—Me llamo Ambar y sí, no soy de la ciudad —se inclinó acercando su rostro a Izan—. Te pareces mucho a tu madre, eres realmente guapo —sonrió y le hizo un guiño con su ojo derecho.
—¿Conoces a mi madre? —ella siguió sonriendo, pero esta vez se separó un poco de Izan.
—Vaya, veo que ella no le ha contado nada a su primogénito. Es una lástima que tarde tanto en prepararte —Izan no entendía nada de lo que estaba pasando—. Te diré algo, Aura no es para Lucas, ella está en esta tierra para algo más grande y tú estás incluido. En su momento, serás tú el único que pueda ayudarla.
Se escucharon unos fuegos artificiales e Izan miró hacia el cielo, cuando quiso preguntarle a la desconocida a qué se refería, ya no estaba, había desaparecido y eso lo dejó más confuso. No estaba entendiendo nada de lo que ocurría, pero lo que más le dejó con dudas es sobre Aura, que él debería ayudarla.
¿Pero de qué?
Se quedó mirando los fuegos artificiales con mil dudas y preguntas. Mientras Ambar lo miraba desde las sombras, con una amplia sonrisa.
—El juego ya comenzó pequeño Izan —dijo Ambar sin dejar de mirar al chico, sin él saberlo.
Detrás de Ambar había otra persona, el que inició todo y lo terminaría también.
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Editado: 10.05.2026