Mucho antes de la academia Umbra.
Mucho antes del odio.
Hubo un tiempo en el que los reinos de Corve y Valenroy no eran enemigos.
Eran aliados.
Durante generaciones ambas familias habían gobernado lado a lado, compartiendo tratados, ejércitos e incluso celebraciones. Sus castillos se visitaban como si fueran uno solo, y entre sus herederos se esperaba que naciera una amistad tan fuerte que algún día sellaría una unión definitiva entre las dos casas.
Fue por eso que, cuando Maximilian era apenas un niño, se le permitió crecer junto al heredero de los Valenroy.
Dominic.
Los jardines del reino Corve habían sido testigos de esa infancia compartida. Dos niños corriendo entre árboles, peleando con espadas de madera, riendo como si el mundo jamás pudiera romper lo que tenían.
Maximilian recordaba exactamente cuando Dominic le hizo una promesa.
— Cuando seamos grandes—Habia dicho Dominic, con la sonrisa arrogante que siempre lo acompañaba—, quiero que seamos felices juntos.
Y Maximilian como un niño con tal inocencia creyó cada palabra.
Porque en aquel entonces no existían la traición.
Solo confianza.
Solo amistad.
Solo la inocencia de dos herederos que aún no entendian el peso de los apellidos que llevaban.
Pero...los adultos si lo entendían. Y mientras los niños jugaban... Los reyes conspiraban.
Durante años la familia Valenroy había envidiado el poder del reino Corve: sus criaturas mágicas, su ejército y la riqueza que corría por sus territorios.
La alianza nunca fue suficiente.
Querían más.
Querían todo.
La traición empezó con algo pequeño.
Una visita diplomática.
Un banquete.
Una copa levantada en honor a la amistad entre reinos.
Aquella noche, el gran salón del castillo de Corve estaba lleno de risas y música. Los nobles celebraban, los sirvientes servían vino y los reyes hablaban de paz como si el futuro estuviera asegurado.
Maximilian y Dominic observaban todo desde una de las escaleras.
—Los adultos siempre hablan demasiado—Murmuro Dominic.
Maximilian soltó una pequeña risa.
—Cuando seamos reyes no seremos tan aburridos.— Dijo con unos ojos ilusos.
Dominic lo miro un momento.
Una mirada que Maximilian no entendió en ese entonces.
Porque en esos ojos había algo más que complicidad.
Había decisión.
La música se detuvo cuando el rey de Corve levantó su copa para brindar.
—Por la unión de nuestros reinos.
Las copas chocaron.
El vino fue bebido.
Y entonces...
El caos comenzó.
Uno a uno, los nobles del reino Corve comenzaron a caer al suelo.
El sonido de las copas rompiéndose se mezcló con los gritos.
Los guardias se desplomaban.
Los consejeros tosian sangré.
El vino estaba envenenado.
El veneno había sido preparado con una sustancia tan rara que ni los curanderos del reino pudieron reconocerla.
Un elixir silencioso.
Un elixir perfecto.
Un elixir de traición.
En medio del caos, las puertas del salon se abrieron violentamente.
Soldados de Valenroy entraron armados.
La alianza había sido una mentira.
Era un golpe de Estado.
Maximilian,aún siendo un niño, no entendía lo que estaba pasando. Solo veía a su gente caer mientras el salón se llenaba de gritos.
Buscó a Dominic con desesperación.
Maxi— Dominic... ¿qué está pasando?
Dominic estaba de pie frente a él.
Ileso.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Durante unos segundos ninguno habló.
Entonces Dominic dió un paso hacia atrás.
Alejándose.
Dejándolo solo.
Fué en ese momento cuando Maximilian entendió.
—...lo sabías.
La voz de maximilian tembló.
Dominic no respondió.
Pero tampoco lo negó.
Los soldados de Valenroy avanzaban por el salón mientras la familia de Dominic tomaba control del castillo. El rey de Corve, apenas consciente por el veneno alcanzó a gritar órdenes a sus guardias.
La traición ya estaba hecha.
Y en medio de todo aquello, dos niños se miraban por última vez.
Maximilian tenía lágrimas en los ojos, en cambio Dominic no.
—¿Porque...?— Susurró Maximilian.
Dominic bajo la mirada un instante, y cuando volvió a levantarla...ya no había rastro de aquel niño que había jugado con el en los jardines.
Solo estaba el heredero de los Valenroy.
—Porque así debía ser.
Esa fue la últimas vez que hablaron como amigos.
Aquella noche el castillo ardió, la sangre cubrió los pasillos y la alianza entre Corve y Valenroy murió para siempre.
Pero algo más nació en su lugar.
Un odio profundo.
Un odio que crecería con los años.
Un odio que ningún tratado podría borrar.
Porque el veneno que había destruido sus reinos no estaba en el vino.
Ni en las copas.
Ni siquiera en el plan de los Valenroy.
El verdadero elixir...
Era la traición.
Y ese Elixir corría ahora por las venas de dos herederos destinados a encontrarse otra vez.
No cómo amigos.
Sino como enemigos.
Btw, Nos vemos en el primer capítulo †.