El Emperador y la Concubina del Tercer Eclipse

Capítulo 4: Sombras del Alba

Había amanecido, pero el cielo estaba gris. El canto de las aves parecía lejano, como si incluso la naturaleza supiera que algo se había quebrado.

Yeon-hwa despertó con los ojos pesados. Apenas había dormido.

Sus dedos acariciaron con suavidad la seda del hanbok que reposaba sobre su tocador. El bordado representaba una grulla con las alas abiertas. Libertad. Ilusión. Algo que ya no podía permitirse.

Se acercó a la ventana.

Desde allí vio al príncipe caminando por el jardín con su hijo, el pequeño heredero. Jugaban entre los cerezos; las risas del niño flotaban como campanas de cristal.

Yeon-hwa sonrió... pero fue una sonrisa rota.

"Ese hijo podría haber sido mío."

Pero ya no. Ya no lo sería. Ni ahora, ni nunca.

La herida volvió a abrirse como una flor negra.

Más tarde ese día, Seong-min la encontró en la biblioteca exterior, hojeando un manuscrito antiguo que no estaba realmente leyendo.

—¿Puedo? —dijo con una sonrisa suave, sentándose frente a ella.

—Claro.

Él la observó en silencio, como si pudiera ver el torbellino detrás de sus ojos.

—No tienes que fingir conmigo, Yeon-hwa-ssi. Nadie puede estar tan quieta con el corazón tranquilo.

Ella bajó la mirada.

—¿Alguna vez tuviste que renunciar a alguien por su bien?

Seong-min la observó. Su tono se volvió más serio.

—A veces, los príncipes renunciamos a más de lo que poseemos. Pero no todos lo hacemos por amor.

Ella cerró el libro de golpe.

—Yo sí.

En los días siguientes, las visitas del príncipe a los aposentos de la Bin se volvieron más frecuentes... y más silenciosas.

Se sentaba con ella. A veces solo tomaban té. Otras, hablaban en susurros de libros, recuerdos, pequeñas historias de cuando eran solo Yeon-hwa y Andheon, sin títulos ni deberes.

Pero no podían tocarse.

No como antes. No como lo deseaban.

Y en cada despedida, algo dentro de ellos moría un poco más.

Una noche, mientras él se levantaba para marcharse, ella lo detuvo con una sola frase:

—No soporto verte feliz con una familia que nunca podré darte.

Lee Andheon se giró, el rostro contraído.

—Crees que soy feliz... —susurró.

—Pero nunca hubo un momento en mi vida donde haya deseado tanto cambiar el pasado... como cuando escuché lo que me ocultaste.

Ella se acercó. Sus manos temblaban.

—Y sin embargo, aquí estamos. Jugando a no tocarnos. A no amarnos.

Él la miró, vencido.

—Porque no tenemos derecho a más.

En un rincón del palacio, Jang Wook observaba. Siempre observaba.
Como un tigre agazapado, esperaba el más mínimo desliz para dar un ataque furtivo, con garras dispuestas a detener todo aquello que se escapara de sus planes o amenazara la protección que él creía brindar al príncipe.

—Estás repitiendo la historia —murmuró en voz baja, más para sí mismo que para nadie

—Y esta vez... no habrá escapatoria.



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En el texto hay: romancehistorico, corea, joseon

Editado: 01.01.2026

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