El Emperador y la Concubina del Tercer Eclipse

Capítulo 7: Heridas que no sanan

La lluvia caía suavemente sobre los techos del palacio, mientras Bin contemplaba el cielo gris desde el pabellón donde se resguardaba. Sus manos reposaban sobre su regazo, apretadas, como si con ello pudiera contener el temblor de su pecho. Años de silencios y decisiones dolorosas la habían llevado a ese lugar, pero nada había borrado el eco de lo que una vez fue.

El príncipe heredero Lee Andheon la encontró ahí. Caminó con paso firme, pero sus ojos reflejaban la misma tormenta que el cielo encapotado. Al verla, detuvo su andar. Ella no se volvió de inmediato, pero sintió su presencia.

—No deberías estar sola con este clima —dijo él, con voz suave.

—El clima afuera no es nada comparado con el que llevo dentro —respondió Bin, sin mirarlo.

Lee Andheon se acercó. Sabía que no podía seguir esquivando lo inevitable.

—Debo decirte algo. No soy el hombre perfecto que esperas. Años atrás, cuando éramos jóvenes, una dama de la corte y yo... cometimos un error. De esa unión nació un niño, Jin-Su. Fue criado fuera del palacio, por su seguridad. Su regreso será pronto, al igual que el de su madre.

Bin cerró los ojos, procesando la información. Dolía. Dolía saberlo, aunque sabía que ambos habían tenido sus caminos marcados por el deber.

—Aun así... para mí siempre fuiste la mujer de mi vida, aquella que marcó mi alma desde el instante en que te hice mía. Además, eres hermosa. No solo en tu rostro, Bin, sino en tu mente, en tu carácter. Tan culta, tan capaz, tan valiente. Nunca lo viste, porque siempre creíste que tu hermana menor era la más hermosa, la que brillaba más. Pero mi corazón siempre te eligió a ti.

Una lágrima recorrió la mejilla de Bin. Por un instante, fueron solo Yeon-hwa y Andheon otra vez, los jóvenes que se conocieron en aquella sala de lectura de la Corte del Sur.

—Tú me preguntaste si podría amar a un hombre con un hijo... sin siquiera saludarme. Pensé que eras un idiota arrogante.

—Lo era —dijo él, sonriendo con melancolía.

Bin lo miró.

—Y aun así... me robaste el corazón. Y la primera vez que fuimos uno solo, no temí. No me importó el mañana. Solo quería sentirte mío.

En la penumbra de su corazón, Bin sostenía el anhelo de aquel amor juvenil, ahora transformado en un amor más maduro que la enfrentaba a todos sus temores y a los oscuros fantasmas de su pasado. Sabía, a su pesar, que las ambiciones del palacio, próximas a la llegada del hijo mayor del príncipe, podían hacer que ambos pagaran las consecuencias de su amor prohibido.

Y mientras la lluvia seguía cayendo, el pasado comenzaba a reclamar su lugar.



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En el texto hay: romancehistorico, corea, joseon

Editado: 22.01.2026

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