El Emperador y la Concubina del Tercer Eclipse

Capítulo 15 : La llegada del heredero oculto

Las campanas resonaron con solemnidad, seguidas por el estruendo rítmico de tambores ceremoniales

Las campanas resonaron con solemnidad, seguidas por el estruendo rítmico de tambores ceremoniales. La corte entera se había congregado en el patio principal del palacio, donde las columnas rojas brillaban con los primeros rayos del sol. La atmósfera estaba cargada de anticipación. Entre los asistentes, Bin, luciendo por primera vez el tteoguji meori con elegancia y seguridad, observaba en silencio, flanqueada por sus damas de compañía.

Una caravana de palanquines ornamentados se acercaba a las puertas del palacio, escoltada por guardias imperiales y heraldos que anunciaban con voz potente la llegada del príncipe Jin-su Gun, primogénito del príncipe heredero Andheon, acompañado p...

Una caravana de palanquines ornamentados se acercaba a las puertas del palacio, escoltada por guardias imperiales y heraldos que anunciaban con voz potente la llegada del príncipe Jin-su Gun, primogénito del príncipe heredero Andheon, acompañado por su madre, la consorte de bajo rango Sug-won Na-gyeong.

Na-gyeong descendió con un aire de dignidad cuidadosamente calculado. Su mirada era firme, convencida de que su regreso marcaba el inicio de la preparación del futuro heredero. Aunque su posición en la jerarquía era modesta, el hecho de haber dado un hijo al heredero le daba influencia. Sabía que la Reina Viuda, ferviente aliada suya, esperaba usar ese vínculo a su favor.

Sabía que la Reina Viuda, ferviente aliada suya, esperaba usar ese vínculo a su favor

El joven Jin-su Gun descendió del palanquín con porte sereno. Con aproximadamente dieciséis años, su rostro aún guardaba la suavidad de la juventud, pero sus ojos oscuros, determinados, recordaban a los presentes al propio Andheon en sus años de formación. Su vestimenta ceremonial de príncipe relucía con sobriedad, marcando su lugar en el linaje.

Su vestimenta ceremonial de príncipe relucía con sobriedad, marcando su lugar en el linaje

Durante la ceremonia, cada consorte y figura clave ocupó su lugar correspondiente. Bin, desde su posición privilegiada, no pudo evitar un sobresalto al ver al muchacho. El parecido con Andheon era innegable. Por un instante, se sintió sumida en una mezcla de ternura y melancolía.

La Reina Viuda, sentada junto al rey, trataba de ocultar su entusiasmo de que su plan para fortalecer el linaje estaba en marcha. Los ojos del monarca, en cambio, permanecían atentos pero contenidos.

Horas más tarde, en los aposentos del príncipe heredero, Andheon recibió a su hijo con un gesto de afecto reservado pero sincero. Le extendió una pequeña caja de madera laqueada, que al abrirse, reveló un anillo de plata grabado con el sello de la familia real.

—Este anillo es un símbolo de tu linaje —dijo Andheon.

—Lamento no haber podido estar a tu lado durante todos estos años, pero eras demasiado joven... y yo también lo era. Fue por orden de la Reina Viuda que permaneciste lejos, para tu seguridad.

Jin-su aceptó el anillo con respeto.

—He escuchado mucho sobre la corte y sus conflictos. Quiero aprender. Quiero ser útil, padre.

Andheon lo miró con atención.

—Y lo serás. Pero recuerda: en palacio, no todo es lo que parece. Camina con cautela.

Más tarde, mientras Bin paseaba por uno de los jardines laterales en dirección a sus aposentos, se cruzó inesperadamente con Jin-su Gun. Él, sin saber aún quién era ella, se inclinó educadamente.

—Mis disculpas, noble dama —dijo con una sonrisa cálida antes de continuar su camino.

Bin se quedó quieta, el corazón encogido por una emoción inesperada. El muchacho tenía el mismo tono de voz, la misma expresión compasiva de Andheon en su juventud. Por un segundo, pensó en lo que habría sido si ella también hubiera tenido un hijo suyo.

Fue entonces cuando, al otro extremo del jardín, se encontró cara a cara con Sug-won Na-gyeong. El aire se volvió denso. Ambas mujeres se observaron con la calma tensa de quienes han amado al mismo hombre.

Na-gyeong, con un tono suave pero afilado, fue la primera en hablar:

—No espere un saludo cordial de mi parte, ya que por fin conozco a la mujer que le arrebató el corazón al príncipe. Estoy en este palacio porque mi hijo será el próximo monarca, de eso estoy segura. Y no deseo espinas que obstaculicen mi camino. Le aconsejo que se aparte, pues su rostro, disfrazado de ternura, me repugna más de lo que puede imaginar. Claro, si es solo una flor marchita, incapaz de engendrar... o eso murmuran algunos cortesanos. Al parecer, otorgarle libertad al príncipe solo convirtió su corazón en un campo seco, imposible de florecer.



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Editado: 22.01.2026

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