El Emperador y la Concubina del Tercer Eclipse

Capítulo 16: Sangre y Silencio

Después del tenso encuentro con Na-gyeong, Bin no logra contener el peso emocional. Aunque intenta disimular, el príncipe Andheon la ve correr hacia sus aposentos. Preocupado, envía un mensaje a través de una sirvienta, citándola en sus habitaciones esa misma noche.

La luna apenas asoma entre las nubes cuando Bin cruza el umbral. El ambiente está cargado de silencio. Andheon no lleva su atuendo oficial, sino una túnica informal de seda negra. La mira con preocupación apenas entra.

—¿Qué te dijeron? —pregunta, sin rodeos.

Bin no responde al principio. Camina hasta él y se detiene a poca distancia.

—¿Por qué no me hablaste de ella? —susurra.

—¿Por qué ocultarme algo tan profundo como tener un hijo?

Él suspira. Baja la mirada. Su voz suena cansada, pero firme.

—Porque no fue por amor, Bin. Fue por deber... por orden del Rey. La vida a veces exige decisiones que hieren a quien uno más ama.

Bin desvía la mirada. Sus ojos tiemblan, pero no llora. Solo dice:

—Creí que era la única en tu corazón.

Andheon se acerca y toma su rostro entre las manos.

—Tú eres mi alma... Pero no pude darte un hijo. Y eso... siempre me ha dolido más de lo que puedo decirte.

Esa misma noche, en una estancia privada adornada con faroles rojos y té recién servido, la Reina Viuda recibe al joven Jin-su Gun. Él viste su traje ceremonial con modestia, pero su porte y mirada transmiten la herencia de su padre.

—Has llegado con el viento del destino —dice la Reina Viuda con voz suave, pero cargada de intenciones—. El trono necesita a alguien como tú: sangre real, fortaleza en los ojos, prudencia en el corazón.

Jin-su se inclina con respeto.

—Vuestra Majestad, solo deseo honrar a mi padre y al reino.

—En ese caso, hazlo sabiamente —responde ella, inclinándose un poco hacia él.

—No todos desean verte aquí. Algunos ya han trazado líneas de guerra en el mármol de palacio.

Al salir, Jin-su lleva el rostro sereno, pero el alma agitada. Esa noche, en su cuarto, escribe en su diario con tinta negra:

"El honor es una espada de dos filos. Debo aprender a blandirla sin herirme."

Tras cerrar el diario, Jin-su se quedó mirando la tinta fresca por un momento. Luego, en busca de alivio para la tensión acumulada desde su llegada, decidió salir a caminar. Sus pasos lo llevaron, casi sin darse cuenta, a uno de los jardines del palacio, donde la brisa nocturna ofrecía un respiro del peso político que ya comenzaba a sentir sobre sus hombros.

En los jardines del ala este, la luna se ha liberado de las nubes, derramando su luz plateada sobre los senderos de piedra y los estanques dormidos. Bin camina sola, deseando aire y distancia; la reunión con el príncipe ha dejado un dolor aún perenne en su pecho. No sabe que está siendo observada... y tampoco que, a unos metros, otro corazón agitado ha llegado hasta allí.

—Es una noche hermosa... aunque se sienta pesada, ¿verdad? —dice una voz juvenil, con respeto.

Es Jin-su. Se ha acercado sin imponer, como quien busca una charla ligera.

—Hermosa... pero densa —responde Bin, sin mirarlo directamente.

—¿Cree usted que se puede vivir entre el deber y la lealtad sin romperse? —pregunta él, más serio de lo que esperaba.

Ella lo mira por primera vez. Sus ojos están cargados de historia.

—Solo te diré que el corazón, por más puro y sensato, también puede corromperse si es manipulado por hilos sucios. Eso solo traerá dolor a tu alma.

Jin-su baja la cabeza, impactado. Luego dice:

—No sé quién es usted... pero tiene los ojos más tristes que he visto en este palacio.

Se despide con una inclinación y se aleja. Bin presiente que ya lo había visto antes, pero al no prestarle mucha atención en la charla, duda por un instante de la identidad de aquel joven.

Al regresar a sus aposentos, Bin encuentra la puerta entreabierta. Una vela encendida revela la silueta de Andheon. Está de pie junto a su cama, con las manos temblorosas.

—Te necesito esta noche —dice, su voz quebrada—. No como príncipe... como hombre.

Bin cierra la puerta. El silencio se rompe con el crujir de sus ropas al acercarse. Él la besa sin pedir permiso, con una mezcla de desesperación y deseo largamente contenido. La besa como si temiera que desapareciera de nuevo. Sus manos recorren su espalda y cintura, marcando cada centímetro de ella como si grabara un mapa en su memoria.

La túnica de Bin cae, seguida por la suya. Se deslizan sobre las mantas, entre jadeos, mordidas suaves y caricias urgentes. Sus cuerpos se buscan con hambre, con necesidad de reafirmar que aún se pertenecen. El ritmo es lento al principio, profundo, pero pronto se vuelve voraz, como si ambos estuvieran tratando de escapar de todo lo que no pueden decir con palabras.

Él la toma con fuerza, como si quisiera fundirse en ella. La nombra entre susurros y promesas. Ella lo recibe con pasión y lágrimas contenidas. Cada embestida es un grito silencioso, una herida que se abre y se cura a la vez.

Al final, exhaustos, quedan entrelazados. Él la abraza desde atrás, su respiración cálida en la nuca de ella. Por primera vez en mucho tiempo, Andheon duerme profundamente... como un niño refugiado entre los brazos del único amor que nunca ha dejado de arder en su alma.

Mientras lo observa dormir, Bin acaricia sus cabellos oscuros y se permite un suspiro leve.

Mientras lo observa dormir, Bin acaricia sus cabellos oscuros y se permite un suspiro leve

"Cuánto dolor cabe en el pecho de un hombre que ha debido callar toda su vida... Y cuánto amor cabe en los brazos de una mujer que lo sigue eligiendo, incluso rota."



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Editado: 22.01.2026

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