Los días posteriores al nuevo nombramiento de Bin fueron una vorágine de reuniones, protocolos y decisiones que antes no le concernían. Su cuerpo comenzaba a resentir el peso, pero su mente se negaba a detenerse. Una tarde, buscando un momento de calma, caminó sola hasta la biblioteca secreta que solía compartir con el príncipe Andheon. Anhelaba el silencio, los viejos manuscritos y el olor a madera antigua que tanto la reconfortaba.
Mientras recorría las estanterías, un libro llamó su atención. Era un cuaderno antiguo, de cubiertas desgastadas y manchas de humedad. Al abrirlo, sus ojos se fijaron en una inscripción apenas legible: "Diario de la Consorte Suk-won Seol-hwa".
El corazón de Bin se detuvo por un instante. Ese era el nombre de la madre del príncipe Gyeon-seok, cuya muerte siempre había estado envuelta en misterio. Pasó las páginas con cuidado, sintiendo que cada palabra susurraba secretos prohibidos.
Antes de poder profundizar en la lectura, escuchó los pasos acelerados de sus damas de compañía que la buscaban. Cerró el diario rápidamente, lo escondió bajo su sobrefalda y salió de la biblioteca por un pasillo lateral. Su pulso aún no se calmaba cuando giró una esquina y, para su sorpresa, vio al príncipe Gyeon-seok caminando cerca del pabellón.
Intentó alejarse sin ser vista, pero él ya la había notado.
—Consorte Bin —la llamó con tono cortés, pero firme.
Ella se detuvo y lo saludó con una leve inclinación.
—Su Alteza. No esperaba verlo por aquí.
—Supe que ha asumido algunas de las funciones de la Reina —dijo él, acercándose—. No debe ser sencillo. Esas funciones pueden cargar más de lo que el alma soporta.
Ella lo miró, incómoda pero atenta.
—Uno intenta hacerlo lo mejor posible. Aunque a veces... eso implique sacrificar partes de sí misma.
Gyeon asintió, con una sombra de melancolía cruzando su rostro.
—Crecí sin conocer a mi madre. Lo único parecido al amor maternal que recibí fue de la Reina Madre. Pero ahora, con distancia, noto que su afecto siempre fue... estratégico.
—Lamento que no hayas conocido a tu madre —respondió Bin, sinceramente.
—A veces me pregunto qué habría sido diferente si ella hubiera vivido. Quizá yo también sería distinto.
El silencio los envolvió por un instante, hasta que él rompió la tensión con una leve reverencia.
—Gracias por su compañía. Ha sido... reconfortante.
Ella respondió con una sonrisa leve, aún tensa por lo que acababa de descubrir. Cuando él se alejó, Bin tocó disimuladamente el diario oculto entre sus ropas. Tenía que leerlo, pero no aún.
Esa misma noche, mientras tomaba un té amargo en sus aposentos, una de sus damas entró con una carta. Era de Seo-ra.
"Bin, han comenzado los movimientos. Ministros del clan Haeju Yun, liderados por Lord Yun Gyu-Sang, están convocando reuniones en secreto. Quieren restablecer el linaje real y purgar la corte de influencias 'debilitantes'. El peligro es real."
Bin bajó la carta lentamente, su mente girando entre secretos del pasado y amenazas del presente. La guerra que se avecinaba no solo se libraría en campos abiertos, sino entre los pasillos silenciosos del palacio y las sombras de los recuerdos.