La tensión en palacio no hacía más que aumentar. La Reina Viuda, cada vez más decidida a alterar el equilibrio sucesorio, intensificó sus movimientos políticos. A su lado, como sombra inseparable, se hallaba Lord Choe Man-Seok del poderoso clan Jeonju Choe, su más leal aliado. Juntos, urdían estrategias con un objetivo claro: elevar al joven Jin-su como heredero oficial del trono.
Una noche, en los corredores menos transitados del ala norte, una criada leal a Bin , So-hwa, joven pero astuta, escuchó fragmentos de una conversación entre dos funcionarios cercanos a la Reina Viuda. Las palabras "manipular la ceremonia", "silenciar objeciones" y "coronar a Jin-su" se grabaron con fuego en su mente. Temblando de miedo, acudió a Bin esa misma noche, implorando ser escuchada.
—Mi señora... algo terrible se trama —dijo entre sollozos—. Lo escuché con mis propios oídos. Quieren usar al príncipe Jin-su... quieren despojar a su alteza Andheon.
Bin sintió un escalofrío. El alcance de la amenaza ya no era una sospecha: era una realidad. El corazón le latía con fuerza. No podía permitir que una traición enmascarada de amor al reino destruyera todo lo que había intentado preservar.
Mientras tanto, en otro rincón del palacio, Jin-su también se enfrentaba a sus propios demonios. Un rumor malintencionado llegó a sus oídos: hablaban de Bin como una mujer ambiciosa que manipulaba al príncipe para afianzar su posición. Las palabras, cargadas de veneno, resonaron más de lo que quiso admitir. Empezó a observar con otros ojos a quienes decían protegerlo.
Fue en medio de esa incertidumbre que se reunió con su tío, el príncipe Gyeon-seok, en los jardines internos. Este, con una sonrisa en los labios y un tono aparentemente fraternal, dejó caer palabras calculadas:
—No todo lo que brilla es oro, sobrino... Y ser padre no siempre significa ser un buen padre. Lo digo con conocimiento de causa.
Jin-su bajó la mirada. Gyeon continuó:
—Ese anillo que llevas, con el emblema de la familia real... es prueba de que tu sangre es digna. Pero necesitas aliados verdaderos. Alguien que no solo te respalde por deber, sino por visión de futuro. Puedes confiar en mí, como en un espejo que no miente.
Jin-su asintió lentamente, pero una sombra cruzó su rostro. Algo en sus palabras se sentía... dirigido. Planeado.
Esa noche, Bin se sentó sola en sus aposentos, mirando la carta de Seo-ra que aún tenía entre sus pertenencias. Conspiraciones, alianzas envenenadas, lealtades dudosas. La partida de ajedrez había comenzado, y cada pieza ya se movía con decisión en el tablero del destino.