El Emperador y la Concubina del Tercer Eclipse

Capítulo 44: El Día que Floreció la Corona

El cielo de Joseon amaneció vestido de gloria. Una brisa suave acariciaba los pabellones imperiales, meciendo los estandartes dorados que ondeaban orgullosos desde las altas columnas del palacio. Ese día no era como los demás. El corazón de la nación latía al compás de un solo nombre: la Reina Yeon-hwa.

En los pasillos principales, las damas de la corte se movían como pétalos al viento, vestidas con hanbok ceremoniales de colores suaves, mientras los eunucos preparaban las rutas y aseguraban el protocolo con una precisión casi reverente.

En sus nuevos aposentos reales, la Reina Yeon-hwa era preparada con el rigor y la delicadeza que su nuevo rango exigía. La dama Oh, con manos seguras y ojos húmedos de orgullo, colocó la última capa de seda bordada con hilos de oro sobre sus hombros. El daesu, de un rojo profundo con detalles dorados, caía en pliegues perfectos a lo largo de su figura. El daesu meori recogía su cabello en una forma elevada y majestuosa, adornado con peinetas doradas, flores de jade y el keun binyeo, que coronaba su rango con solemnidad y belleza.

El daesu meori recogía su cabello en una forma elevada y majestuosa, adornado con peinetas doradas, flores de jade y el keun binyeo, que coronaba su rango con solemnidad y belleza

-Está lista, Majestad -susurró la dama Oh, con la voz quebrada.

Yeon-hwa asintió con serenidad, pero sus ojos se deslizaron por la ventana. El aire era denso, no por el calor, sino por la gravedad del momento. Iba a gobernar un reino. Pero más aún, iba a compartir el trono con el hombre al que amaba.

Poco antes de que partiera hacia el patio ceremonial, Andheon apareció en sus aposentos, vestido con su túnica real negra con bordes dorados, el símbolo del dragón imperial resplandeciendo sobre su pecho

Poco antes de que partiera hacia el patio ceremonial, Andheon apareció en sus aposentos, vestido con su túnica real negra con bordes dorados, el símbolo del dragón imperial resplandeciendo sobre su pecho. Cerró la puerta tras él y se detuvo, mirándola en silencio.

-No hay palabra ni pincel que pueda describirte ahora -dijo al fin-. Te he amado con el alma, y hoy... el reino lo sabrá.

Ella bajó la mirada por un momento, con una sonrisa serena.

-¿Temes al futuro?

-Solo a no poder protegerte lo suficiente -respondió él, acercándose.

Sus frentes se tocaron. La distancia entre corona y corazón desapareció por un instante. Y sin decir más, se besaron. No con urgencia, sino con la certeza de quien ha esperado demasiado. Fue un beso profundo, sincero, y tras él, la Reina Yeon-hwa descansó una mano en su pecho.

El patio principal del Palacio Imperial estaba adornado con flores frescas, telas bordadas en rojo y oro, y estandartes imperiales con el símbolo del dragón y el fénix. La ceremonia de coronación había sido anunciada con semanas de anticipación, y el pueblo aguardaba expectante en las afueras, mientras dentro, los miembros de la corte se ubicaban en su lugar asignado. Los ministros, eruditos, generales y damas de la nobleza vestían con la solemnidad de una ocasión irrepetible.

Las puertas laterales se abrieron con un susurro contenido. Desde el pabellón sur, emergió el palanquín imperial. Sostenido por ocho portadores con túnicas escarlata, avanzaba con la dignidad que solo la futura Reina podía poseer. El palanquín descendió lentamente por la rampa ceremonial, hasta detenerse frente al estrado central.

A su lado caminaban dos eunucos ceremoniales, seguidos por las damas de la corte en formación solemne

A su lado caminaban dos eunucos ceremoniales, seguidos por las damas de la corte en formación solemne. Entre ellas, destacaba la dama Oh, con su hanbok ceremonial azul claro con mangas bordadas y el rostro iluminado de emoción y orgullo. Avanzaban al ritmo de la música del aak, ejecutada por músicos en flautas y cuerdas desde la galería oriental.

Avanzaban al ritmo de la música del aak, ejecutada por músicos en flautas y cuerdas desde la galería oriental

La ceremonia se desarrolló con la misma solemnidad que la coronación del Rey. El altar estaba decorado con flores blancas y cintas carmesí, mientras los ministros inclinaban sus cabezas y los músicos del aak tocaban la melodía de ascenso al trono.

En el centro del patio, sobre una tarima de madera tallada, Yeon-hwa recibió de manos del gran ministro el decreto de su coronación. En él se leía el nombre con el que sería recordada por generaciones: Reina Yeon-hwa de Joseon, Guardiana del equilibrio, Madre de la dinastía.



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En el texto hay: romancehistorico, corea, joseon

Editado: 31.01.2026

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