
ADIRA
La garganta se me secó y, de pronto, todo mi cuerpo empezó a temblar. Pegué la espalda contra la pared, buscando algo firme que me sostuviera.
Vi a Carolina acercarse, seguramente para ayudarme, pero levanté una mano y la detuve. Ella y su colega guardaron silencio. Solo me miraban con compasión.
—Adira, yo...
Alcé la mirada hacia ella. Carolina se quedó callada. Entendió perfectamente que no quería que se acercara.
Pronto, en mi cabeza comenzaron a aparecer, uno tras otro, los acontecimientos de aquella mañana.
La llamada a su celular sin respuesta. La llamada a su oficina. La voz nerviosa de Carmita.
«Está en una reunión —recordé—. Claro que estaba en una reunión. En una reunión con la otra: con su amante.»
Cerré los ojos y llevé una mano hasta mi cuello. Me faltaba el aire.
—Adira, siéntate —ordenó Carolina al instante. Abrí los ojos e intenté obedecerla, pero las piernas apenas me respondían.
—Está hiperventilando —dijo el médico que la acompañaba.
De inmediato, Carolina se acercó y me sostuvo del brazo.
—Respira despacio. Mírame —exigió. La miré.
—Inhala por la nariz... eso es. Ahora suelta el aire lentamente.
Intenté hacerlo, aunque sentía que el pecho me pesaba demasiado.
—No puedo... —refuté y desvié la mirada. No podía verla.
—Sí puedes. Tranquila. Estás teniendo una reacción de ansiedad por el impacto de la noticia. Vamos a ayudarte.
—¡Sé lo que me está pasando! —logré gritar, sacando fuerzas de donde no sabía que tenía—. Se te olvida que estudiamos juntas.
Pude ver cómo la vergüenza se instalaba en su rostro.
—Nunca me vas a perdonar, ¿verdad?
No respondí.
Intenté tranquilizarme por mi propia cuenta, pero me fue imposible. Todo mi mundo perfecto se estaba viniendo abajo y yo no sabía ni cuándo ni por qué.
—¿Cuándo voy a tener noticias de él? —pregunté mirando al piso, intentando contener el llanto que luchaba por salir.
—Apenas mis compañeros salgan de la cirugía, sabremos su estado de salud.
Asentí despacio.
Carolina guardó silencio unos segundos antes de hablar nuevamente. Yo solo podía pensar en la palabra sildenafil y en lo que significaba.
—Hay algo más que debo decirte —habló bajito.
Levanté la mirada.
—Ordené a mis compañeros y subalternos que mantuvieran en reserva la presencia de tu esposo en el hospital y, sobre todo, su diagnóstico. Dada la importancia de Leonardo, consideré que era lo mejor para proteger su privacidad.
Fruncí el ceño al escuchar sus palabras.
—¿Por qué me estás diciendo esto?
—Porque no creo que podamos mantenerlo oculto durante mucho tiempo. Alguien puede filtrar la información y, cuando eso ocurra, la prensa va a venir detrás de ti.
Mis manos se cerraron en puños.
—¿La prensa? —musité.
Carolina asintió.
—Leonardo no es un paciente cualquiera, Adira. Es candidato a la alcaldía de esta ciudad. Su infarto se convertirá en noticia.
Solté una risa amarga y la miré directamente a los ojos.
Mi marido estaba luchando por su vida, acababa de destrozar quince años de mi vida y ahora resultaba que también tenía que preocuparme por lo que iba a decirle a la prensa.
Carolina bajó la mirada.
—Lo siento.
—¡Por mí que se enteren! Que sepan... —empecé a decir, pero el llanto me venció—. Que es un infiel, que me engañó, que estuvo con otra mientras yo...
Ya no pude continuar. Las piernas dejaron de sostenerme y caí de rodillas. Golpeé la baldosa con la palma de la mano.
—¿Por qué? —sollozaba—. ¿Por qué me hizo esto precisamente hoy?
Mi llanto descontrolado y desgarrador llamó la atención de todo el piso. Carolina y su colega intentaron ayudarme a levantarme.
Me llevaron hasta otra sala de espera, junto a la estación de enfermería, e intentaron darme un poco de agua. Buscaban calmarme, pero no bebí nada. Lo único que quería eran explicaciones.
—Adira, debes calmarte —masculló Carolina.
—¿Cómo me pides eso? —sollocé, apretando los dientes.
De pronto, recordé algo que estaba pasando por alto. Los miré a la cara.
—¿Quién les informó que había tomado viagra? —pregunté con un hilo de voz—. ¿Fue su amante?
Ellos se miraron y no respondieron.
—¡Hablen! —exigí. Me volví hacia Carolina, la sujeté del brazo y la obligué a mirarme. —¿Fue su amante? —no respondió.
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Editado: 11.09.2026