El Engreído Hijo de mi Jefa

Capítulo 1

Lucas

"¿Dónde estás"

"Lucas si quieres conservar tu herencia más te vale que vengas inmediatamente"

¡Déjenme dormir! —bufeé atrapado entre las sábanas mientras mi celular vibraba sobre la mesa de noche como si tuviera vida propia.

"Lucas, no es broma. Si no apareces en diez minutos en la oficina, puedes considerarte desheredado"

El sonido de una nueva notificación en mi celular, hizo que la poca paciencia que me quedaba se esfumase. Con un movimiento brusco, agarré el aparato entre mis manos para descubrir de qué se trataba todo aquel alboroto.

—¿Quién podrá ser tan capullo como para molestar a estas horas? —solté enfadado, como si alguien pudiera escucharme.

Con los ojos entreabiertos alcancé a leer el contenido de los mensajes que me habían llegado, mi expresión cambió por completo. Había sido mi madre y ella si que era capaz de cumplir con aquellas amenazas. Al leer aquellas palabras, un fuego intenso comenzó a recorrer mis venas.

Sin perder un segundo, reemplacé la camiseta de dormir por la primera camisa blanca que encontré en el armario. Mientras la abotonaba, buscé frenéticamente mi corbata en el cajón de la mesita de noche. Con torpeza, la ajusté alrededor de mi cuello.

Con un movimiento ágil, me coloqué un pantalón oscuro que encontré tirado sobre uno de los muebles. Sin tiempo para preocuparme por los detalles, me calcé los zapatos y salí disparado hacia la puerta.

Con un último vistazo a mi reflejo, tome mi maletín y salí corriendo hacia mi auto. Una vez dentro, pisé el acelerador hasta el fondo ignorando todas las luces rojas que se cruzaban en mi camino.

—¡Santo Dios!, que nadie se cruce en mi camino! —recé, implorando que no ocurriera un accidente. La idea de perder mi herencia me ponía los nervios de punta.

Después de un viaje alocado, entré en la agencia a pasos agigantados. Una sonrisa nerviosa se dibujó en mis labios a modo de saludo. Los empleados me observan con curiosidad al pasar.

Sin dar explicaciones, irrumpí en la oficina de mi madre.

—¿Interrumpo? —pregunté con una sonrisa nerviosa en el rostro.

Ante mi estruendosa entrada, mi madre despidió a un hombre delgado que estaba en la oficina, con un gesto sutil. Él salió dejándonos a solas.

—¿Estas son horas para llegar? —me recriminó señalando el reloj con una mirada fulminante.

—Ma-madre, juro que todo tiene una explicación -me excusé torpemente.

—Lucas, ya no eres aquel niño que buscaba justificaciones para no hacer la tarea —pasó su mano por su cabello con frustración mientras se retiraba los lentes con delicadeza-. Es hora de que empieces a tomarte las cosas en serio. —sueltó un suspiro profundo.

—Mamá es que.....

—Es que nada Lucas. —interrumpió con la voz cortante. —Esta es la última oportunidad que voy a darte —me adviertió con la voz cansada —.Si la desaprovechas, dile adiós a los privilegios y buscaré a alguien más para que se encargue de la empresa cuando me retire. —añadió mientras ojeaba unos documentos.

—Prometo que no dejaré pasar esta oportunidad —aseguré en un acto desesperado por conservar mi herencia, aunque no estaba seguro de poder cumplir mi promesa.

—Eso espero, Lucas —hizo una pequeña pausa para tomar aire—. Ven, vamos; quiero presentarte a tus nuevos compañeros de trabajo. —dijo levantándose de la silla.

Con paso firme, comienzó a desplazarse hacia la puerta de la oficina. Con pasos ágiles, comencé a seguirla de cerca. Mientras nos adentrábamos en el ajetreado pasillo, dibujé una ligera sonrisa en mis labios intentando ser cordial con todo el personal.

Aunque parecía severa su actitud, era comprensible. Había perdido más de tres empleos en el último año y me costaba tomarme en serio el ser un empleado de oficina. A pesar de ser el heredero de la agencia, ella insistía en que debía ganarme mi puesto con trabajo duro e inteligencia.

Siempre había querido que me esfoezara, pero la verdad era que esos lugares me ahogaban. Siempre me había apasionado la fotografía, y la idea de vivir entre juntas y papeles hacía que me sintiera atrapado.

Prefería sentir la brisa en la cima de un edificio mientras buscaba el ángulo perfecto de una puesta de sol sobre el paisaje urbano. A pesar de ello, reconocía el esfuerzo que mi madre había puesto en hacer crecer la agencia. Pero no había logrado hacerle entender que ese es su sueño, no el mío.

El resonar de sus tacones contra el suelo hizo que saliera de mis pensamientos. Un pequeño espacio donde cuatro escritorios desbordantes de papeles se agrupaban nos acogió. Tres chicas charlaban relajadas, mientras se encargaban de su trabajo. El cuarto escritorio permanecía vacío.

—Lina está rara desde que regresó de sus vacaciones -murmuró una chica de cabello rojizo mientras mordisqueaba la parte trasera de su bolígrafo —. Estoy segura de que oculta algo.

—Ese brillo en los ojos no parece ser solamente producto a unos hermosos días de vacaciones en una playa tropical. —añadió otra de las chicas, esta vez una de piel morena que vestía como una top model.

—No creo chicas —contradijo la tercera chica mientras se arregla los lentes —solo está rara, pero no creo que sea algo importante.

—Veo que están muy ocupadas . —la voz de mi madre interrumpió la charla.—Supongo que ya está lista la propuesta para Fonseca Construcciones.

—Je-jefa, no la sentimos llegar -tartamudeó nerviosa la chica de cabello rojo mientras juega con uno de sus rizos. —La propuesta.....

El momento se tornó tenso, el aire se sentía pesado. Todos estábamos espectantes a la reacción de mi madre .Y sus palabras no se hicieron esperar.

—No estoy aquí por eso —la tensión se rompió de golpe. —He venido para presentarles a su nuevo compañero de trabajo —anunció señalándome con orgullo—. A partir de ahora, él formará parte del equipo.




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